Innovación

Tres avances tecnológicos que debemos a la conquista espacial

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Escrito por Marcos Merino

Éxitos como la Misión Rosetta conviven con el desinterés en impulsar la conquista del espacio pese a las múltiples tecnologías de uso cotidiano que ha generado.

Hoy en día, cuando ni siquiera hitos como el éxito de la Misión Rosetta son capaces de disimular el desinterés de la opinión pública mundial en impulsar la exploración espacial (un desinterés motivado por la crisis económica y una cierta sensación de ausencia de logros tras la ya lejana conquista de la Luna), puede resultar interesante volver la vista atrás para comprobar cuántos avances de uso cotidiano debemos agradecer a ese esfuerzo titánico de la Ciencia que supuso (y supone) la conquista espacial:

GPS

Tras el lanzamiento del primer satélite artificial, el soviético Sputnik (1957), los investigadores del MIT fueron capaces de rastrear su órbita por su señal de radio, y dedujeron que si era posible hacer un seguimiento de los satélites desde la Tierra, también sería posible la ruta inversa: localizar objetos en la superficie terrestre a partir de las posiciones de los satélites.

Así, el primer sistema de navegación por satélite fue usado por la Marina de Estados Unidos en la década siguiente, y en 1973 el Pentágono definía las directrices básicas de la actual tecnología GPS (siglas en inglés de Sistema de Posicionamiento Global). En 1993 se autorizaba su uso civil, y en 1998 una orden presidencial indicó que el sistema GPS civil debería ser tan preciso como el militar.

Hoy en día, el GPS es, posiblemente, una de las aplicaciones tecnológicas de la carrera espacial más relevantes en nuestro día a día: una tecnología que nos permite ubicar con precisión un punto en cualquier lugar de la Tierra con ayuda de una flota de alrededor de la treintena de satélites (el último de ellos, el Atlas V, lanzado hace un par de semanas), y que podemos encontrar de forma habitual en nuestros coches y en nuestros smartphones.

Telemedicina

El Sputnik 2, albergando en su interior a la celebérrima perra Laika, no hizo historia únicamente por ser el vehículo del primer vuelo espacial de un ser vivo, sino porque fue la primera vez que se usó telemetría para monitorizar parámetros fisiológico en el espacio. Gracias a ello, menos de cuatro años después se pudo enviar al primer cosmonauta humano, Yuri Gagarin, al que también se sometió a telemetría de sus constantes.

La NASA terminó adelantando a los soviéticos en este campo (como en tantos otros de la carrera espacial) a lo largo de los años 60, impulsado por la necesidad de asegurar sus vuelos espaciales tripulados (Mercury, Gemini, Apollo). Así los médicos de la NASA, además de “ser capaces de recibir datos sobre las constantes biológicas de los astronautas (electrocardiograma, frecuencia cardiaca, presión arterial, constantes respiratorias, temperatura corporal…) consiguieron hacer lo propio con los parámetros ambientales de los diferentes vehículos espaciales (nivel de radiación, concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono, etc.)”, como explica Carlos Martínez-Ramos en Telemedicina. Origen y Evolución.

Pese a alguna notable excepción como el GPS, cuyo uso civil tuvo que esperar a la finalización de la Guerra Fría, la mayoría de innovaciones tecnológicas desarrolladas por Estados Unidos tuvo una rápida aplicación al ámbito civil. Así, a mediados de los 70, se usó por primera vez esta tecnología espacial para proporcionar asistencia médica en un reserva india de Arizona, en la que los servicios de rayos X y electrocardiograma estaban enlazados con hospitales públicos del exterior a través de radar, microondas y audio.

Realidad virtual

En realidad, la realidad virtual no nació estrictamente en el seno del programa espacial, pero sí debemos a la NASA la financiación de muchas de las primeras investigaciones en torno a la misma, así como su maduración como tecnología. Así, en 1969 (el mismo año en que la Humanidad pisaba la superficie lunar), la NASA puso en marcha un programa de investigación con el fin de desarrollar herramientas de realidad virtual destinadas a aplicar el máximo realismo posible a la formación de posteriores tripulaciones espaciales.

Así, gracias a otros avances que se fueron desarrollando a lo largo de los 70 (sobre todo en el campo militar), en 1984, Mike McGreevy y Jim Humphries desarrollaron para la NASA el sistema “Vived” (Visual Environment Display), el primer dispositivo que pudo proporcionar una experiencia completa de realidad virtual: estaciones de bajo coste dotadas de un campo de visión amplio, estéreo, con sensores de posición en el casco de realidad virtual. También desarrollarían el primer sistema práctico de visores estereoscópicos.

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Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.