Salud

La Unión Europea también podría declarar la guerra al aceite de palma

Deforestaciones masivas y problemas de salud como el cáncer: el Parlamento Europeo se pronunciará sobre restringir el uso del polémico aceite de palma.

El aceite de palma sigue en boca de todos, tras su retirada del lineal de varias de las principales cadenas de supermercados de nuestro país debido no sólo a su impacto medioambiental, sino también a cuestiones de salud, como el cáncer. Razones de más para impulsar su prohibición, tal y como pretende hacer la Unión Europea.

Así pues, el pleno del Parlamento Europeo votará mañana, 4 de abril, un informe que aboga por la eliminación gradual del aceite de palma en los biocarburantes para 2020 y un único sistema de certificación para asegurar que el aceite de palma no se ha producido causando deforestación, daño ecológico, ni dando lugar a conflictos o problemas sociales. Además, este certificado podría incluir también a los pequeños productores para garantizar que reciben una parte justa de los beneficios.

Este aceite vegetal barato se usa desde hace apenas 30 años y se puede encontrar en muchos productos de nuestro día a día como margarina, chocolate, patatas fritas, pero también en cosméticos, detergentes y biocombustible. De hecho, el 46 % de esas importaciones se destinaron a la producción de biocombustibles.

Producido y exportado desde diferentes regiones de África, Asia, América del Norte y Sudamérica, principalmente Indonesia y Malasia, las importaciones de aceite de palma por parte de la UE han sido vinculadas a la deforestación de un millón de hectáreas de selva tropical. 

En ese sentido, los valiosos ecosistemas tropicales, que cubren el 7% de la superficie de la Tierra, están siendo objeto de una creciente presión por la deforestación y plantaciones de aceite de palma, lo que provoca incendios forestales, sequía de los ríos, erosión de los suelos y destrucción de los hábitats naturales raros. Además, la pérdida de hábitats naturales en forma de selvas tropicales está poniendo en peligro la supervivencia de un gran número de especies como el rinoceronte de Sumatra, el tigre de Sumatra y el orangután de Borneo.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.

  • Luis Fernando Jaramillo

    Muy preocupante la situación y aberrante la discriminación contra un producto cuyos únicos pecados son el ser más productivo que los demás cultivos oleaginosos y el ser cultivado en países tropicales con un grado menor de desarrollo y con ingresos per-cápita menores que los de muchos países europeos.

    El dogmatismo ambientalista a ultranza cambia el foco del debate, ignora la deforestación que los europeos y los norteamericanos hicieron a sus campos en siglos anteriores, omite la controversia sobre otros productos y defiende sin decirlo (con intereses que a veces se tornan sospechosos) a los cultivadores de las naciones con niveles de mayor desarrollo.

    Si algún abuso o exceso se comete, especialmente en algunos países asiáticos, es por parte de las personas, no de los cultivos. Por eso, no resulta comprensible que la emprendan con un producto como el Aceite de Palma, casi milagroso por productividad, sus cualidades alimenticias, sus fortalezas nutracéuticas, su versatilidad en múltiples usos y por su capacidad de ofrecer oportunidades de empleo digno (¿O será que los ataques se deben a todo lo anterior?).