Social Media

Y así Justin Timberlake resucitó a MySpace

¿Puede MySpace protagonizar la primera gran resurrección del mundo del social media? Tras la compra millonaria por News Corp, el nacimiento de Facebook, la debacle de la red social en comparación con su nuevo competidor y los intentos de venta (incluida la venta final por calderilla), el futuro de MySpace parecía más negro que el chapapote.

Los nuevos compradores anunciaron que intentarían resucitar el site, aunque el mundo fuese escéptico. Que Justin Timberlake, el popular actor estadounidense y business angel tecnológico, estuviese entre los compradores les garantizó, por lo menos, la cobertura de la prensa.

Las primeras cifras permiten descubrir brotes verdes en los resultados de MySpace. Son brotes que llegan en un mercado muy concreto y en un nicho muy específico, pero que podrían apuntalar un potencial retorno de la que fue la primera gran y masiva red social.

MySpace es ya el principal destino de navegación para el consumo de música en Reino Unido, haciéndose con el 29,25% del mercado y adelantando a opciones con tanta fama como Grooveshark, según cifras de Experian Hitwise para TechRadar. Para analizar estas cifras hay que tener en cuenta dos elementos muy importantes: la medición de Soundcloud ha separado las versiones móviles y web del servicio (juntas superarían a MySpace aunque no de una forma arrolladora) y las cifras de Spotify permanecen secretas, al no querer dar la compañía escandinava estadísticas de uso en Reino Unido.

A estos datos se suman las últimas cifras oficiales. La compañía había anunciado en febrero que habían protagonizado un salto en el número de altas diarias (“Hemos pasado de cero nuevas altas al día a 40.000“, explicaba a The New York Times el jefe operativo de la red social, Chris Vanderhook). En el último CES, la firma presentaba MySpace TV, una aplicación para smartTV que posibilita conectar con los contactos de MySpace mientras se ve la tele y que demuestra que al menos saben hacia donde van los tiros.

Sobre el autor de este artículo

Raquel C. Pico