Innovación

La historia de la inteligencia artificial: desde los orígenes hasta hoy

Repasamos la trayectoria de la inteligencia artificial, desde sus precursores griegos, pasando por Alan Turing hasta IBM Watson o los últimos avances de Google o Facebook.

Aunque la inteligencia artificial se suele relacionar a menudo con la ciencia ficción, ya no se encuentra relegada a las novelas y las películas. Esta tecnología nos rodea, desde los lugares más cotidianos (conversión de voz en texto, etiquetado de fotografías, detección del fraude) a los más punteros (medicina de alta precisión, predicción de lesiones, coches autónomos). Se encuentra en métodos informáticos como el análisis avanzado de datos, la visión por ordenador, el procesamiento de lenguaje natural y el aprendizaje automático o machine learning.

Y es que, como explicaba recientemente Diane Bryant, vicepresidenta ejecutiva y directora general del Data Center Group de Intel, la inteligencia artificial está transformando la forma de trabajar de las empresas, así como nuestra manera de interactuar con el mundo.

Sin embargo, y aunque aún veamos la inteligencia artificial en pañales (y sus riesgos todavía no están claros, como ha admitido el propio Bill Gates), lo cierto es que los orígenes de esta tecnología se remontan a la época griega, cuando Aristóteles describió un conjunto de reglas que describen una parte del funcionamiento de la mente para obtener conclusiones racionales, y Ctesibio de Alejandría (250 a. C.) construyó la primera máquina autocontrolada, un regulador del flujo de agua (racional pero sin razonamiento).

A pesar de estos primeros referentes históricos, es a Alan Turing a quien se considera padre de la inteligencia artificial (dando, de hecho, nombre al test que determina la calidad de las IA). En 1936, este visionario diseñó una máquina capaz de implementar cualquier cálculo que hubiera sido formalmente definido, pilar esencial para que un dispositivo pueda adaptarse a distintos escenarios y “razonamientos”.

1956: el comienzo de la era dorada de la inteligencia artificial

Fue ya en 1956 cuando John McCarthy, Marvin Minsky y Claude Shannon acuñaron este término durante la conferencia de Darthmounth para referirse a “la ciencia e ingenio de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas de cálculo inteligentes”.  Eso sí, estos tres científicos erraron por completo a la hora de prever cuando llegarían las primeras inteligencias artificiales, ya que confiaban en que en 10 años (para la década de los 70) estaríamos rodeados por IAs en nuestro mundo.

La premisa de la que parte la película “Her” no está tan lejos de la realidad

Tras este fiasco, las investigaciones sobre inteligencia artificial sufrieron un importante revés que retrasó el progreso en esta área hasta los 90 y los 2000, cuando la mayoría de las empresas tecnológicas decidieron realizar inversiones mayúsculas en este terreno con el fin de mejorar la capacidad de procesamiento y análisis de la ingente cantidad de datos que se generan en el creciente mundo digital.

De hecho, la consagración definitiva de la inteligencia artificial llegó en 1997, cuando IBM demostró que un sistema informático era capaz de vencer al ajedrez a un humano… y no un humano cualquiera, sino el campeón del mundo Gari Kaspárov. Se llamaba Deep Blue y sirvió de base para que la industria tecnológica y la sociedad en general cobrara conciencia de la relevancia y las posibilidades de las IA.

La llegada de Watson

Si hay un ejemplo de inteligencia artificial por defecto, ese es IBM Watson. Un sistema que hizo su aparición estelar, al estilo de Deep Blue, ganando una competición de alto nivel, aunque en este caso más compleja que la anterior. En 2011, Watson ganó el popular concurso televisivo Jeopardy! frente a los dos máximos campeones de este programa, en el que se realizan preguntas sobre cultura y conocimiento de todo tipo. Lo primero de todo Watson tuvo que ser capaz de entender las preguntas y las respuestas que da, a lo que ayudaron sus 200 millones de páginas de contenido almacenadas en su sistema. También tuvo que realizar jugadas inteligentes a la hora de sopesar la elección de las categorías y cuando tuvo que apostar una cantidad en la ronda final.

Desde entonces, el IBM Watson se ha convertido en el estandarte de los sistemas cognitivos, procesamiento de lenguajes naturales y el razonamiento y el aprendizaje automático. Esta tecnología se está utilizando actualmente para ayudar en los tratamientos contra el cáncer, el comercio electrónico, la lucha contra el cibercrimen o la banca internacional.

Google y Sony también están inmersos en la IA

La inteligencia artificial no es coto cerrado de IBM ni mucho menos. El gigante de las búsquedas Google está haciendo numerosos progresos en este terreno, ayudando además a la comunidad de desarrolladores a sacar provecho de esta tecnología. En ese sentido, Google ha ampliado recientemente su software de código abierto TensorFlow, con el que cualquiera con acceso a sus servidores puede crear su propio equipo con capacidad de autoprogramación y de aprender de forma autónoma. La compañía de Larry Page y Sergey Brin también ha promovido que su motor de inteligencia artificial se haya leído más de 2.865 novelas románticas con el fin de expresarse con mayor soltura y naturalidad. Además, Google ha logrado seguir los pasos de IBM y conquistar un juego tradicionalmente de humanos, en concreto, el Go. Se trata de un juego oriental tan antiguo como complejo: se dice que su tablero, de 19×19 cuadrados, permite más posiciones durante una partida que átomos hay en el universo.

Mark Zuckerberg también es un fiel creyente en las posibilidades de la inteligencia artificial. Por ello, ha impulsado el FAIR (Facebook Artificial Intelligence Research), que aborda problemas genéricos del desarrollo de las inteligencias artificiales, o como ‘Language Technology’ o ‘Facebook M’, centrados en problemas prácticos del día a día de los usuarios. Asimismo, el propio Zuckerberg anunció a principios de este año que se había propuesto desarrollar su propio asistente personal con IA inspirado en el Jarvis de las películas de Iron Man.

La japonesa SONY tampoco es ajena a esta tendencia. La firma compró recientemente Cogitai, una empresa californiana de nuevo cuño (apenas dos años de vida) que aprovecha el ‘machine learning’ para que los dispositivos puedan aprender de forma autónoma distintos comportamientos o respuestas ante estímulos y hábitos que van detectando conforme interactúan con su entorno.

Los chatbots

Una de las posibilidades más inmediatas y prometedoras de la inteligencia artificial son los chatbots, las herramientas que permiten la comunicación automatizada entre humanos y marcas o empresas, a través de redes sociales o comunicaciones de voz, gracias a una máquina que interpreta el lenguaje natural y es capaz de aprender, procesar e improvisar respuestas de manera autónoma.

Sin embargo, los chatbots aún están lejos de estar maduros. En una muestra de las capacidades de inteligencia artificial de Microsoft, la firma norteamericana decidió llevar su chatbot Tay a Twitter (@TayandYou). Se trata de una herramienta capaz de interactuar con los usuarios en tiempo real, adaptando además su lenguaje a los ‘millenials’ (personas de 18 a 24 años de edad).

Tay, el chatbot nazi de Microsoft

Pero, en apenas unas horas, Tay pasó de ser una amena compañera de charla, contestando sencillas preguntas y agradeciendo la atención y curiosidad de los tuiteros, a convertirse en una auténtica nazi. Frases como “odio a las feministas, deberían morir todas y pudrirse en el infierno”, “Hitler tenía razón y odio a los judíos”, “vamos a construir un muro y México lo va a pagar” o “odio a todos los humanos” han obligado a los de Redmond a paralizar por el momento este proyecto.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.