Salud

La tecnología jugará un papel clave en la inclusión laboral de las personas con discapacidad

Un 64,8% de las personas con discapacidad en edad laboral no tiene empleo ni lo busca, porcentaje que desciende hasta el 22% entre la población sin discapacidad. Según un estudio, de no acelerar el paso, tardaremos 231 años, es decir, hasta 2249, en conseguir la plena inserción laboral de este colectivo.

El próximo tres de diciembre se celebra el Día Internacional de la Discapacidad, una ocasión como cualquier otra para hacer balance de los retos y barreras que enfrentan las personas con discapacidad en su día a día y las oportunidades que se le abren a la sociedad en su conjunto para resolver las injusticias sociales que añadimos a mayores. Uno de esos campos, quizás el más acuciante por su falta de sentido común, es el que tiene que ver con la inclusión laboral de estos sujetos.

Si buscar empleo es una misión harto complicada, cuando se trata de una persona con discapacidad se trata de una lucha contra los elementos: un 64,8% de las personas con discapacidad en edad laboral no tiene empleo ni lo busca, porcentaje que desciende hasta el 22% entre la población sin discapacidad. Son datos del INE, según los cuales podemos extrapolar que la participación de las personas con discapacidad en el mercado se reduce a menos de la mitad que la genérica, con una actividad del 35,2%, frente al 78% de media estatal.

Y este es un escenario que, teniendo en cuenta de dónde venimos, ha de ser interpretado en clave positiva. Antes del año 1982, las personas con discapacidad que trabajaban eran prácticamente anecdóticas. Es en ese curso cuando se aprueba la Ley de Integración Social del Minusválido, en la que se obligaba a las empresas de más de 50 trabajadores a contar con al menos un 2% de personas con discapacidad en sus plantillas. Un avance significativo pero que no impide lo antes mencionado: la representatividad de este colectivo en el tejido productivo sigue siendo mínima.

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Desde la Fundación Adecco apelan a dos grandes grupos de factores como los causantes de esta disparidad. Por un lado están los que tienen que ver con el propio sujeto con discapacidad y su entorno cercano (sobreprotección familiar, miedos, etc., así como la existencia de grandes discapacidades y situaciones de dependencia críticas que impiden el acceso al mercado laboral). Y, por otro, aquellas que serían fácilmente solucionables si elimináramos las barreras en los centros educativos, empresas y sociedad en general.

Retos tecnológicos

Entre estos obstáculos que la sociedad impone a las personas con discapacidad nos encontramos, a su vez, con cinco grandes retos a solventar: accesibilidad universal y brecha tecnológica, educación inclusiva, objetivos de desarrollo sostenible, políticas activas de empleo y de bienestar social y compromiso empresarial.

En el primero de los campos, la tecnología tiene mucho que decir. Hablamos de que todos los entornos, procesos, bienes, productos, servicios, objetos, instrumentos, herramientas y dispositivos sean comprensibles, utilizables y practicables por todas las personas en condiciones de seguridad, comodidad y de la forma más autónoma y natural posible. En ese sentido, para hablar de accesibilidad universal es necesario “dar a la tecnología una dimensión más social, de modo que los expertos tecnológicos se familiaricen con las necesidades de todas las personas y puedan tenerlas en cuenta a la hora de darles respuesta, así como apostar por el diseño universal, de forma que no sea necesario adaptar entornos, bienes o servicios, sino que éstos incorporen, desde su concepción, criterios de accesibilidad para que sean usables desde el principio”, explican desde la Fundación Adecco.

La plena inclusión laboral, en 2249

“Esta ínfima tasa de actividad no se fundamenta en datos científicos ni objetivos, sino que tiene tras de sí un acervo cultural basado en una concepción desfasada de la discapacidad, que la identifica con inactividad, pasividad y dependencia”, dicen en Adecco, para a continuación lanzarse a la piscina: anticipar cuándo -de continuar a este ritmo- podremos hablar de plena inclusión laboral de las personas con discapacidad.

En cualquier caso, este análisis nos permite trazar un esbozo del enorme camino que queda por recorrer, que es lo que importa en esta labor de concienciación que se ha de hacer a todos los niveles. Así pues, y siempre según este informe de la Fundación Adecco, harían falta 231 años para conseguir que la representatividad de las personas con discapacidad en el mercado laboral fuera la que le corresponde por justicia.

Los cálculos son los siguientes: el pasado año, la población activa (22.834.200 personas) firmó un total de 21.502.923 contratos, lo que supone 0,94 contratos por cada persona activa. Esta cifra contrasta con el ratio de 0,17 contratos/activos que registran actualmente las personas con discapacidad, de acuerdo al Servicio Público de Empleo Estatal. Aspirando a esta proporción del 0,94 para una tasa de actividad del 70% de las personas con discapacidad (es decir, se contabilizarían 1.288.490 activos, el doble que actualmente, de un total de 1.840.700 personas en edad laboral), se concluye que las personas con discapacidad deberían firmar un total de 1.211.180 contratos para que pudiéramos hablar de un nivel óptimo de inclusión.

Si tenemos en cuenta que el año pasado las personas con discapacidad firmaron 110.068 contratos y que éstos crecen a un ritmo de 47.465 contratos por década (esa es la evolución entre 2017-2007 y 2016-2006), la regla de tres indica los antes mencionados 231 ejercicios, es decir, hasta 2249.

Obviamente, la metodología no es del todo fiable pues lanza una proyección en base al històrico de datos, por un lado, y tomando la foto fija del actual momento, por otro, pero sin tener en cuenta posibles cambios que puedan suceder en el futuro (aceleración o ralentización del mercado laboral, tanto general como específico de este colectivo), el impacto regulatorio (no ya el futuro, sino posibles aumentos presupuestarios en la Ley de Dependencia, por ejemplo) o el impacto sobre los puestos de trabajo de la transformación digital.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.