TICbeat LAB

Prima de Riesgo: qué es y por qué ha dejado de ser importante

economía, dinero, Prima de Riesgo

En los comienzos de la crisis económica, el gran miedo de los españoles tenía nombre propio: prima de riesgo. Te explicamos en qué consiste y su relevancia.

En los primeros años de la crisis, con José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno, el temor a que España fuera rescatada por la Unión Europea y el FMI era una constante. Los distintos partidos políticos de la oposición y los medios de comunicación afines recalcaban, a diario, la evolución de un término desconocido para muchos, la prima de riesgo, como indicador del peligro de ser intervenidos. Y, aunque el significado de la prima de riesgo suene lejano para el común de los españoles, su crecimiento desorbitado encendió todas las alarmas de la sociedad y la economía del país.

Pues bien, la prima de riesgo no es un indicador directo de la mala marcha de la economía nacional (como si lo puede ser el PIB, el IPC o la tasa de desempleo), sino que se trata de un baremo relacionado únicamente con la deuda, en este caso con la deuda pública del Estado español.

En ese sentido, nuestro país (al igual que muchas otras naciones) necesita en ocasiones dinero prestado para poder hacer frente a sus pagos, los desvíos presupuestarios o el déficit de funcionamiento de las Administraciones Públicas. Cuando eso ocurre, el Estado emite deuda, bien en forma de letras o bonos del Tesoro, que son préstamos al uso con un determinado interés, los cuales pueden ser comprados en sus formas más simples por cualquier ciudadano y, en grandes volúmenes, por otros gobiernos extranjeros o empresas privadas, principalmente del sector bancario. En estos últimos casos, el precio de los intereses que el gobierno deberá pagar no es establecido por el propio Ejecutivo, sino que es el mercado (y la ley de la oferta y demanda, por ende) la que lo dicta.

¿Cómo se mide la prima de riesgo?

La forma de medir cuántos intereses debe pagar un determinado país es lo que se conoce como ‘diferencial de deuda’ o ‘prima de riesgo’. Así pues, cuando España emite su deuda, los inversores comparan la calidad crediticia de nuestro país con otros Estados de nuestro entorno para evaluar las posibilidades reales de que devolvamos en plazo el préstamo, así como si podremos hacer frente con solvencia a su pago o tendremos que solicitar una quita como en el caso griego.

En definitiva, la prima de riesgo es el sobreprecio que paga un país para financiarse en los mercados en comparación con otros países. De este modo, cuanto mayor es la prima de riesgo, mayor es el interés que debemos pagar por emitir deuda, arrojando más beneficio para los inversores pero también un mayor nivel de riesgo de perder su dinero. Y, como ha sucedido en la crisis, los analistas también han confiado en este indicador para conocer la solvencia de una economía concreta, aunque como decimos tan sólo mide su capacidad de devolver un préstamo determinado, no su actividad industrial, empleo o riqueza.

¿Y con quién compararnos? En el entorno de la Unión Europea, la referencia es Alemania, a cuya deuda se le atribuye una prima de riesgo de cero, ya que se entiende no entraña riesgo alguno de impago y su solvencia financiera está fuera de cualquier duda. Por ello, cuando se habla de que España tiene una prima de riesgo de “X” puntos, esos puntos son los que separan en rentabilidad -y riesgo- nuestros bonos de los de los germanos.

¿Por qué aumentó la prima de riesgo en la crisis?

Antes de la crisis económica, la prima de riesgo de la deuda española se movía en torno a los cero puntos, ya que teníamos la misma calificación crediticia que Alemania, con lo que financiarnos nos salía realmente económico y muy sencillo. Quizás esta facilidad para el endeudamiento agravó aún más la situación de crisis que vivimos en la actualidad.

Sin embargo, con la caída en 2008 del mercado inmobiliario, la destrucción de empleo y el enorme déficit público derivado de la reducción de la recaudación de impuestos y los planes de fomento económico (como el Plan E), la confianza de los inversores extranjeros en nuestra capacidad de generar dinero suficiente para pagar nuestras deudas se vio comprometida. Por ello, los bancos y gobiernos extranjeros comenzaron a exigir una mayor rentabilidad de nuestros bonos a cambio de prestarnos dinero, ya que tenían que asumir el riesgo de que la crisis provocara la intervención externa de nuestras finanzas y una posible quita.

Con ello, la prima de riesgo se disparó sin control, alcanzando en 2010 los 200 puntos básicos. Pero fue en 2012, con Mariano Rajoy ya en el Gobierno, cuando nuestra prima de riesgo alcanzó su máximo histórico y puso en tela de juicio la viabilidad financiera de nuestro sector público, con cerca de 650 puntos básicos de diferencia respecto a Alemania.

Poco a poco, y después de la progresiva estabilización de las finanzas griegas, italianas y portuguesas, así como la decisión del Banco Central Europeo de comprar deuda a los países más afectados por la crisis, la prima de riesgo fue disminuyendo de manera paulatina, cayendo a los 200 puntos de nuevo en 2014 y rondando en la actualidad los 100-150 puntos.

¿Por qué ahora no es relevante?

En la actualidad, parece que la prima de riesgo ha desaparecido de la primera plana informativa y ya ha dejado de ser un problema para la economía española. No es que nuestra calificación crediticia esté a prueba de bombas (de hecho, varias Comunidades Autónomas tienen problemas para financiarse en el mercado sin el apoyo del Gobierno Central, como Cataluña, Andalucía o Valencia) pero los inversores consideran que los recortes llevados a cabo y las medidas para contener el déficit permiten a nuestro país devolver con garantías todo el dinero prestado, por lo que rebajan sus expectativas de riesgo y, por ende, de rentabilidad.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.