Innovación

Los coches autónomos, ¿avance o retroceso para el hombre?

Los Google Cars aprenden a conducir por la ciudad

Analizamos los orígenes y las barreras actuales al desarrollo del vehículo autónomo, así como los debates que generan sus primeros accidentes.

En los últimos años, el vehículo autónomo ha pasado de ser un lejano sueño del hombre (y la razón de ser de un sinfín de películas de ciencia-ficción) a convertirse en una realidad plausible a corto plazo. No en vano, actualmente ya es posible ver coches que se conducen solos por las calles de California y muy pronto llegarán a las carreteras europeas.

Este nuevo paradigma, que muchos consideran como el gran avance de la inteligencia artificial y la capacidad de la tecnología por reemplazar al hombre en sus tareas cotidianas, está reconfigurando de facto la forma de entender la relación entre el hombre, su entorno y las TIC. En ese sentido, cabe considerar de nuevo el rol que juega el ser humano en un escenario en el que un automóvil es capaz de entender el medio que le rodea y actuar en consecuencia, tomando decisiones en tiempo real e imitando el comportamiento humano… incluso mejorándolo.

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No todo han sido alegrías en el camino para desarrollar el vehículo autónomo… y no todo parecen ser luces en los próximos años, estos ya de vida, de este tipo de automóviles. Hasta llegar a este punto se han tenido que superar numerosas barreras, hoy por hoy aún hay que superar muchos prejuicios (y legislaciones) pero, además, se plantea un debate muy interesante en el futuro acerca de estos coches autónomos, tanto en el plano práctico como en el ético.

El primer coche autónomo se remonta a 1939

Aunque en estos momentos tenemos asociado el vehículo autónomo a marcas como Google, BMW, Volvo, Tesla, Uber o Bosch, lo cierto es que el primer coche que era capaz de moverse sin necesidad de conductor apareció a finales de la década de los 40, en la Expo de 1939, celebrada en Nueva York. Durante este evento, Norman Bel Geddes presentó un coche que se mantenía en el asfalto gracias a un circuito eléctrico construido en el pavimento de la carretera y que enviaba señales al vehículo para que se mantuviera dentro de la vía y circulara a la velocidad adecuada.

Prácticamente cuarenta años después se produjeron dos nuevos avances en el desarrollo del coche autónomo, cada uno de ellos a un lado del Atlántico. En el lado norteamericano, el ejército de Estados Unidos creó el primer automóvil que se guiaba a través de un sistema de visión computerizada que detectaba los obstáculos de la vía gracias a un radar láser. En el otro lado del charco, la Comisión Europea subvencionó un proyecto (Eureka Prometheus) iniciado por la Universidad de Múnich y el fabricante Mercedes-Benz para desarrollar una furgoneta de conducción autónoma.

Los primeros coches autónomos podrían llegar en cinco años

Aunque para muchos el camino para el coche autónomo puede ser aún muy lejano, cada vez hay más pruebas para creer que veremos estos vehículos en nuestras carreteras en un futuro muy cercano.

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Así, parece que Google ya tiene muy avanzada su investigación en torno a su vehículo autónomo, cuya tecnología pronto pondrá en manos de los distintos fabricantes del mercado. Otros fabricantes como Tesla también parecen tener preparados sus coches sin conductor para dentro de muy poco. Concretamente cinco o seis años, el tiempo que Elon Musk (CEO de Tesla) estima que tardará en tener listos estos vehículos… que ya tienen comprador: Uber, como ya adelantamos en TICbeat.

Primera barrera: la legislación vigente

Como comentábamos, el camino para el coche autónomo no ha sido, es ni será fácil. Y entre todas las barreras que se le presentan, la legislación sobre el tráfico en los distintos países es uno de los principales inconvenientes a superar.

Por ejemplo, tan sólo tres estados de EEUU (California, Nevada y Florida) han autorizado las pruebas de vehículos autónomos en las carreteras públicas, mientras que el resto de regiones de ese país no han aclarado su postura al respecto.

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A su vez, en Europa se han ido autorizando tests concretos para algunos automóviles concretos en rutas muy delimitadas y bajo restricciones como que siempre debe estar un conductor dentro del vehículo con capacidad de tomar el control del mismo ante cualquier fallo. En otros prototipos mucho menos evolucionados tan sólo se ha permitido su circulación en trazados cerrados al público. Alemania, Reino Unido, Francia y Alemania son algunos de los países que ya han visto o verán próximamente rodar estos vehículos sin conductor por sus carreteras.

Segunda barrera: la seguridad

Uno de los motivos que no facilitan que la legislación se mueva al ritmo de la tecnología que marcan los coches autónomos es su seguridad. Y es que, aunque los datos señalan que el 94% de los siniestros de tráfico que se producen en todo el mundo se deben a un error humano (normalmente exceso de velocidad), no está del todo claro que los vehículos autónomos garanticen una mayor seguridad que el ser humano al volante.

Sin ir más lejos, uno de los mayores fabricantes de automóviles del mundo, Toyota, ha asegurado en repetidas ocasiones que no va a fabricar coches 100% autónomos porque no son más fiables que el hombre. Desde la compañía japonesa apuestan, en cambio, por incluir tecnologías de asistencia al conductor que le ayuden a manejar sus automóviles de forma más segura y eficiente.

En ese sentido, Google ha admitido que sus 23 prototipos de coches autónomos han sufrido 14 accidentes menores desde que comenzaron a circular, aunque desde el buscador aseguran que en todos los casos hubo intervención humana que pudo influir en los incidentes. De hecho, esta misma semana hemos conocido el primer accidente con heridos a bordo de uno de estos vehículos. Según Google, su Lexus RX450h circulaba por las calles de Mountain View (California) cuando se paró en un cruce con el semáforo en verde para no colapsar la intersección. Sin embargo, otro vehículo que venía detrás no se detuvo al ver el semáforo verde y colisionó con el coche de Google. Cuatro heridos leves y desperfectos en ambos automóviles fue el saldo final de este accidente.

Tercera barrera: las ‘batallas’ entre vehículos autónomos

La agencia Reuters confirmó recientemente el primer incidente producido no sólo por un vehículo autónomo sino entre dos de ellos, en lo que se podría considerar el primer enfrentamiento sobre la carretera de dos coches sin conductor. En concreto, un vehículo independiente de Google y otro de Delphi tuvieron un incidente en una concurrida calle de Palo Alto, por cuyas calles actualmente ruedan sus automóviles autónomos.

Este incidente, negado por Google (quienes afirman que se ha sacado de contexto el incidente) pero confirmado por Delphi, se produjo de la siguiente forma: el vehículo de Delphi realizaba un cambio de carril cuando el coche de Google le cortó el paso y estuvieron a punto de colisionar. Por suerte, los mecanismos de seguridad del vehículo de Delphi saltaron y se canceló la maniobra automática, tras lo que el conductor humano tuvo que reinstaurar la normalidad.

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Esta primera batalla entre dos coches sin conductor hace saltar varias preguntas sin respuesta por el momento: ¿Son capaces los vehículos autónomos, fabricados por distintas compañías, de comunicarse entre sí a fin de que no sucedan altercados? ¿De verdad son capaces estos coches de predecir comportamientos anormales cuando convivan al 100% con vehículos conducidos por humanos? ¿De quién será la responsabilidad legal en caso de un accidente, del propietario del coche o del fabricante?

Cuarta barrera: el dilema moral

Los coches autónomos, como todos los avances en los cuales la tecnología se superpone por encima de la voluntad humana, provocan un intrínseco debate moral sobre su aplicación.

En este sentido, muchos analistas ya han comenzado a plantearse a quién debe fidelidad un vehículo autónomo. Esto es, ¿qué debe hacer uno de estos coches en caso de que, ante un siniestro, tenga que decidir entre salvar la vida de sus ocupantes o evitar muchas más muertes en el resto de automóviles implicados a costa de matar a su propietario?

También resulta curioso el dilema abierto en torno al respeto de las normas de tráfico y la privacidad de los ciudadanos. ¿Qué hará el vehículo autónomo cuando su propietario le dé una orden que contravenga las leyes de circulación? Cabe preguntarse si, en un futuro, las autoridades exigirán que estos coches se comuniquen entre sí a través de una red intervenida por ellas y en la cual puedan controlar y monitorizar en todo momento dónde estamos, adónde nos dirigimos y si nos saltamos alguna regla.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.