Social Media

Social Travel vs Normal Travel

Escrito por Silvia Varela

Viajar es un fenómeno social y como tal, evoluciona y se mueve al ritmo que marcan los miembros de esa sociedad.

Viajamos buscando lo mismo de siempre: disfrutar de una experiencia inolvidable y conocer nuevos lugares y culturas. Sin embargo, la irrupción de los social media ha introducido nuevas formas de comunicación y nuestra manera de planificar, disfrutar y compartir el viaje se ha transformado con ellas.

TravelandLeisure, la revista de viajes líder en el mundo, ha señalado la socialización de los viajes como una de las tendencias de mayor crecimiento para el año 2012. La web 2.0 se ha convertido en una herramienta habitual para el turista antes, durante y después del viaje. Según el informe Traveler’s Road to Decision 2011 , el 85% de las personas en EE.UU utilizan Internet como fuente principal para planificar sus viajes y el 45% ha hecho planes basados en las opiniones y recomendaciones de otros turistas. Y no solo para planificar y reservar se usa la red; una parte fundamental del viaje es contarlo, compartirlo con los amigos y es ahí donde las redes sociales están adquiriendo cada vez mayor presencia: el 40% las usa para compartir su experiencia durante el viaje y el 53% sube fotos de sus vacaciones a Internet.

 

La autora de este post es Silvia Varela (@SzilviaVarela). Silvia es ingeniero de Telecomunicaciones, máster en Acción Humanitaria y emprendedora social. Con más de 10 años de experiencia en el mundo de las nuevas tecnologías, su trabajo actual se concentra en leer más sobre Silvia.

 

 

 

 

Además, se espera que estas cifras vayan en aumento, especialmente en lo relacionado con el uso de las redes durante la estancia en destino, ya que los costes de roaming, una de las barreras fundamentales que coartaba el uso de Internet desde smartphones en desplazamientos internacionales, tiende a reducirse considerablemente. En Europa, desde el 1 de julio, las tarifas internacionales se han rebajado hasta un 90%. La Eurocámara ha regulado el precio máximo que se cobraba por el acceso a Internet y ha fijado una reducción progresiva anual: el precio máximo por cada megabyte de datos en itinerancia es de 70 céntimos, en julio de 2013 bajará hasta los 45 y en 2014 hasta los 20.

Es indudable que la red ha cambiado nuestros hábitos cuando viajamos. El exceso de oferta, la posibilidad de asomarnos a mundos tan distintos al propio y, sobre todo, la necesidad de convertir las expectativas on-line en experiencias emocionales off-line han modificado el perfil del turista al que estábamos acostumbrados en el siglo XX. El viajero de hoy busca cada vez más acercarse a la cultura local y vivir una experiencia auténtica en el destino. Atrás va quedando la imagen del turista encorsetado que contrata un paquete de viaje cerrado y cuya actividad principal es obtener la fotografía del aquel monumento típico que aparece en su guía de viaje.

Así las cosas, el mercado del turismo, una vez más, necesita reinventarse para ajustarse a los cambios que se producen en la demanda y en esta ocasión la aparición de startups, flexibles y dinámicas por definición, está mostrando nuevos caminos para construir una oferta que responde a las necesidades actuales de una manera creativa. Wimdu, una startup europea que ha conseguido 90 millones de dólares de financiación en el último año, es un buen ejemplo. Ofrece al turista la posibilidad de alojarse en estancias privadas de todo tipo, desde una habitación en un piso compartido a un ático en Manhattan. Wimdu une a propietarios con viajeros de todo el mundo y de esta forma se crea una oportunidad única de interacción entre anfitriones y huéspedes, con un trato cercano que ofrece al visitante una perspectiva completamente nueva de su lugar de vacaciones.

La sharing economy

Wimdu además, como Velib o ZipCar entre otros, ha querido introducir en el sector turístico un modelo de negocio que día tras día adquiere más fortaleza en el panorama de las nuevas tecnologías: el consumo colaborativo. La madurez de la web social, unida a la situación de crisis económica y muy probablemente a un aumento en la conciencia medioambiental de los ciudadanos, ha contribuido a que el consumo colaborativo, que trata de sustituir el hiperconsumismo por la compartición, se haya convertido en una tendencia que gana tracción a nivel mundial. La web social permite el intercambio de alojamientos, automóviles, ropa, herramientas o incluso habilidades, que en la mayoría de los casos tiene un reflejo en la realidad offline de los usuarios dotando al servicio un valor humano añadido y cada vez más apreciado.

El consumo colaborativo, o sharing economy, se ha convertido en los últimos años en una de las áreas más activas de inversión, con la creación incluso de un fondo específico, el Collaborative Fund en Los Angeles. Rachel Botsman, coautora de What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption, “la biblia” de este movimiento, ha cifrado el mercado del alquiler entre particulares en 26.000 millones de dólares y la economía del compartir, en su totalidad, en 110.000 millones de dólares más.

Quizás la integración entre los social media y el consumo colaborativo abra el horizonte a nuevas posibilidades en el sector turístico, desgastado por un exceso de oferta desprovista de valor y que necesita encontrar el modo de ganarse la confianza del viajero 2.0.

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Foto cc Airbnb

Sobre el autor de este artículo

Silvia Varela

Silvia Varela (@SzilviaVarela) es ingeniero de Telecomunicaciones, máster en Acción Humanitaria y emprendedora social. Con más de 10 años de experiencia en el mundo de las nuevas tecnologías, su trabajo actual se concentra en aplicarlas para el desarrollo de una manera de emprender socialmente responsable. Apasionada de los viajes, actualmente está enfocada en lanzar su proyecto de empredimiento Sherpandipity (www.sherpandipity.com).