Fintech

Los ‘roboadvisors’: el principio del fin del ‘bróker’ tal y como lo conocemos

La Bolsa de Londres ha subrayado cuáles son las 1000 pymes europeas con más proyección, entre las que se encuentra Plexus

Sistemas totalmente automatizados y otros híbridos harán que los brókeres de carne y hueso dejen los parqués, totalmente relegados por la inteligencia artificial. Así está el pulso actual de los roboadvisors, sus luces y sus sombras.

Películas como ‘Wall Street’ (la primera, la protagonizada por un irreconocible Charlie Sheen) o la más reciente de ‘El Lobo de Wall Street’ (con Leonardo di Caprio al frente del reparto) nos han creado un esquema en el imaginario colectivo sobre lo que es ganarse la vida en la Bolsa: decenas, cientos o miles de brókeres peleando por el mejor precio de un valor y tratando de convencer a sus clientes de la mejor posibilidad de negocio… tanto para el bolsillo del inversor como para el del intermediario.

Sin embargo, este escenario de película podría dejar de ser tal en un futuro muy cercano, si es que no lo está dejando de ser ya. Y la causa no la tiene la reciente crisis económica, que ha hecho saltar por los aires todos los récords alcanzados por los principales índices, ni tan siquiera la reticencia de las nuevas compañías digitales de salir a los parqués al tener abundante financiación fuera de los mercados públicos.

El culpable no es otro que los roboadvisors, una tecnología que permite controlar el patrimonio de una persona en estas lides de forma automatizada, gracias a la inteligencia artificial, sin que un humano tenga que intervenir en ningún momento. Estas plataformas son capaces, así pues, de detectar el mejor momento de compra y de venta de una acción en base a los patrones de comportamiento anteriores de ese valor, los de sus principales rivales y el contexto en tiempo real de los parqués.

Su funcionamiento 100% autónomo promete una gran cantidad de bondades. Por lo pronto, un algoritmo puede tomar decisiones de compra y venta en tiempo real y evitar de este modo los habituales lapsos de indecisión que tenemos los seres de carne y hueso y que pueden suponer pérdidas sustanciales en momentos de alta volatilidad. Igualmente, mientras que un profesional experimentado apenas puede consultar un centenar de gráficas y acceder a una cantidad limitada de información (tanto por un factor de tiempo como de capacidad mental), el alcance de un sistema informatizado es prácticamente infinito: tanto información estructurada (los patrones de cotización antes mencionados o la presentación de resultados financieros) como no estructurada (informaciones positivas o negativas en prensa, crisis en redes sociales…) sirven para predecir potenciales ventanas de negociación. Y, por último,  los roboadvisors aspiran a democratizar la inversión en Bolsa entre personas sin experiencia ni conocimientos financieros ya que éstos carecen de valor… al menos sobre el papel.

En cualquier caso, los roboadvisors no son una promesa llegada de un futuro en el que al bueno de Sheen le hayan sustituido unos y ceros, sino que hablamos de una realidad ya existente entre nosotros y cuya explosión inminente tiene datos que la sustentan. De aquí a 2022, los roboadvisors plenamente autónomos (esto es, sin ninguna intervención humana) gestionarán capital por valor de 987.000 millones de dólares. Casi un billón de dólares en nomenclatura europea, que se dicen pronto.

¿Cuál es la diferencia entre un Robo Advisor y un Quant Advisor?

Así lo asegura la firma de análisis Juniper Research en un documento publicado en EEUU. Y en él nos encontramos con una grata sorpresa: todo ese dinero apenas será un 25% de todo lo que los roboadvisors gestionarán dentro de cinco años. No en vano, las reticencias clásicas a un cambio de esta índole (dejar todo nuestro dinero en manos de un robot que ni tan siquiera podemos ver es tarea harto complicada para muchos) hace que los despliegues híbridos -en los que se combinan tecnologías automatizadas y supervisión humana- sigan siendo predominantes en este escenario más inmediato, copando el 66% del capital gestionado por sistemas de inteligencia artificial para 2022.

Un escenario muy a corto plazo, porque la pintura va a cambiar notoriamente si extendemos la mirada un poco más allá en el horizonte. El mismo informe detalla que los roboadvisors 100% autónomos crecerán en este período de análisis un 155% anual, mientras que sus hermanos más dependientes de los humanos lo harán a un ritmo del 69%. Calculando la tendencia, lo normal sería que, para finales de la década, la inteligencia artificial domine ya plenamente y sin ningún apoyo de carne y hueso los parqués de todo el mundo.

Los lectores de más edad estarán sorprendidos con la velocidad con la que -presumiblemente- van a sucederse los acontecimientos. Y es que, en un entorno tan tradicional como el de la Bolsa, no suelen producirse transformaciones de tanto calado en menos de una década. La respuesta a este suceso tan extraordinario radica en la incorporación de unos nuevos inversores a la ecuación, a los que les gustará ganar dinero, pero sin saber cómo. Cierto que esa es la premisa que a todos nos ronda la cabeza, pero es la que predomina sustancialmente entre los millenials, los nacidos a partir de 1980 y hasta los 2000, esos primeros nativos digitales. “Los millenials están alcanzando rápidamente la edad en que la idea de la planificación financiera es una consideración importante en sus vidas. Su total confianza en los algoritmos y su personalidad basada en ‘olvidar’ lo que no les apasiona impulsarán notablemente el uso de los servicios totalmente administrados de inversión”, explica el analista de Juniper Research, Steffen Sorrell.

Un despegue fulgurante, no exento de muchas dudas e incógnitas que ya se han planteado a raíz de las primeras manifestaciones de los roboadvisors en nuestras vidas. Una de estas preocupaciones tiene que ver con el comportamiento en cadena que pueden provocar estos bots: cuando una acción muestra una tendencia negativa, todos los algoritmos tratarán de vender ese valor, lo que generará a su vez una caída mucho más drástica de la que habría tenido lugar con analistas humanos de por medio. Pero el otro gran temor, el que retiene todavía a muchos inversores con sus brókeres humanos, es la ciberseguridad. ¿Quién puede garantizar que ese algoritmo no sea manipulado para el beneficio de sus creadores o de un ciberdelincuente que haya conseguido penetrar en él? ¿Cómo poder mantener ‘atado’ el algoritmo para que no caiga en trampas provocadas por personas que conozcan su funcionamiento y puedan crear condiciones de mercado que alteren su funcionamiento? Preguntas que tienen respuestas tecnológicas, pero no tanto calado social como para quedar en el olvido.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.