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M. Gómez (abogada): “Si Facebook no les da privacidad, los usuarios jóvenes abandonarán”

María Gómez (abogada): “Si Facebook no les da privacidad, los usuarios jóvenes abandonarán”
Escrito por Manuela Astasio

La experta en nuevas tecnologías considera que las compañías suelen errar al confundir el deseo del público de compartir historias en las redes sociales con que no les importe la privacidad.

La privacidad es un valor añadido para las marcas de Internet. Así lo piensa la abogada especializada en nuevas tecnologías María Gómez, que está convencida de que son, precisamente, los usuarios más jóvenes los que más la valoran, y los que más castigarán a las compañías que no se la ofrezcan.

Ante la obligada pregunta acerca del supuesto “éxodo” de jóvenes que está viviendo Facebook, Gómez cita ante TICbeat su experiencia como profesora en varios posgrados, y asegura que los jóvenes se marchan de Facebook porque “cambia con demasiada frecuencia su configuración de privacidad”.

Los millennials han nacido en Internet”, nos explica, “así que buscan la solución a sus demandas dentro de Internet. Si no les das lo que quieren, buscan el servicio en otra parte y se van”.

Gómez indica que, aunque Facebook funcionase como un catalizador para la generación anterior –la que hoy tiene entre 25 y 34 años y constituye su franja de edad mayoritaria– la importancia de la red social de Zuckerberg como tal es secundaria para los millennials. “Los usuarios más mayores no se moverían a otra plataforma donde no estén sus amigos, pero a los más jóvenes no les cuesta ningún trabajo moverse y movilizar a sus contactos, se cambian de la noche a la mañana”, asegura.

La pregunta del millón entre sus alumnos, asegura la letrada, es si es cierto eso de que muchos departamentos de recursos humanos se dedican a investigar la trayectoria de sus candidatos a través de Facebook. Por eso, muchos de ellos se crean uno o varios perfiles falsos, que utilizan para distintos fines.

Las grandes compañías de Internet, asegura Gómez, necesitan comprender que “no hay que confundir el deseo que muchos usuarios tienen de compartir historias en las redes sociales con que no les importe la privacidad”.

La incertidumbre de las aplicaciones móviles

Sin embargo, como advierte la abogada, mientras que en las redes sociales es muy evidente cuándo nuestra intimidad está siendo vulnerada, en las nuevas aplicaciones móviles no lo es tanto. “La mayoría de los usuarios solo se percatan de si esas apps son gratis o no, y no se paran a pensar en si realmente es necesario informar de su ubicación a una aplicación de terceros”, recuerda Gómez.

Respecto a las últimas filtraciones de documentos realizadas por el exempleado de la CIA Edward Snowden, que acusaban a los gobiernos estadounidense y británico de espiar a sus ciudadanos a través de aplicaciones tan populares como Angry Birds o Google Maps, Gómez señala que, mientras hubo una época en la que cuando alguien quería determinada información, tenía que desplegar espías, ahora puede resultar muy fácil obtenerla, porque todos permitimos que nuestras aplicaciones la tengan.

Estamos en mitad de un proceso, piensa la abogada, que probablemente concluya con una ciudadanía mucho más espabilada y despierta en cuanto a los entresijos de privacidad de las aplicaciones y de las redes sociales, pero del que, sin embargo, la abogada no cree que vaya a terminar traduciéndose en una mayor transparencia por parte de las compañías de Internet.

El nuevo reglamento europeo sobre privacidad

Aunque el escándalo sobre los métodos de vigilancia empleados por la NSA ha puesto, a juicio de Gómez, “algo de vaselina en el asunto”, la realidad es que la mayor parte de las empresas que usamos a diario no se encuentran dentro de la Unión Europea y, precisamente por eso, señala, “no hay capacidad para vigilar que todo se está haciendo bien”.

El nuevo reglamento que intenta impulsarse a nivel europeo pretende, precisamente, ser aplicable a empresas que, sin estar en Europa, sí dirigen sus servicios al mercado europeo. Además, quiere aumentar el volumen de las sanciones que se imponen a las compañías de Internet por cuestiones relacionadas con su política de privacidad, hasta alcanzar, en el caso de las multas más altas, hasta el 2% de su facturación mundial. “Fíjate que se habla, no ya de sus beneficios, sino de su facturación”, subraya María Gómez.

Recientemente, la comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, reprochó públicamente que las sanciones impuestas a Google en la Unión Europea, como la de 900.000 euros que estableció la Agencia Española de Protección de Datos, eran “calderilla” para el gigante de Internet. Gómez admite que, pese a tratarse de una cifra elevada, sí que es cierto que la compañía es capaz de “asumirla como un coste de negocio”, y señala, además, que en Bruselas hay mucho lobby que no quiere que el aumento de las sanciones económicas salga adelante.

En cualquier caso, cree la letrada, la normativa británica sobre privacidad “no puede continuar siendo la referencia a nivel europeo”, puesto que su línea de actuación, explica, es la de imponer sanciones “rodillo”: esto es, imponer pocas sanciones, pero lo suficientemente altas como para que hagan mucho ruido. “Si comparas las cifras de las denuncias que reciben con las de las sanciones que imponen, existe una brecha brutal”, asegura Gómez, que señala que en España, en cambio, la AEPD impuso, a lo largo de 2013, “multas por valor de alrededor de 17 millones de euros” y lo habitual que “al menos se abra una investigación”.

Foto cc: greenoid

 

Sobre el autor de este artículo

Manuela Astasio

Soy una periodista especializada en nada, que ha pasado por Deportes, Agroalimentación, Cultura y por la delegación de Efe en México DF. Ahora me toca hablar de nuevas tecnologías y redes sociales, cosa que hago con mucho gusto y un poco de cinismo.