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Las cinco etapas que viviremos hasta aceptar la llegada de los robots

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Si bien el proceso puede comenzar con los trabajadores sintiendo que sus trabajos están siendo amenazados, el resultado final es una empresa llena de seres humanos más felices y saludables que siguen siendo la pieza central de un negocio competitivo.

Durante los últimos años, la conversación sobre robots y el empleo se ha centrado en gran medida en cómo la automatización puede impactar sobre la fuerza laboral. Artículos especulativos llenos de estudios, informes y opiniones abstractas han llegado a la conclusión casi universal de que una fracción significativa de la fuerza laboral mundial está en riesgo. En unos pocos sectores específicos donde los robots están empezando a cobrar protagonismo, como la logística o la industria, estas preocupaciones son comprensibles porque los robots están empezando a trabajar con los humanos por primera vez.

No es de extrañar, por ejemplo, que los trabajadores de los almacenes teman por sus trabajos. Se les ha dicho una y otra vez cómo los robots serán más rápidos y más baratos, desplazando inevitablemente a las personas sin las habilidades y la experiencia necesarias para competir. Este es el centro del debate sobre robots y trabajos, y se supone que la introducción de más y más máquinas significará el principio del fin para los trabajadores humanos en estas lides.

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Pero la realidad es otra: hoy por hoy, los robots buscan ayudar a los trabajadores de carne y hueso a ser más productivos, no a reemplazarlos por completo. Sin embargo, no siempre es fácil comunicar esto a los operarios que han escuchado durante años que su reemplazo robótico es inminente.

Por eso, a nadie le extraña que introducir robots en un lugar de trabajo pueda ser una tarea compleja y dinámica. Si bien el proceso puede comenzar con los trabajadores sintiendo que sus trabajos están siendo amenazados, el resultado final es una empresa llena de seres humanos más felices y saludables que siguen siendo la pieza central de un negocio competitivo. Se trata de un camino largo hacia la aceptación de los robots que se divide en cinco fases que analizamos a continuación:

Etapa 1: Miedo

Cuando una empresa ha decidido integrar alguna clase de robot en la organización e informa a los trabajadores que estarán interactuando con los robots, la primera etapa suele ser el miedo. “Obviamente, la gente estaba nerviosa porque íbamos a reemplazarlos con robots, porque iban a perder sus empleos”, explica por ejemplo Cindy Traver, vicepresidenta de operaciones de RK Logistics.

Esta es una reacción perfectamente comprensible teniendo en cuenta la reputación que tienen los robots. Sin embargo, la mayoría de las compañías adoptan un enfoque muy proactivo para ayudar a sus empleados a comprender exactamente por qué se están introduciendo los robots y cómo el trabajo con robots mejorará su trabajo.

En DHL explican al respecto que “la interacción hombre-máquina solo funciona si ambas partes se aceptan mutuamente. Usted puede traer la mejor tecnología a un almacén, pero nada funcionará si la fuerza laboral no acepta la tecnología“. Esta aceptación está supeditada a informar a los trabajadores con suficiente antelación y a explicar exactamente lo que harán los robots (y lo que no lo harán).

Etapa 2: Aprensión

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Una vez que los robots llegan al espacio de trabajo, el temor a perder el empleo es reemplazado por la etapa dos: la aprensión. Los trabajadores ven que sus trabajos son seguros, pero que habrá cambios significativos en la forma en que se ejecutan las cosas.

El tema fundamental es ahora de competencia. Incluso si los empleados no tienen miedo de ser reemplazados, la preocupación es que de alguna manera no estarán calificados para interactuar con una tecnología nueva y aparentemente sofisticada.

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Pero incluso los empleados que inicialmente son escépticos reconocen rápidamente que los robots son colaboradores. Sin la gente que trabaje con ellos, los robots no son útiles, y un empleado que trabaja con robots es mucho más valioso que antes. Por suerte, dado que la capacitación necesaria para usar muchas de estas tecnologías es mínima, los empleados pueden sentirse cómodos con el uso de robots casi de inmediato.

Etapa 3: Curiosidad

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La tercera etapa es, por supuesto, la curiosidad. Ocurre a las pocas horas de que los robots se introducen por primera vez en la empresa. Una vez que los empleados entienden para qué están diseñados los robots y cómo operarlos, hay una fase de experimentación. Dado que los robots son completamente autónomos pero operan sin ninguna infraestructura de control físico, es tentador ver a qué tipo de cosas reaccionarán.

El experimento más común es saltar delante de ellos para ver si se detendrán. A la gente también le gusta experimentar con obstáculos, a menudo usándolos para bloquear el camino de un robot. Por no contar las pruebas para ver si detectan errores en los procesos de producción o si son capaces de entender determinadas órdenes para las que no han sido diseñados originariamente.

Etapa 4: Tolerancia

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Cuando la novedad desaparece (esto lleva desde unos pocos días hasta unas pocas semanas) y los empleados se acostumbran al comportamiento y la funcionalidad de los robots, la siguiente etapa es la tolerancia. La etapa de tolerancia se correlaciona con aumentos en los índices de utilización y productividad, a medida que los empleados comienzan a usar más los robots y comienzan a verlos como herramientas prácticas en su día a día.

Al igual que con cualquier otra herramienta versátil, a menudo los empleados que usan los robots a diario tienen sugerencias sobre formas en las que se pueden utilizar de manera más efectiva o de formas completamente diferentes. Es aquí cuando comienza a extraerse el máximo valor de la tecnología.

Etapa 5: Satisfacción

La etapa final es la satisfacción, donde los robots se convierten no solo en herramientas, sino en compañeros de trabajo que forman parte integral de la empresa. Esto hace que la experiencia laboral sea mejor para los humanos que trabajan con ellos. Es fácil darse cuenta de cuándo se alcanza esta etapa, porque los humanos comienzan a antropomorfizar a los robots, atribuyendo personalidades o emociones similares a las de los humanos a robots específicos que parecen ser un poco diferentes de los demás.

Con el tiempo, los empleados se dan cuenta de cuánta mejora aportan los robots a sus trabajos. Más allá de simplemente permitir que los trabajadores se centren en tareas que son más interesantes y que representan un desafío mental, los robots también se encargan de gran parte del trabajo físico agotador, como levantar, cargar y caminar. Los trabajadores se sienten mejor al final del día y se mantienen más saludables a largo plazo.

Hay también razones económicas directas para defender esta integración hombre-máquina que a menudo se pasan por alto en las conversaciones sobre robots y trabajos: a saber, los robots son cada vez más necesarios para ayudar a compensar la escasez de mano de obra que se está agravando, tanto en los Estados Unidos como en Europa.

*Este texto es una traducción interpretada de un análisis publicado por Melonee Wise, CEO de Fetch Robotics, para el Foro Económico Mundial, cuyo original puede consultarse aquí.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.