Salud

Los fumadores generan 6 billones de colillas anuales

Los fumadores generan 6 billones de colillas anuales

Diversas organizaciones medioambientales alertan sobre el peligro de los billones de colillas que contaminan el suelo cada año, reclamando que tabacaleras y fumadores paguen por el mal que causan, que exista mayor concienciación y se exploren nuevas formas para reciclarlas.

Existen más de 4 billones de colillas desperdigadas por el planeta, mientras que se generan 6 billones solamente cada año, muchas de ellas arrojadas al suelo, en los montes y bosques o en las playas. Estos pequeños residuos provocan un gravísimo daño medioambiental, ya que su composición incluye papel, hebras de tabaco y un filtro de acetato de celulosa, que es un termoplástico sintetizado que tarda hasta hasta diez años en descomponerse, mientras que se diseminan los cientos de sustancias venenosas en el agua o la tierra.

Al margen del daño que provoca en la salud humana al generar cáncer o problemas cardiovasculares -de hecho, según un estudio financiado por Bill Gates una de cada diez muertes se debe al tabaquismo, mientras que 76 millones de fumadores activos y cerca de un millón pasivo fallecen cada año-, el propio cultivo de esta planta conlleva, según datos de la OMS, problemas como la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la degradación del suelo o la contaminación, puesto que se trata de una producción intensiva que involucra un enorme consumo de madera para el curado al calor y un elevado uso de pesticidas, insecticidas, fungicidas y fertilizantes.

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Aunque exista concienciación sobre los efectos cancerígenos del tabaco, los provocados por el desecho del mismo son mucho menos conocidos. Se conocen como “tabaco de cuarta mano” y pertenecen a un problema global a tratar. De cada 6 billones de colillas generadas cada año, apenas una cuarta parte llega al sistema de recogida de basuras, tal y como revela la organización Ocean’s Conservancy, que comprobó en una recogida en 2016 cómo se trata del residuo más numeroso en las costas: tras recoger 8.200 toneladas de basura a lo largo de 40.000 kilómetros se detectaron 2,1 millones de colillas del total de 14 millones (15%), más del doble que cualquier otro tipo de desperdicio. En España la cuestión se agravaba, detectando 18 filtros de cigarro por cada botella de plástico.

Es preciso implementar más multas disuasorias, nuevas campañas de información, invertir en hallar formas innovadoras de reciclaje y frenar la multiplicación de estos residuos en el campo o en el mar, al que llegan mediante el sistema de alcantarillado, viento, lluvia o ríos, propagando -además del propio filtro de acetato de celulosa- metales pesados como arsénico, plomo y cadmio -surgidos esencialmente de los pesticidas-, etilfenol y mentol -empleados para otorgar sabor al producto-, dietilenglicol -un humectante-, alquitrán -producto de la combustión- y nicotina.

De este modo, una única colilla es capaz de contaminar 10 litros de agua salada y 50 de agua dulce, según un informe del proyecto Libera, nacido de la colaboración entre SEO/BirdLife y Ecoembes. Tanto la fauna como la flora se ven negativamente afectadas por esta clase de sustancias, que llegan al estómago de aves, lombrices, peces y moluscos, entre otros.

Biorremediación, nuevos materiales y concienciación social

En Estados Unidos se está estudiando cómo diversas especies del hongo Pleurotus pueden absorber los metales pesados de las colillas y acelerar la degradación del acetato de celulosa. Por otro lado, interesantes proyectos como el llevado a cabo en la Universidad de Extremadura profundizan en sus laboratorios en la capacidad de transformación de los filtros usados en material aislante y absorbente del sonido, equiparable a la lana de roca y la fibra de vidrio. Para ello, los investigadores buscan cómo limpiar las colillas de forma ecológica, sin emplear tóxicos ni contaminar el agua destinada a lavarlas.

Fuente | El Ideal

Sobre el autor de este artículo

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.