Innovación

La última de Donald Trump: privatizar la Estación Espacial Internacional

A partir de 2025, Estados Unidos dejará de financiar la Estación Espacial Internacional, símbolo de la ciencia y la cooperación humana que pasará a convertirse en una plataforma comercial explotada por grandes corporaciones.

Lo de Donald Trump con el espacio ya no tiene nombre. Si hace unos meses directamente insultó a la comunidad científica al relegar a un segundo plano la carrera espacial, luego prometió a diestro y siniestro una aventura espacial sin igual, acelerando incluso los plazos de llegada a la Luna y Marte… sin consultar a un solo experto en la materia. Lo último que ha hecho el hombre de cabellos dorados tiene todavía más delito: privatizar la Estación Espacial Internacional.

La ISS es el único espacio habitado por humanos fuera de la Tierra y es un ejemplo paradigmático de la cooperación entre todos los países que conforman este planeta en busca de metas que sobrepasan a nuestra especie. La estación, puesta en marcha después de que la antigua MIR soviética -posteriormente gestionada a escala internacional- fuera demasiado obsoleta para los retos actuales, cuenta con apoyo no sólo de la NASA norteamericana, sino también de la agencia cosmonáutica rusa o de la Agencia Europea del Espacio (ESA), entre otras muchas.

Por eso resulta tan irónico que sea Trump, dueño y señor del mundo, el que decida libremente privatizar este espacio de ciencia e innovación a partir de 2024. Si bien legalmente la NASA posee la capacidad para tomar esta elección, sorprende que estos planes -adelantados por el Washington Post– sean tomados a la ligera por un presidente que pretende delegar todo el peso de la carrera espacial en la empresa privada.

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Según los planes de la Casa Blanca, a partir de 2025 Estados Unidos dejará de financiar con fondos públicos la ISS. Antes, la NASA pondrá en marcha un plan de transición que permitirá a la industria privada convertir esta estación en una plataforma comercial, tiempo durante el que convivirán las aventuras puramente científicas que cambian nuestro mundo y las apuestas que miran únicamente por el bolsillo de grandes corporaciones de ese país.

Hasta entones, eso sí, la NASA seguirá pagando de su bolsillo el mantenimiento de la ISS en la órbita baja terrestre. En 2019, ese montante ascenderá a 150 millones de dólares con la previsión de que la cifra aumente conforme se vayan necesitando arreglos para facilitar la entrada de operadores privados en escena. Quizás la operación de ahorro de Donald Trump, cuyo mandato finaliza mucho antes de que su polémica decisión tome vida, acabe saliendo más cara al contribuyente estadounidense a corto plazo.

La presencia de actores privados en el espacio está en plena ebullición e incluso los antecesores de Trump en la Casa Blanca, Barack Obama y George W. Bush, ya dieron algunos pasos en favor de una mejor colaboración público-privada para afrontar los retos en estas lides tan desconocidas, principalmente a través de contratos de lanzamiento con SpaceX, Boeing u Orbital ATK. Pero de ahí a la privatización de un emblema de la ciencia y la cooperación humana como la Estación Espacial Internacional hay un buen trecho…

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016 y 2017.