Innovación

Un invento del pasado para revolucionar el futuro

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Escrito por Mihaela Marín

El continente europeo reconoce el invento de Charles Hull en el momento más adecuado para revelar la aportación de la impresión 3D al desarrollo tecnológico

Muchas veces las mejores ideas recorren un largo camino hasta que se llega a conocer su verdadero potencial. Después de tres décadas, Europa otorga a Charles Hull el Premio al Inventor No Europeo en un evento organizado por la Oficina Europea de Patentes. Ahora con sus 74 años, el ingeniero americano sigue siendo ejerciendo el puesto de director de Tecnología en su empresa 3D Systems y está decidido a continuar investigando las técnicas que le han hecho ganar reconocimiento a nivel mundial.

En una entrevista con la cadena informativa CNN desvela una personalidad tranquila, acompañada por un toque de sentido de humor. Sus recuerdos no se remontan sólo a las máquinas que manipulaba de joven haciendo sus experimentos, sino también a la falta inocente de confianza de su mujer cuando tuvo que presenciar su descubrimiento en medio de la noche. Su respuesta todavía le hace sonreír: “Esto espero que sea por una buena razón”. Y sí, sin duda lo ha conseguido. Su invento ha demostrado a lo largo del tiempo el poder de una idea revolucionaria que ha tenido que esperar tres décadas para que se pueda explotar de una forma completa.

Estereolitografía para crear objetos desde cero

El año 1983 es el que marcó para Charles Hull una nueva etapa en su carrera profesional. Su trabajo era dirigir el diseño de prototipos para los productos de una empresa que fabricaba revestimientos duros usando luz ultravioleta. El proceso de crear los moldes de plástico necesarios para la producción de componentes era muy lento y costoso teniendo en cuenta la tecnología de esa época, pero Charles estaba seguro de que existía un método más sencillo para acortar esas fases. La tecnología UV fue la que le sugirió una nueva modalidad de uso durante sus experimentos con fotopolímeros, un  material que en contacto con la luz ultravioleta cambia su estado de líquido a sólido. Llamó a su descubrimiento estereolitografía y tres años más tarde, en 1986, el inventor americano fundaba 3D Systems, una empresa especializada en rápido prototipado que fabricaba artículos en tres dimensiones añadiendo capa por capa y con posibilidad de usar otras “tintas” distintas al plástico.

Charles Hull.

Charles Hull.

El cumplimiento de una idea que ha traspasado los años

“A nivel individual creo que hay una demanda acumulada: hemos entrado en la era de los ordenadores y todo aparece en una pantalla o está en control remoto. Esto [la impresión en 3D] es un medio para transformar algo desde el ordenador en la realidad de una forma sencilla.”

El avance alcanzado por la industria de la impresión en 3D  asombra tanto que pudiera coger por sorpresa incluso a su propio inventor, Charles Hull. Al principio pensada para impulsar la producción de componentes de la industria manufacturera, la impresión 3D actualmente se ha adaptado a las altas exigencias del sector médico, aeroespacial o automovilístico. La tecnología se ha democratizado tanto hasta llegar al punto de convertirse en una afición para muchas personas interesadas en diseñar sus propios objetos sin necesidad de tener los recursos de una tecnología industrial. Entre todas las aplicaciones que se han desarrollado usando la impresión en tres dimensiones, las médicas desde luego son las que mejor reflejan el potencial de este invento. Es el caso de Jennifer Lewis, una científica especialista en materiales de la Universidad de Harvard que ha adaptado la investigación en la química y física para desarrollar las técnicas de la impresión en 3D de objetos a microescala. El año pasado su equipo lograba imprimir electrodos microscópicos para baterías muy pequeñas y sensores fabricados en parches de plástico que según ella podrían ayudar a los atletas a detectar posibles contusiones. Pero lo más impresionante de todo su trabajo es el hecho de poder haber conseguido crear tejido biológico junto con su red compleja de vasos sanguíneos demostrando que las células y tejidos biológicos se pueden tratar como cualquier material compuesto por partículas sintéticas. La fabricación de tejidos artificiales capaces de cumplir con las mismas funciones biológicas de los órganos será el siguiente paso por hacer.

Desde esta perspectiva, las implicaciones de la idea de Charles Hull permiten entender mejor el reconocimiento de un invento temprano que ha tenido que esperar el paso del tiempo para llegar a manifestar su verdadera capacidad de cambio.

Imagen: Shutterstock

 

 

Sobre el autor de este artículo

Mihaela Marín

Mi interés por la tecnología ha nacido cuando me he dado cuenta de que nos permite ver el lado escondido de la realidad. Todavía quedan muchas cosas por descubrir y suficiente curiosidad para entender lo que realmente somos. Especializada en Periodismo y Marketing, he podido compartir experiencias con profesionales del mundo empresarial tecnológico. Siempre en búsqueda de ideas, escribo para hacer conocido el trabajo innovador, capaz de cambiar los problemas en soluciones.