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Facebook y la mensajería móvil instantánea: jugando al ratón y al gato desde 2012

Facebook y la mensajería móvil instantánea: jugando al ratón y al gato desde 2012
Escrito por Manuela Astasio

La adquisición de WhatsApp marca un punto de inflexión en un cortejo que ha durado años, pero en el que la aplicación móvil no ha sido la única cortejada.

La noticia de que Facebook ha adquirido la aplicación de mensajería WhatsApp, con 430 millones de usuarios activos en todo el mundo, por 19.000 millones de dólares nos ha despertado hoy al fin, después de una intensa persecución de la next big thing móvil por parte de la red social que ha durado años.

Facebook ha marcado así un punto de inflexión en un cortejo que comenzó en 2012, cuando supimos por primera vez que la compañía de Zuckerberg y la entonces aún más joven app habían establecido contacto para una posible adquisición, pero en el que WhatsApp no ha sido el único cortejado.

Desde que llegaron las primeras señales de que el futuro de Internet estaba en nuestra palma de la mano, Facebook puso en marcha una estrategia para no quedarse fuera del mercado móvil. Consciente de que las aplicaciones ocupan buena parte del tiempo que permanecemos absortos en nuestros smartphones y, dentro de ellas, la mensajería instantánea, la red social emprendió el asedio de WhatsApp, Instagram y Snapchat, todas ellas grandes promesas de la navegación móvil.

El rechazo de Snapchat

De las tres, la única que aún no ha caído en las “garras” de Zuckerberg ha sido la última. Fundada por Evan Spiegel y Bobby Murphy, dos nombres propios que saltaron a la fama después de rechazar una oferta de compra de Facebook de 3.000 millones de dólares, el nombre de Snapchat comenzó a sonar el año pasado como el futuro de la comunicación social, en concreto, aquel que prefieren los jóvenes de la generación nacida entre finales del pasado siglo y principios de éste, los conocidos como millennials, mucho más recelosos de su privacidad.

El concepto de Snapchat, basado, según explican sus creadores en su web oficial, en los quebraderos de cabeza que algunas veces nos trae que nos etiqueten en determinadas fotos en Facebook, consiste en una app de mensajería a través de la cual se pueden compartir vídeos y fotos, pero solo de forma efímera: éstos se autodestruyen cuando han sido vistos por todos los receptores, y desaparecen tanto de los terminales como de los servidores. De momento, Facebook no ha podido hacerse con esta app que nació para contestarle.

Instagram dijo sí

La que sí fue adquirida por la red social fue Instagram, en septiembre de 2011 y por 1.000 millones de dólares. Más allá de postureos y filtros vintage, el éxito de la plataforma radica en que se centra en una de las actividades que más tráfico han aportado, precisamente, a redes sociales como Facebook: compartir imágenes con nuestros contactos y explorar las suyas. Esa idea, unida a un diseño atractivo y a opciones de edición de fotografía muy sencillas pero efectivas logró que Instagram cosechara, en sus primeras 24 horas de vida en Android, un millón de descargas y que hoy sea, con más de 150 millones de seguidores, la red social que más ha ganado en 2013 en actividad por parte de sus usuarios.

Gracias a la operación que se cerró en 2011, todo eso forma parte ahora de Facebook, que, por cierto, también intentó introducir, a finales del pasado año, la mensajería directa en Instagram a través de Direct, un servicio mediante el cual los usuarios pueden enviar mensajes con sus fotos y vídeos directamente a las personas que elijan.

Del patio de vecinos al cuarto de estar

Facebook ha sido definido en muchas ocasiones como “un patio de vecinos”, al que podemos asomarnos para comentar o para, simplemente, cotillear un poco. Pero, como todos sabemos, en los patios de vecinos siempre hay alguna mirada que esquivar: todo el mundo tiene contactos en Facebook con los que no quiere compartir todos los detalles de su vida.

En el momento en el que Instagram lanzó Direct, su fundador, Kevin Systrom, lo definió con otras palabras: “Hay algunos momentos de nuestras vidas que queremos compartir pero que serán los más importantes solo para un pequeño grupo de personas, como una instantánea tomada de broma con los amigos, un momento especial con la familia o una nueva foto de nuestra mascota”. Es decir, que no todos queremos compartirlo todo en todo momento con todos, ni siquiera con todos los que forman parte de nuestra red de contactos.

Hace apenas un mes, el propio Mark Zuckerberg reconocía que Snapchat constituía un nuevo fenómeno de la privacidad “muy interesante”. Durante una conferencia en la Universidad de Stanford, California, el joven empresario recordó que, cuando lanzó su red social, no existía término medio para la privacidad: o se compartía algo con toda Internet, como en los blogs, o se compartía con una única persona, a través de un chat. Facebook creó, piensa Zuckerberg, nuevos espacios de privacidad desde los que compartir cosas, pero ello no quita que detrás hayan llegado otras startups capaces de plantear nuevos escenarios de comunicación. Facebook intentará situarse en ellos a través de adquisiciones como ésta, que plantearán, como hizo la de Instagram en su momento y como está sucediendo ahora con la de WhatsApp, qué sucederá con los datos de sus usuarios una vez estén en manos de la red social.

Foto cc:  WindKoh

 

Sobre el autor de este artículo

Manuela Astasio

Soy una periodista especializada en nada, que ha pasado por Deportes, Agroalimentación, Cultura y por la delegación de Efe en México DF. Ahora me toca hablar de nuevas tecnologías y redes sociales, cosa que hago con mucho gusto y un poco de cinismo.