Mobile

Cuando nuestra privacidad está geolocalizada

Escrito por Manuela Astasio

La primera Guía de Privacidad en el Móvil ofrece algunos consejos y buenas prácticas para el nuevo panorama que dibujan los smartphones y las tabletas.

La primera Guía de Privacidad en el Móvil, elaborada por Mind Your Group y la Mobile Marketing Association de España ha sido presentada hoy en Madrid. Además de ofrecer directrices y buenas prácticas a los responsables de las webs y las aplicaciones móviles, este trabajo deja claro que el móvil es un sector cuyas peculiaridades dibujan un nuevo panorama para la privacidad de los usuarios.

María Gómez, abogada especializada en nuevas tecnologías y autora de buena parte de los contenidos de la guía, ha explicado a TICbeat que el primer punto que cualquier usuario móvil debe tener claro es que, si bien el seguimiento de los datos de navegación ya se ejercía desde los equipos de mesa, el que se realiza en los dispositivos móviles ofrece una información mucho más individualizada y geolocalizada sobre los consumidores.

“Si en un ordenador ya se trackea, imaginemos cómo se hará en un teléfono móvil”, ha destacado Gómez, que ha señalado también el dominio de Android en este sector, y ha recordado que es un sistema operativo que pertenece a Google y que exige el registro mediante una cuenta de Gmail, refiriéndose así a la tantas veces cuestionada política de privacidad y uso de datos del gigante de Internet. “Nadie regala nada: si el producto es gratis”, recuerda, “es porque tú eres el producto”.

Lo que, básicamente, hace esta guía es, en palabras de su autora “explicar de una forma muy sencilla la normativa, porque las personas que crean las apps o las webs no son abogados, y suelen tener dudas”.

El peligro no está en la información, sino en su uso

Gómez indica que éste es el mundo que nos ha tocado vivir, y que los grandes volúmenes de información que contribuimos a generar tienen, sobre todo, consecuencias positivas, citando casos como el de la organización de las ciudades inteligentes o Smart cities. Aún así, sostiene la letrada, “el usuario tiene derecho a saber quién utiliza sus datos y para qué”.

“Los datos son solo eso, información, pero la información puede usarse de muchas maneras”, reflexiona. Como ejemplo, utiliza el siguiente: “Puede que yo me mueva por una zona con muchos accidentes de coche y esté enviando esta información a través del GPS de mi móvil. ¿Y si mi aseguradora se entera y decide subirme los costes de mi seguro?”.

Sin ir a las hipótesis, Gómez recupera una noticia que generó polémica hace algunos meses en Estados Unidos: Mastercard vendió los datos de uso de sus tarjetas de crédito a algunas aseguradoras médicas del país, que después los utilizaron para “recalcular” las cuotas de sus asegurados, teniendo en cuenta, por ejemplo, cuántos cargos tenían desde restaurantes de comida rápida y decidiendo, en consecuencia, no cubrir sus riesgos coronarios.

“De repente, las cosas empiezan a afectarte, y no es hasta entonces que tomas conciencia”, lamenta la abogada, que cree que la mayoría de los usuarios móviles españoles aprenderán esto “a golpe de bofetón”. En Norteamérica, por ejemplo, los consumidores no han empezado a valorar la privacidad de sus smartphones tanto o más que la resolución de su cámara o las dimensiones de su pantalla hasta que ha saltado a la luz el escándalo de los métodos de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). “Pero no es justo que eso suceda cuando pasa algo”, lamenta Gómez, “no es justo para los miembros de la industria que sí hacen las cosas bien”.

Pequeños cambios que conllevan un largo camino

En cuanto a la otra parte afectada, las empresas que ofrecen servicios y aplicaciones en la Internet móvil, Gómez señala que la tónica general es que los términos y condiciones del servicio o, más bien, la manera de expresarlos no han cambiado “casi nada” desde 1995 y, en cambio, la red sí lo ha hecho. Y mucho.

Muchos de los usuarios españoles se habrán encontrado con que, desde hace unos meses, algunas webs móviles comienzan a alertar en su pantalla de inicio del uso de las cookies en su plataforma, preguntando a los internautas si están de acuerdo con él. Pues bien, según indica Gómez, esta medida responde a un cambio en la directiva de la Unión Europea sobre e-privacy que se produjo en 2009, pero no ha sido hasta 2012 cuando ha comenzado a implementarse en nuestro país.

“Lo que la normativa viene a pedir es que haya transparencia, que estos términos y condiciones sean usables en un contexto que exige aún más inmediatez que el del ordenador de sobremesa”, cuenta Gómez.

La privacidad se convertirá en “un valor de marca”

La privacidad es cada vez más importante para el usuario, piensa la abogada; sin embargo, “las compañías no se lo ponen fácil, los avisos tienden a esquivar a los internautas en lugar de ser accesibles”. ¿El consejo de Gómez? Ya que la transparencia terminará por convertirse en un valor de marca y es necesario cumplir la normativa, lo mejor es “presentar ese aspecto como un valor añadido que te ayude a vender”. 

Foto cc: liewcf

Sobre el autor de este artículo

Manuela Astasio

Soy una periodista especializada en nada, que ha pasado por Deportes, Agroalimentación, Cultura y por la delegación de Efe en México DF. Ahora me toca hablar de nuevas tecnologías y redes sociales, cosa que hago con mucho gusto y un poco de cinismo.