Seguridad

¿De qué hablamos cuando hablamos de ‘ciberyihad’?

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Escrito por Marcos Merino

Aunque lo fácil sea remitirse a hackers amenazando desde el perfil del CENTCOM, esta versión de la Yihad está más bien en manos de social media managers.

Hace poco, releía un libro de John Gray (“Anatomía de Gray”) en el que, entre los muchos temas que abordaba, el autor realizaba una crítica a los teóricos del ateísmo como Dawkins y Dennet, cuando estos vaticinan la desaparición de las religiones como consecuencia “de la difusión a escala global de las tecnologías de la información”. Gray contesta a esto con agudeza: “Dennet no ha caído en la cuenta del uso generalizado de los teléfonos móviles entre los talibanes, o del surgimiento de una Al Qaeda virtual en la Web“.

Armas modernas en manos medievales

Efectivamente, los enemigos de la modernidad han sabido usar en su contra las herramientas que ésta les proporcionaba. Lo hacían ya en 2007, cuando Gray escribió ese texto, y lo han seguido haciendo en los 8 años que han transcurrido desde entonces. Recientemente han surgido, además, nuevos actores (el más relevante, Estado Islámico) que han demostrado un inesperado buen manejo de las posibilidades de la Red para difundir su ‘Yihad’. O, mejor dicho, ciberyihad, un término que los especialistas empiezan a usar de manera habitual.

La ciberyihad… ¿en manos de hackers?

Y no sólo los especialistas: los medios han empezado a dedicarle titulares tras el sonado hackeo de las cuentas sociales del Mando Central militar estadounidense (CENTCOM) a manos de un grupo que se hace llamar ‘CiberCalifato’. Durante unas horas, estos perfiles exhibieron propaganda de Estado Islámico y amenazas a militares estadounidenses. ¿Suponen una amenaza seria para nuestra seguridad estos crackers yihadistas, entonces? Más bien no: el ataque no se dirigió a los servidores del CENTCOM, sino a la seguridad de redes sociales privadas mucho más vulnerables. La mayoría de las noticias sobre ‘hackers islamistas’ son así: fugaces alteraciones de webs y perfiles sociales para exponer proclamas, como grafiteros que consiguen colarse en una oficina y la pintarrajean. Pero si las filas yihadistas son capaces de ofrecer un Kevin Mitnick sunní, o de llevar a cabo un ataque con tanto impacto como el sufrido por Sony el pasado mes de noviembre, no se ha demostrado aún. Entonces… ¿es falso que haya una ‘Ciberyihad’ digna de tal nombre? No, no lo es: hay una guerra en marcha, pero es de propaganda y no combaten en ella hackers, sino social media managers.

Los influencers de Allah

Este verano, el Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización (ICRS por sus siglas en inglés) publicaba un interesante informe sobre la influencia de las redes sociales en el reclutamiento de yihadistas residentes en Occidente con el objetivo de animarles a participar en el conflicto sirio del lado de Estado Islámico y del Frente Al-Nusra. Uno de las conclusiones más relevantes del mismo es que las cuentas oficiales de las organizaciones extremistas habían dejado de ser el principal nodo informativo del público yihadista: un análisis de miles de cuentas de Twitter de combatientes en la zona revelaba que la mayoría prefieren seguir a ‘influencers’, presuntos activistas particulares que difunden contenidos sobre el conflicto en tiempo real y en diversas lenguas.

Estado Islámico: apps móviles y memes

Pero Estado Islámico no se limitaba a dejar su estrategia social media en manos de dichos influencers, sino que lanzó en esas mismas fechas una app móvil oficial que no sólo permitía a sus usuarios estar informados sobre las novedades de la organización, sino que publicaba automáticamente tuits en sus cuentas, consiguiendo así posicionar determinados hashtags o parasitar otros, como los relacionados con el Mundial de fútbol. Buenos conocedores del poder de los memes, llegaron a llenar Twitter e Instagram de fotos de ‘gatitos de la Yihad’… o de cupcakes-Corán. Todo ello con el fin de transmitir una imagen ‘cool’ de la vida del yihadista a los potenciales reclutas acostumbrados a los códigos culturales occidentales. Tanto ‘buenrollismo’ de cara su público no les impidió, claro, empezar a emitir regularmente sangrientas ejecuciones vía Youtube, que les garantizaron un extra de presencia mediática en Occidente.

Una guerra que se libra en el tablero comunicativo

Occidente tiene un problema: el gabinete de comunicación de Estado Islámico sabe hacer su trabajo, y se mueve como pez en el agua en Internet. Quizá eso explica por qué a finales del año pasado se supo que Estados Unidos está recurriendo a psicólogos y expertos en marketing para analizar a su (nuestro) enemigo.

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.