Salud

Prejubilarte puede matarte: hay un riesgo de mortalidad un 20% mayor

Un estudio analiza a los trabajadores que adelantaron tres años su jubilación frente a aquellos que aguantaron en su puesto hasta los 65 años. Y la conclusión es que la esperanza de vida de los primeros caída notoriamente.

¿Quién quiere trabajar pudiendo estar en casa, disfrutando del tiempo libre y una más que merecida jubilación? Eso podríamos pensar todos nosotros, pero parece que la ciencia parece echar por tierra una de las creencias más extendidas respecto a nuestra futura era dorada: jubilarse no solo no es beneficioso para nuestra salud, sino todo lo contrario.

Un estudio de las universidades de Cornell y Melbourne ha puesto números a esta sorprendente conclusión. Los economistas Maria Fitzpatrick (Cornell) y Timothy Moore (Melbourne) compararon los registros de nacimientos y defunciones de EEUU con los registros de los planes de pensiones. Lo que encontraron es que aquellos que reclamaban sus prestaciones sociales tres años antes de la edad habitual de jubilación (a los 62 en lugar de los 65) experimentaban un 20% más de riesgo de mortalidad.

Esta tendencia era, además, mucho más acusada en el caso de los hombres que entre las mujeres, a las que adelantar la jubilación apenas suponía un “pequeño y impreciso” cambio en su esperanza de vida. ¿Cuál es la causa, tanto de este mayor riesgo para la salud como de la diferencia entre sexos? La salud mental.

¿Qué es la regla del 4% para jubilarse y por qué está en entredicho?

Y es que, por mucho que nos quejemos de nuestro día a día, las ocupaciones y retos a los que nos enfrentamos nos mantienen activos -tanto mental como, indirectamente, físicamente- y con aspiraciones vitales que mantienen despierta a nuestra cabeza. Cuando los trabajadores abandonan sus quehaceres, especialmente los hombres que -convencionalmente- asocian más su vida a la carrera profesional, se pueden encontrar vacíos y caer en depresiones y otras afecciones mentales que irremediablemente lastran la esperanza de vida.

Sin duda, el estudio (disponible aquí) es controvertido, y sus propios autores admiten algunas limitaciones metodológicas al mismo. Por ejemplo, los investigadores admiten que no han podido discernir si entre los que se prejubilaron había sujetos que lo hicieron precisamente para poder lidiar con alguna condición de salud subyacente o si existían situaciones personales que explicaran alguna disparidad adicional.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.