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Trolls en Internet: qué son, dónde actúan y cuándo se convierten en delincuentes

Repasamos cuáles son las motivaciones, los temas de interés y los lugares donde proliferan los trolls en Internet, así como las conductas que pueden ser objeto de delito.

El anonimato que proporciona Internet ha servido, desde los comienzos de la Red de Redes, para amparar comportamientos que nunca se realizarían en la vida física real, donde todos nuestros actos se identifican con nuestros nombres y apellidos… con sus respectivas consecuencias. Más allá de delitos y actividades ilícitas (como tráfico de drogas o incluso asesinatos por encargo, relativamente frecuentes en la Internet profunda), uno de los fenómenos más habituales -y cargantes- son los trolls.

No hablamos de seres mitológicos ni nos hemos vuelto adeptos al ‘Señor de los Anillos’: los trolls son usuarios online que, a través de redes sociales, blogs y foros de todo tipo, se dedican a acosar a otros internautas, promover campañas de difamación contra personaje públicos y personas anónimas (con algún fin -venganza, interés económico– o por pura diversión), a ‘boicotear’ servicios o cuentas que no son de su agradado o, simple y llanamente, a ofender por ofender.

Una actitud que se mueve entre el humor desafortunado y los delitos de incitación al odio y la violencia. De hecho, un 5,6% de los trolls afirman que disfrutan llevando a cabo este tipo de conductas, lo cual permitió a los autores de un reciente estudio afirmar que estos sujetos presentan algunos rasgos de personalidad narcisista, no sólo en el mundo online, también en su vida real. El apoyo que reciben por parte del resto de la comunidad a sus comentarios ofensivos es, por tanto, el componente principal que les motiva a seguir haciendo daño a los demás internautas.

¿Cómo son los trolls de Internet?

Para poder conocer el perfil tipo de un troll online, nos vamos a apoyar en el informe YouGov Trolling Study 2014, recogido por EZShield. En él se confirma que la mayoría de estos controvertidos sujetos suelen utilizar la política (49%) o noticias de actualidad (38%) para verter su bilis; sin olvidar otros temas que suscitan polémica social, como la religión (38%), el famoseo (31%) o los deportes (25%).

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La mayoría de estos trolls (45%) concentra sus esfuerzos en diversos foros de la Red, donde se encuentran cómodos en la amplia comunidad de este tipo que se concentra en lugares como Forocoches (el foro más famoso de España, capaz de trolleos públicos como llevar a John Cobra a la selección final de Eurovision, proponer nombres ofensivos para barcos británicos o imponer pizzas de un asqueroso color verde a una popular cadena de restauración).

Pero no debemos olvidar que el 39% de estos trolls también son muy activos en las diversas redes sociales (especialmente en Twitter, donde hay menos barreras para comunicarse con rostros populares con los que sembrar polémica), así como en blogs (39%) o medios de comunicación y portales de noticias (36%)

Cuando los trolls se vuelven criminales

Aunque los comportamientos de los trolls puedan resultar muy molestos y ofensivos, la mayoría de ellos no constituyen delito alguno, por lo que lo único que se puede hacer es denunciar estos perfiles ante la red social o plataforma correspondiente para que, si atienen a bien, cancelen o suspendan el perfil de acuerdo a sus términos y condiciones particulares de uso.

Sin embargo, hay otras ocasiones en las que las actividades de los trolls rozan o sobrepasan la legalidad, exponiéndose a las penas de prisión y sanciones económicas que marcan las leyes vigentes. Es el caso del conocido como ‘doxing’ (también escrito como ‘doxxing’), una práctica que consiste en publicar parte o la totalidad de la información personal (nombre, dirección, número de teléfono, etc.) de sus víctimas para incitar al resto de la comunidad a acosar -física y virtualmente- al sujeto objeto del ‘trolleo’.

Otra práctica susceptible de ser ilegal es el swatting, un tipo de ‘trolleo’ que consiste en alertar a la policía de una emergencia falsa en el domicilio de la víctima. En algunas ocasiones, la visita policial se salda sin ninguna consecuencia, más allá del divertimento de los trolls; mientras que en otras se realiza esta llamada a sabiendas de que la persona esconde algún tipo de actividad ilegal (como drogas) en su casa.

Una versión más light de esta tendencia son las llamadas a distintos proveedores de servicios (como entrega de comida a domicilio) para poner en apuros a la víctima ante las quejas de los repartidores; un fenómeno que en España se vio reflejado con extraordinaria claridad en el largo y comentado comité federal del PSOE donde fue derrocado Pedro Sánchez… y donde Forocoches encargó cientos de pizzas para ser entregadas en la sede de este partido en la madrileña Calle Ferraz.

Por último, el ‘trolleo’ puede acabar en acoso cibernético puro y duro, desde comportamientos de intimidación y chantaje hasta la publicación de fotos embarazosas o con contenido sexual. El conocido como ‘porno vengativo’ es un ejemplo extremo de este tipo de conductas, aunque en este punto entra en juego una variable que no se suele producir en el trolleo habitual: la relación personal con la víctima de la humillación.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.