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David (Max Schrems) vence a Goliat (Facebook)

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Escrito por Manuela Astasio

En respuesta a las reclamaciones de un joven abogado austríaco, la justicia europea anula el acuerdo de transferencia de datos personales de ciudadanos europeos a Estados Unidos.

Se le conoce como el Pepito Grillo de Facebook, la espina en el costado europeo de la omnipotente red social. Su nombre es Max Schrems y es un abogado austriaco que, pese a su juventud (tiene 27 años), lleva ya mucho tiempo peleando contra la política de privacidad de una plataforma que ya suma 1.500 millones de usuarios en el mundo y cuyos ingresos publicitarios siguen multiplicándose año tras año. Y parece que ahora la justicia europea le ha dado la razón.

El Tribunal de Justicia de la Unión Europea acaba de invalidar con una sentencia la decisión de la Comisión Europea que establecía el conocido como concepto de safe harbor (bahía segura), mediante el cual se presupone que Estados Unidos garantiza un nivel de protección de los datos personales de los ciudadanos europeos lo suficientemente adecuado a las leyes comunitarias como para que estos sean transferidos a su territorio. El paraguas en el que se han estado amparando tantas grandes compañías del otro lado del Atlántico.

La directiva comunitaria de protección de datos estableció en su día que la información de ciudadanos europeos solo puede ser transferida a otros países si se entiende que estos van a protegerla como deben. Es decir, que, hasta ahora, que tecnológicas norteamericanas como Facebook, Apple, Google, Twitter y Microsoft recogieran información personal de usuarios europeos y la gestionaran en servidores en su país de origen se entendía como una situación aceptable, puesto que se presuponía que esos datos estaban en buenas manos. Pero hace tiempo que Schrems no lo cree así.

El joven abogado austriaco lidera un movimiento que en las redes sociales se hace llamar “Europa contra Facebook”, desde el que, entre otras batallas, ha estado peleando por demostrar a la industria norteamericana que “debe respetar los derechos fundamentales europeos si quiere hacer negocio en este continente”. Basándose en las impactantes revelaciones del ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense Edward Snowden sobre las técnicas de cibervigilancia de su país, Schrems se dirigió a la justicia irlandesa, donde Facebook, como otras tecnológicas estadounidenses, tiene sus cuarteles generales europeos, para pedirle explicaciones sobre lo que verdaderamente sucede en Norteamérica con la información privada de los usuarios del continente. Aunque las oficinas europeas de Facebook estén en Dublín, los datos de sus usuarios se envían a EE.UU. para ser gestionados allí.

El proceso se alargó y terminó en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Y éste ha terminado declarando que la Decisión de la Comisión de 26 de julio de 2000 “priva a las autoridades nacionales de control de sus facultades, en el supuesto de que una persona impugne la compatibilidad de la Decisión con la protección de la vida privada y de las libertades y derechos fundamentales de las personas”, ya que, desde su perspectiva, “la Comisión carecía de competencia para restringir de ese modo las facultades de las autoridades nacionales de control”.

El acuerdo de transferencia de datos entre la UE y EEUU ha sido anulado, pero los cambios aún tardarán en hacerse efectivos, como ha reconocido el propio Schrems, que, en un documento con información detallada sobre el caso en la web de Europa contra Facebook, explica que, pese a ser una parte interesada, Facebook nunca se ha implicado en el proceso. En su lugar lo han hecho el Parlamento Europeo, el Supervisor Europeo de Protección de Datos y los estados miembro Austria, Bélgica, República Checa, Irlanda, Italia, Polonia, Eslovenia y Reino Unido.

El joven austriaco saltó a la fama en 2011, cuando consiguió que Facebook le enviara una copia de toda la información que había almacenado sobre él desde que se unió a la red social, en 2008. El resultado fue un CD que contenía 1.222 páginas repletas de datos como grupos a los que Schrems había pertenecido en la plataforma e incluso conversaciones de chat antiguas. El abogado empezó a animar entonces a otros ciudadanos europeos a que hicieran lo mismo.

“Ahora mismo existen dos opciones”, manifestó en una ocasión, en referencia a los ciudadanos y su relación con la tecnología y la invasión a su privacidad; “vivir en la Edad de Piedra o emprender acciones legales, y nos hemos decidido por la segunda”.

 

Sobre el autor de este artículo

Manuela Astasio

Soy una periodista especializada en nada, que ha pasado por Deportes, Agroalimentación, Cultura y por la delegación de Efe en México DF. Ahora me toca hablar de nuevas tecnologías y redes sociales, cosa que hago con mucho gusto y un poco de cinismo.