Tecnología

¿Acabarán los robots con el trabajo humano? Una visión optimista

Yo Robot

No se quejan y pueden trabajar 24 horas al día sin percibir un euro. El miedo a que los robots sustituyan a los humanos es un temor cada vez más fundado. ¿O realmente no es para tanto?

Estamos inmersos en una nueva revolución industrial, la cuarta ya, en la que la robótica y la inteligencia artificial jugarán (con permiso del tan manido Internet de las Cosas) un papel fundamental. Y es que, atendiendo a las previsiones de gurús de la tecnología como José Luis Cordeiro -profesor de la Singularity University-, en apenas unas décadas no habrá humanos en las fábricas. “Cuenta un chiste muy popular que en unos años sólo habrá un humano y un perro en cada fábrica. El humano se encargará de cuidar al perro y el perro de que el humano no toque nada”, comentó entre bromas Cordeiro durante el pasado South Summit celebrado en Madrid.

Y es que, la industria 4.0 es un paradigma en auge donde la conectividad y la automatización de tareas por medio de robots capaces de aprender por su propia cuenta plantean dudas respecto al futuro del mercado laboral: ¿qué sentido tiene un obrero cuando su trabajo puede ser realizado por una máquina?

Hasta ahora estábamos acostumbrados a robots como acompañamiento a operarios humanos, a los que ayudaban en las tareas más rutinarias y previsibles. Sin embargo, en el futuro las máquinas serán capaces de desempeñar funciones intelectuales hasta ahora reservadas a mentes humanas. La inversión bursátil, plagada ahora mismo de bots de última generación, es sólo un ejemplo de cómo un buen desarrollo tecnológico puede superar con creces a la mayor de las inteligencias de la humanidad.

Así, segmentos de actividad como el transporte ya se están encaminando hacia su total robotización (por medio de vehículos autónomos o drones, como están investigando Google y Amazon, entre otras). Otras profesiones consideradas creativas, como el periodismo, también se está enfrentando a la competencia de la inteligencia artificial. E incluso en el sector servicios (el núcleo duro de las economías desarrolladas) se están comenzando a notar los primeros efectos de esta progresiva adopción de la inteligencia artificial, con robots que hacen de recepcionista en hoteles o máquinas con formas humanoides que pretenden ayudar en la atención a mayores o, simplemente, servirnos una caña con la misma amabilidad del camarero de toda la vida.

Y, como ocurre en toda revolución industrial, este auge de la tecnología despierta temores y recelos en una amplia comunidad de empleados que temen la pérdida de sus puestos de trabajo. Ocurrió cuando apareció la máquina a vapor y las primeras cadenas de montaje. Ocurrió con la expansión total de la electricidad y la llegada del teléfono o los aviones comerciales. Y volvió a ocurrir con la entrada en escena de Internet.

Trabajar en el paraíso: estos son los beneficios laborales más generosos del mundo

Bill Gates, fundador de Microsoft y considerado el hombre más rico sobre la faz de la Tierra, defiende que “la tecnología no es ni buena ni mala. Simplemente es una herramienta que lo amplifica todo, haciendo las cosas buenas aún mejores y las cosas malas, todavía peores”. O, dicho de otro modo, la cuarta revolución industrial puede traer consigo una mayor desigualdad social, a causa de ese mayor paro entre las clases trabajadoras menos cualificadas.

Bill Gates: Los robots que hagan trabajos humanos deben pagar impuestos

Entonces, ¿realmente acabarán los robots con el empleo humano? A pesar del debate sobre si las máquinas deben pagar impuestos, estudios muy pesimistas (como este que afirma que los robots destruirán el 6% del empleo en Estados Unidos) o que países como Suiza ya se hayan planteado públicamente este escenario, llegando a proponer en referéndum la instauración de una renta básica universal con esta razón entre sus principales motivos, lo cierto es que la mayoría de los expertos coinciden en que a los humanos nunca nos faltará trabajo… tan sólo que será distinto al que actualmente conocemos.

Según la Unión Europea, en los próximos años harán falta más de 900.000 profesionales TIC altamente cualificados (y muy bien pagados). Mientras, en el Viejo Continente tenemos unos 21 millones de desempleados, de los que 16,26 millones pertenecen a la Eurozona. Una disonancia de manual que se explica con un término muy sencillo de comprender, pero más complicado de solventar: la alfabetización digital.

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De nuevo, la historia es nuestro mejor referente. En todo momento de cambio histórico en los métodos de producción, los profesionales sin cualificación sufren las consecuencias directas de la entrada de la tecnología (despidos y marginalidad laboral) pero, al mismo tiempo, surgen nuevas profesiones asociadas a los campos de negocio que se abren ante el desarrollo técnico.

Sirva de ejemplo la agricultura, donde muchos trabajadores han perdido su trabajo con la mecanización del campo, empleos que han sido multiplicados exponencialmente (en cantidad pero, especialmente, en calidad) en la industria del motor (tractores), química (fertilizantes, etc.) y ventas/marketing (a mayor producción, más competencia y mayor necesidad de crear imagen de marca para dar salida al producto).

En el caso de esta nueva revolución digital, cabe esperar más de lo mismo. Los puestos de baja cualificación sí se verán impactados de forma directa por estos nuevos trabajadores de metal, más eficientes y baratos. Y, al igual que antaño, nuevas profesiones surgirán para controlar estas máquinas. Así, quizás dejemos de conocer a recepcionistas humanas o a trabajadores de fábricas, pero surgirán profesiones extremadamente innovadoras, como entrenadores de inteligencias artificiales.

En ese sentido, la propia Unión Europea reconoce que la mayoría de los jóvenes que están accediendo en estos momentos a enseñanzas universitarias acabarán trabajando en profesiones que aún no han sido inventadas.Por supuesto que esta evolución no es un camino de rosas. Casi como una regla no escrita, la relación entre el número de trabajadores despedidos en una revolución industrial y el de empleos generados de alto valor no es homogénea, sino que siempre se produce más rápido el primer fenómeno que el segundo.

Por ello, no son de extrañar los conflictos sociales y los recelos de la tecnología. Pero se trata de una batalla perdida: la robotización está aquí para quedarse y sólo hay un camino para asegurarnos una profesión en el futuro: apostar por alfabetizarnos digitalmente y reciclar nuestra carrera laboral hacia este apasionante universo.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.