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5 tips para fracasar bien

La otra noche le comentaba a mi familia que creo firmemente que una de las (tantas) cosas que el sistema educativo debería comenzar a tomar en cuenta es el manejo del fracaso, simplemente porque el éxito está fundado en la acumulación de errores. Si no aprendemos cómo lidiar con esas situaciones, es realmente difícil que podamos triunfar.

Dado que en los últimos años acumulé una gran cantidad de anécdotas propias y ajenas acerca de errar, me pareció importante hacer un compendio y aportar 5 pasos con propuestas claras para abordar estas situaciones agridulces.

mariano

Este artículo es fruto de la colaboración entre Mariano A. Goren (@marianogoren) y TICbeat. Mariano A. Goren es desarrollador de negocios digitales centrados en la experiencia del usuario. Es cofundador de IxDA BA e investiga las dinámicas sociodigitales para la Universidad de Palermo. Escribe sobre estos y otros temas desde su web, negociosdigitales.cc

1. Aceptar las fallas rápidamente

Los errores son, básicamente, feedback negativo. No son algo evitable, tampoco “malo” por definición: sino que nos iluminan el camino a seguir.

La vida no nos da lo que queremos obtener, sino lo que necesitamos: con esta perspectiva, los errores son simplemente indicadores del camino que vinimos siguiendo. Nos muestran si estamos siendo coherentes con nuestros objetivos y acciones.

Lo que hizo la diferencia para mí fue ajustar mi criterio para reconocer rápidamente el error. Muchas veces, en el propio afán de lograr las cosas, ignoré los claros indicios de que cosas andaban mal, para proteger mi ego de la aceptación de haber fallado.

Obtuve el mejor resultado a partir de tener objetivos muy claros, por escrito y en lo posible medibles desde el momento cero, y revisar periódicamente si las acciones me están acercando o alejando de ellos. Como dice el refrán, no hay viento favorable para el que no sabe a qué puerto quiere llegar.

2. Extraer los aprendizajes

Para aprender, primero hay que aceptar una ignorancia de base: hacer espacio para la duda en nuestros sistemas de creencias.

En este punto, la mejor recomendación que puedo dar es cambiar el punto de vista, y aceptar que los errores SIEMPRE son provocados por nadie más que nosotros mismos.  En mi opinión, no es una práctica aceptable echar culpas o responsabilizar a factores externos: aun cuando el fallo sea manifestado en algo puntual, hicimos mucho para llegar a esta situación.

Esto puede sonar hasta esotérico, pero mi experiencia es que ver el error desdeesta perspectiva libera y permite comprometerse de una manera totalmente distinta con nuestro quehacer diario.

Siempre fui una persona sumamente autoexigente, y lo que aprendí en este sentido es no ser demasiado duro conmigo mismo, porque lo único que logro con eso es un dolor que dificulta la capitalización de los aprendizajes.

Gordon Gekko, el majestuoso personaje traído a la vida por Michael Douglas en Wall Street (y que le valió el premio Oscar) tiene una línea excelente para ilustrar esto: “Perdés algunas, ganás algunas, pero seguís peleando”.

Para poder hacer “minería de datos” en cada error, lo que recomiendo es observar la diferencia entre donde queríamos estar y lo que se logró. Ahí es donde reside la pregunta “y entonces, ¿cómo tendríamos que haber actuado para que las cosas funcionaran bien?”. De la respuesta a esta interrogante que se obtienen los aprendizajes más significativos.

3. Unir los puntos

Si bien me resulta muy importante identificar el producto de haber errado, creo que la verdadera magia está en el cómo. El proceso, más que el resultado.

Como escribí más arriba, pese a que en algunos casos se puede llegar a atribuir una causa puntual al resultado que obtuvimos, por lo general son una multiplicidad de factores y situaciones que nos han traído al fracaso.

Como mencioné en otro lado, creo que las historias que contamos sobre nosotros son lo que define nuestra identidad. Creo que “la realidad” es simplemente una forma particular de hilar los eventos.

En mi caso, trato de contextualizar y dar sentido:

  1. Identifico los jugadores (elementos activos),
  2. sus motivaciones (móviles) y
  3. los recursos (elementos pasivos/activables).
  4. También incluyo el entorno (tablero).

De esta manera, obtengo un panorama más amplio, que me permite ver mi desempeño desde el momento en que comencé la cadena de eventos que me trajo a equivocarme. E incluso, proyectar la solución a futuro.

4. Flexibilidad: poner a prueba y redefinir

Luego de entender el contexto y la historia que nos trajo hasta el error, lo que me parece más importante es lograr claridad y foco para pivotear rápidamente hacia el nuevo objetivo de importancia. Nunca aceptar las propias excusas, ya que ahí reside el fantasma de la mediocridad.

Lo mejor que puedo aportar en este sentido,es la certeza que tengo cuando planeo algo: nada va a ser tal como lo pensé. Así que me predispongo: no evito caer, sino me preparo para levantarme rápido. Superar el quiebre del ego, apegado al sistema en el cual creía, a la configuración de elementos previa. Tomar los aprendizajes de la manera más apropiada para volver al ruedo enseguida y fortalecido.

Este punto tiene su representación más exacta en la noción del “fail-fast”, bien utilizado por las empresas de tecnología actuales. Este concepto habla de lanzar productos que no están totalmente definidos (versiones “beta”), por medio de lo cual se ponen a prueba de manera inmediata las ideas fuertes que determinarán el futuro éxito del proyecto.

Identifico como clave de este proceso reconocer los puntos troncales que realmente hacen la diferencia de nuestro proyecto, y someterlos a pruebas despiadadas. No solo predisponernos a que puede fallar, sino de hecho presionar para ver los resultados.

5. Compartir lo aprendido

Escuché en un documental sobre la cura del cáncer una frase relevante: “lo importante de la vida no es lo que aprendemos, sino lo que enseñamos”. Me parece que de esto depende la verdadera contribución que realizamos al mundo, mucho más allá de nuestro simple rol profesional.

La impresión que tengo es que los grupos sociales se nutren de las historias de sus integrantes para generar cultura. En este sentido, me parece que lo interesante es aportar nuestro bagaje de experiencias, no para evitar los futuros e ineludibles errores, sino para ayudar a que la sabiduría compartida permita a nuestros iguales perseguir objetivos aún más elevados.

Llevándolo a un caso concreto, creo que las redes profesionales son un excelente lugar para empezar a difundir los aprendizajes. Generar o asistir a espacios y contenidos que permitan una transmisión y distribución efectiva del conocimiento.

Mi forma de aportar fue crear un formato de evento, titulado “Mi mejor error”, focalizado en negocios digitales. Consta en presentaciones del estilo Ignite: 5 minutos de tiempo para que cada orador hable sobre una vivencia relacionada con errar y sus aprendizajes, acompañados por una presentación de 20 slides que avanzan automáticamente cada 15 segundos. (Nota: los invito a contactarme si necesitan ayuda para reproducirlo en su ámbito).

En síntesis: si tomamos como certeza que las empresas y asociaciones funcionan como organismos complejos, podemos aplicar las reglas de la evolución que enunció Darwin: los que sobreviven no son los más fuertes ni los más inteligentes, sino los que mejor se adaptan. Y la transmisión del conocimiento es lo que mejor puede ayudar a lograrlo.

Me encantaría saber si lo relatado coincide con sus experiencias personales, ¡así que el feedback es muy apreciado!

Sobre el autor de este artículo

Mariano A. Goren

Mariano A. Goren es desarrollador de negocios digitales centrados en la experiencia del usuario. Es cofundador y coordinador de relaciones institucionales de IxDA BA e investiga las dinámicas sociodigitales para la Universidad de Palermo.