Innovación

El papel del consumidor en la revolución tecnológica

La Revolución Industrial fue “el mayor conjunto de transformaciones socioeconómicas, tecnológicas y culturales de la Historia de la humanidad, desde el Neolítico”, según Wikipedia. En efecto, a partir de ese momento, a finales del siglo XVIII, la historia ha estado determinada por los cambios tecnológicos que han impactado en todos los aspectos de la sociedad.

Así, en el siglo XIX, asuntos como las guerras, la política, la estructura familiar o la concreción de las zonas de población estuvieron definidos por la máquina de vapor, mientras que en el siglo XX las líneas de producción fueron las encargadas de cambiar muchas reglas establecidas. Siguiendo este planteamiento, no cabe duda de que la tecnología que está definiendo el siglo XXI es Internet. Aún no sabemos cómo llamarán a esta época en el futuro, ni las consecuencias reales que habrá provocado dentro de unos treinta años, aunque sí que podemos afirmar que esta revolución tiene una característica particular: la sociedad ha asimilado con tanto entusiasmo los cambios, que se ha adelantado a la industria.

Para demostrar la anterior afirmación, basta con apuntar que las novedades tecnológicas como los smartphones parecen la culminación de muchas de las cosas que se soñaron en la narrativa futurista de todo el siglo XX. Y aunque todavía no veamos coches voladores o podamos teletransportarnos a la oficina cada mañana, las pantallas están en todos lados, la comunicación es constante y muchos llevamos encima pequeños ordenadores que ocupan una parte muy importante de nuestra vida profesional y privada.

Aun así, queremos más y cada vez asimilamos antes cualquier avance. El Internet móvil es uno de los mejores ejemplos de este fenómeno: los usuarios nos hemos acostumbrado muy rápido a las apps de mensajes de texto, a las llamadas por IP o a leer las noticias en el móvil.

Sobre el autor de este artículo

Edgar Camelo