La convergencia a través del dispositivo móvil

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El acceso a los servicios digitales ha sido impulsado por la alta penetración de las redes, sin embargo, su universalización ha venido de la mano de la tecnología móvil. Este nuevo ecosistema móvil se compone de tres elementos: redes, dispositivos y aplicaciones, quedando en duda cuál de éstos posee un mayor peso en la ecuación, ya que entre todos construyen un sistema fuertemente dependiente. Tan solo en España el smartphone cuenta con una penetración de un 70%, encabezando la lista de los países europeos.

La industria del smartphone se consolida con el modelo de negocio de las apps store, iniciado por Apple y Android y al que luego se irían sumando el resto de sistemas operativos. Este modelo ha sido el inicio de toda una nueva generación de consumo de contenidos de diversa índole, modificando conductas de consumo, venta, trabajo, entretenimiento y comunicación. Más allá de un cambio social, la movilidad también ha traído un cambio económico al que cada día se suman nuevos actores que añaden valor, ante un ciclo de vida cada vez más corto para dispositivos y aplicaciones.

Los operadores han perdido gran parte de su  poder  en  un  mercado  competitivo donde  el único camino para la fidelización de clientes es el precio o un servicio empaquetado. Los fabricantes acortan cada vez más los ciclos de innovación para ofrecer dispositivos con mayores prestaciones, convirtiéndose en ocasiones en verdaderos iconos sociales sujetos a las tendencias de moda. Las ideas sobre los nuevos negocios comienzan a configurarse alrededor del modelo app, generando en ocasiones más ingresos que el negocio tradicional. Ejemplo de ello son los casos de Line, que ingresa 25 millones de dólares al mes a través de sus juegos o Pinterest, valorado recientemente en 3 billones de dólares.

La convergencia mobile se plantea como un único producto, un dispositivo móvil, sustitutivo de diversos servicios y productos útiles para la vida diaria (everything  everywhere). En  un primer estadio ya ha quedado demostrado que el móvil es un medio de comunicación, expresión y contacto inimaginablemente disruptivo, que además es capaz de aglutinar diversas prestaciones y servicios nunca antes planteados. Una muestra de esto es el pago por móvil, la última tendencia con pronóstico de consolidarse en 2014, que hará que podamos prescindir de nuestra cartera, reduciendo así el porcentaje de efectivo y tarjetas en circulación. Este nuevo servicio se debe al desarrollo de la tecnología NFC, y abre la batalla entre operadores y bancos para hacerse por el control de un negocio que podría ser beneficioso para ambos, y que revolucionaría el sistema tradicional de compras. En este binomio también entran agentes como Google, que está invirtiendo en el desarrollo de Google Wallet y al que las entidades bancarias comienzan a mirar con recelo. Se estima que en 2015 las compras vía móvil alcanzarán los 670.000 millones de dólares.

El desarrollo  de interfaces inteligentes forma parte de la estrategia de todo fabricante para lograr una mayor conexión con el usuario. Una lectura precisa de nuestro estado emocional podría incidir en un cambio de conducta con respecto a una determinada compra o decisión. Considerando que tan solo en contadas ocasiones nos mantenemos alejados de nuestro dispositivo, esto podría plantearse como la nueva killer application de la nueva generación de smartphones.

El móvil puede ser una fuente inestimable de datos sobre los patrones de conducta y comportamiento de sus usuarios, a un nivel máximo de sofisticación. El diseño y la estructura de aplicaciones es determinante para la construcción de todo un mercado en potencia, pero a su vez, el análisis de los datos y los usos que el consumidor realice de cada utilidad o aplicación, proporciona una valiosa información que puede ser aplicada o de interés para terceros. Las posibilidades se multiplican cuando esta información se hace accesible para una empresa.

La innovación en formatos, materiales y usabilidad también se destaca como tendencia a desarrollar en los próximos años. La investigación sobre sus posibilidades se plantea como algo inminente en este sentido, un aspecto sobre el que el usuario tiene la última palabra  en términos de utilidad y criterios de moda. El  móvil como herramienta  de  sincronización con otros dispositivos inteligentes parece abrir la puerta del llamado Internet de las cosas, donde la tan esperada convergencia uniría de forma completa el mundo digital con el mundo físico.

La autora de este artículo es Raquel Urquiza, investigadora asociada del IESE Business School y responsable del Área de Digital Business en U-tad, donde imparte la asignatura de Negocios y Modelos Digitales en el Grado de Diseño Visual de Contenidos Digitales.

 

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