Innovación

La versatilidad de la robótica en la lucha contra el ébola

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Escrito por Marcos Merino

Ante la actual crisis de la enfermedad, los científicos se preguntan qué tipo de tareas podrían realizar los robots, y cómo modificar los modelos ya existentes para ello.

Hace algunos días se difundió en los medios el uso de robots en la desinfección de habitaciones de hospital usadas por víctimas del ébola. Muchos encontraron entonces que la utilidad de los robots en emergencias como ésta podía y debía ser más amplia. El problema es sencillo: carecemos de robots listos para hacer frente a esta crisis concreta de manera inmediata.

Por ello, el CRASAR (siglas en inglés del ‘Centro para la búsqueda y salvamento asistidos por robots’ de la Universidad Internacional de Texas A&M) se ha asociado recientemente con la Oficina de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca para llevar a cabo un taller sobre robótica de seguridad para profesionales vinculados a la contención del ébola. El objetivo del mismo no sólo se centra en averiguar la clase de robots con los que deberíamos contar en futuras epidemias, sino identificar las funciones para las que los actuales robots podrían ser útiles.

Las tareas que se encuentran ahora mismo a debate son las siguientes:

  • Robots mortuorios con capacidad para transportar de forma respetuosa los cadáveres en el momento de mayor virulencia del ébola (inmediatamente después de la muerte del paciente).
  • La reducción del número de profesionales sanitarios dentro de los laboratorios de bioseguridad y los hospitales de campaña.
  • La detección de contaminación (robots capaces de comprobar la presencia de ébola en habitaciones y vehículos).
  • Desinfección (los actuales robots desinfectantes necesitan actuar en coordinación con otros capaces de abrir cajones y puertas).
  • Trabajo sobre el terreno de robots capaces de facilitar la consulta / asesoramiento a distancia sobre cuestiones médicas, de permitir la supervisión de trabajadores para evitar auto-infecciones accidentales, o de actuar como “intérpretes rodantes” de diferentes idiomas y dialectos.
  • Seguridad física de los trabajadores (por ejemplo, en disturbios por acceso a alimentos).
  • Manejo de residuos.
  • Ayuda humanitaria (vehículos autónomos y drones capaces de depositar alimentos, agua y medicinas en zonas en cuarentena).
  • Reconocimiento (robots capaces de desplazarse a las diferentes aldeas para detectar signos de presencia de la enfermedad).

Algunas de estas tareas son alcanzables usando modelos ya existentes o modificaciones relativamente menos de los mismos. De hecho, el trabajo se centra más en ‘hackear’ diseños estándar ya existentes que puedan ser desplegados en tres meses, que en diseñar nuevos modelos que necesitarían un año de investigación. El taller, además, permite evaluar junto a los profesionales médicos y cooperantes toda una serie de condicionantes tanto técnicos (¿cómo afectarían al robot el suelo enfangado de un hospital de campaña? ¿es lo bastante sencillo como para poder dejarlo en manos de usuarios locales?) como culturales (¿la forma de manipular los cadáveres sería respetuosa con las tradiciones culturales del lugar?).

Imagen | pcdude2143

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.