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Diferencias entre incubadoras de startups, aceleradoras y ‘venture capital’

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Todos ellos son modelos de innovación que trascienden al propio equipo de I+D de una compañía. Pero sus orígenes y capacidades son muy distintos…

A la hora de impulsar la innovación en el entorno empresarial, no todas las ideas pueden surgir del equipo de I+D interno de la compañía. La cocreación y la colaboración contras empresas se vuelve, por ende, imprescindible para no perder el ritmo de desarrollo que marca el mercado.

Especial importancia cobran, en este contexto, la startups: pequeñas compañías de nueva creación, base digital, y con equipos muy motivados que funcionan con metodologías más flexibles que las existentes en las grandes corporaciones. Este tipo de empresas suelen ser más frescas para sugerir grandes propuestas disruptivas, su visión no está contaminada con los planteamientos de negocio de los actores tradicionales y su capacidad de pivotar hasta dar con la tecla es prácticamente infinita.

Entonces, ¿cómo pueden las grandes corporaciones interactuar y beneficiarse del éxito de estas startups? Muchos de vosotros seguro que habéis oído hablar de las aceleradoras, incubadoras o fondos de inversión que muchas marcas de renombre han puesto en marcha para cubrir esta necesidad.

¿Existen diferencias entre todos estos términos? Muchas más de las que se pueda imaginar.

Incubadoras

Desde un punto de vista estricto, las incubadoras cumplen una función de innovación interna en la organización. Por ejemplo, surge una idea dentro de la gran compañía que se desarrolla con los recursos de ésta para, cuando está lo suficientemente madura, emprender su camino en solitario como empresa independiente (lo que se conoce como un ‘spin-out’).

En este modelo, la incubadora juega un papel fundamental, ya que aporta los recursos financieros, logísticos y de negocio (cartera de primeros clientes, entornos de prueba reales) para que la startup pueda consolidarse. Es por ello que la compañía que soporta estas cargas suele recibir participaciones de la startup con el fin de recuperar parte de la inversión o, simplemente, diversificar su modelo de negocio con nuevas patas de actividad en las que no están directamente implicados.

Las incubadoras, en tanto que dependen de su matriz, suelen apostar por startups que tengan algo que ver con el negocio principal de la gran marca. Ejemplos de esta estrategia son Google (Niantic) o McDonalds (Red Box).

Otro modelo de incubación es el que no depende de una gran compañía para su desarrollo, sino que la empresa encargada de este proceso se autofinancia con los beneficios obtenidos de las ventas o la facturación de otras startups previamente incubadas. Eso sí, y al igual que en el caso anterior, la idea nace dentro de la incubadora, la cual posee el control de la compañía de reciente creación hasta el momento en que ve la luz, por lo que se puede seguir considerando un modelo de innovación interna.

Aceleradoras

En el extremo opuesto encontramos a las aceleradoras. En este caso, las ideas nos nacen dentro de estas entidades, sino que se trata de startups ya creadas legalmente y con una idea o producto más o menos desarrollado. Es decir: el proceso primario de innovación se produce de forma completamente externa a la aceleradora.

Entonces, ¿cuál es el rol de estas entidades? Las aceleradoras son organizaciones que ofrecen programas limitados (en tiempo y recursos) para que estas startups puedan acceder a ventajas tales como un lugar de trabajo gratuito, asesoramiento legal, consejos de expertos, bolsa de potenciales clientes, ayuda en la recaudación de capital, mentoring y colaboración con otras compañías en proceso de aceleración.

Una vez finalizado el período de aceleración, las startups recuperan otra vez su status inicial como empresa independiente, ya que depende de cada caso concreto (y las condiciones del programa) si la aceleradora obtiene alguna participación en la compañía acelerada o no.

Estos programas suelen estar asociados a grandes corporaciones, pero gestionados por terceros con experiencia en la arena emprendedora. Techstars, SeedRocket o Bankia Fintech by Innsomnia (en Valencia) son algunos ejemplos en ese sentido. Otras aceleradoras, igual que ocurría con las incubadoras, son 100% autónomas y financian su actividad con subvenciones públicas o los propios ingresos procedentes de otras startups aceleradas.

Capital riesgo

Finalmente llegamos al modelo más externo de innovación que puede existir: el fondo de inversión de capital riesgo. Se trata quizás de la opción más habitual en el mercado, especialmente en cuanto a empresas de cierto tamaño se refiere, mediante el cual una startup recibe financiación por parte de un tercero sin que éste apoye de ninguna forma específica el proceso de desarrollo.

Dicho de otro modo: el inversor aporta capital que ayuda a la startup a crecer y, a cambio, recibe un porcentaje de la compañía que luego podrá vender o que le servirá para obtener una posición ventajosa ante una posible compra en un futuro. También, y eso ya depende del grado de implicación del inversor, podrá obtener representación en el consejo de administración de la compañía y guiar sus designios.

A diferencia de las aceleradoras, los fondos de inversión trabajan con menos compañías pero aportan mucho más dinero a las mismas, además de introducirse en startups mucho más maduras por lo general que la alternativa anterior.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.