Innovación

Hyperloop: claves, dudas y potencial del transporte del futuro en cápsulas

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De la mano de Manuel G. Romana, profesor titular de la Universidad Politécnica de Madrid, analizamos el estado actual del Hyperloop, sus principales características técnicas, sus desafíos de diseño, el ecosistema generado a su alrededor y su impacto social.

Mientras España sigue inmersa en la construcción de kilómetros y kilómetros de vías de tren de alta velocidad, algunas mentes brillantes ya piensan en el futuro más allá de los actuales límites de la física. Hablamos del Hyperloop, una nueva modalidad de transporte que sustituye las vías férreas por unas cápsulas al vacío en los que se experimenta una mínima fricción con cualquier componente ajeno a la velocidad de la máquina.

Hyperloop, ideado por el controvertido Elon Musk, puede llegar a alcanzar velocidades de más de 1.200 kilómetros por hora, con lo que trayectos de ocho horas en la actualidad podrían reducirse a menos de 45 minutos. Todavía se desconoce cuál será su primer trazado comercial, aunque el gran favorito es la ruta que se desarrollará entre Viena (Austria) y Budapest (Hungría) pasando por Bratislava (Eslovaquia); si bien la documentación más completa se ha producido para la idea de hacer un Hyperloop entre Dubai y Abu Dhabi.

Es, en esencia, una cápsula que se mueve dentro de un tubo herméticamente cerrado, y la clave es conseguir de alguna manera un rozamiento muy pequeño entre cápsula y tubo. En un sistema así, el transporte podría ser muy barato y muy rápido“, explica Manuel G. Romana, profesor titular de la Universidad Politécnica de Madrid. “El sistema es similar al que se emplea en muchos grandes edificios hoy para mover documentos o dinero. Son sistemas movidos por aire, neumáticos, en los que cápsulas de plástico pueden moverse por la red y llegar de un punto a otro“.

La fuente de energía de base del Hyperloop será la electricidad, la cual habrá que transformar en energía mecánica. Si todo se resuelve bien, la velocidad comercial (la de todo el viaje) podría estar en torno a los 800 kilómetros por hora, con velocidades normales de unos 1.000 km/h y un máximo de 1.200 km/h. Las cápsulas tendrían unos 20 a 25 m de longitud, para llevar a unas 20 personas.

Los tubos (haría falta uno para casa sentido) podrían estar enterrado o sobre pilares, como largos puentes o viaductos. En estos momento, tanto el diseño de las cápsulas como el de los tubos está en plena elaboración, tras una intensa competición entre equipos de ingenieros de todo el mundo y entre los que un grupo de valencianos destacó sobremanera.

En estos momentos se está trabajando sobre el terreno en conseguir a una escala reducida que todo este planteamiento sea una realidad. Para ello se está diseñando una cápsula que es capaz de acelerar y frenar en un tubo metálico construido sobre el terreno, no subterráneo, y llegar a velocidades por encima de los 600 km/h. Además, hay trabajos teóricos y de ingeniería de científicos de todas las procedencias (incluso la NASA) para resolver los aspectos técnicos, y para imaginar el sistema completo.

¿Qué dudas técnicas existen?

Manuel G. Romana, profesor titular de la Universidad Politécnica de Madrid, admite el enorme potencial de esta tecnología y lo extraordinario de la idea planteada por Elon Musk. Sin embargo, también reconoce algunos puntos débiles del planteamiento elaborado hasta este momento o, si lo prefieren, algunas dudas técnicas que todavía no han sido bien resultas sobre el Hyperloop. Estas son:

• Cómo conseguir el vacío dentro del tubo (o, al menos, una presión muy baja), a la vez que se conecta a las estaciones
• Cómo conseguir que en este medio la cápsula flote sobe un cojín de aire
• Cómo conseguir la estanquidad del tubo en distancias enormes
• Cómo resolver evacuaciones y rescates en caso de avería o emergencia médica de los pasajeros (en viajes largos)
• Cómo sacar cápsulas del sistema en caso de avería
• Cómo resolver accesos de emergencia en caso de accidente
• Cómo conseguir frenar y acelerar en el sistema sin perder capacidad
• Cómo disipar el calor generado por los frenados
• Cómo hacer que el viaje en un tubo cerrado y bajo tierra sea soportable y distraído para los viajeros

“Hay que resolver cuestiones técnicas no menores, crear un marco legal adecuado, asumir como sociedad los nuevos riesgos y encontrar un punto de equilibrio que la sociedad pueda pagar. Es lo que ya hemos hecho históricamente, con el transporte ferroviario, el transporte por carretera, el aéreo y el transporte público urbano e interurbano. No es difícil, pero llevará tiempo, comenta el experto.

El ecosistema de Hyperloop

En estos momentos SpaceX (empresa de Elon Musk) ha construido una instalación con un tubo de algo menos de 2 km en Nevada para facilitar pruebas. “A día de hoy, SpaceX está ayudando, pero no desarrollará soluciones”, indica G. Romana.

Por otro lado, existen startups como Hyperloop One o Hyperloop Transportation Technologies que quieren desarrollar el sistema completo, y explotarlo. Otras empresas industriales y de ingeniería se han unido con contribuciones particulares, como Aecom, u Oerlikon Leybold Vacuum. Finalmente, hay equipos de desarrollo no comerciales en universidades y centros tecnológicos, como el ya mencionado equipo exitoso de la Universidad Politécnica de Valencia.

Así es la primera cápsula de Hyperloop, el tren ultrarrápido ideado por Elon Musk

También se han celebrado concursos internacionales para desarrollar soluciones técnicas para el sistema. Este último agosto de 2017, un equipo alemán compuesto por estudiantes de la TUM (Múnich) ha conseguido velocidades por encima de los 300 km/h en las pruebas, ganando el concurso.

El impacto de Hyperloop en la sociedad

Manuel G. Romana, profesor titular de la Universidad Politécnica de Madrid, opina que la llegada de Hyperloop supondrá un importante cambio en la industria del transporte aéreo de pasajeros. “Con velocidades de unos 1.000 km/h, el avión tendrá que competir con el Hyperloop como ya pasa con distancias de menos de 500 km con el tren de alta velocidad. Los viajes de negocios claramente se repartirán, y habrá ajustes en capacidad, frecuencia y precio. Se podrá ir más lejos para ocio de forma más segura, y más sostenible“, opina el docente.

Pero el efecto mayor y más inmediato será sobre las empresas y medios de transporte que cubren viajes de distancias entre 200 y 1.000 km.Esos tendrán un nuevo competidor, y tendrán que adaptarse. En el largo plazo, un sistema como este podría influir en la estructura urbana, permitiendo hacer megalópolis mejor interconectadas y con más espacios abiertos“, opina G. Romana. “La población urbana no hace más que crecer, y el Hyperloop podrá contribuir a hacer que núcleos más espaciados y pequeños funcione igual“.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.