Innovación

Exabytes de información analógica en el ADN de las bacterias

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Escrito por Rafael Claudín

Investigadores del MIT logran desarrollar un método para incorporar al genoma de la bacteria E.coli ingentes cantidades de información.

El Synthetic Biology Center del MIT ha logrado todo un hito: han incorporado numerosas cadenas analógicas de información medioambiental en tiempo real en el ADN de una población de bacterias transformadas genéticamente. Los datos se pueden escribir, borrar y reescribir en cualquier punto del genoma. Y, lo que es más, se pueden transmitir, como el resto del genoma, a la siguiente generación de bacterias.

El equipo de investigación ha llamado a este sistema de grabación SCRIBE (Synthetic Cellular Recorders Integrating Biological Events). Y no deja de ser curioso que, como señala ExtremeTech, la clave de este hallazgo esté en un documento de hace 30 años en el que se describe una peculiar estructura genética encontrada en una bacteria. La estructura, conocida como “retron”, es una especie de memoria virtual que acompaña en paralelo al ADN convencional.

Pues bien, el MIT ha descubierto que dentro de la bacteria E.coli hay retrones que reaccionan a determinados elementos químicos, permitiendo un incremento en el combinado entre las cadenas paralelas de ADN. Así, esta cadena extra de ADN, hereditaria por si fuera poco, es capaz de conservar una grabación precisa del entorno químico que rodea a la célula.

No sé si ya te has perdido en algún punto de este complejo combinado genético. Podemos tomarnos un momento para respirar. Pero la cosa no acaba aquí. El siguiente paso fue introducir proteínas sensibles a la luz para permitir a los investigadores activar la grabación en momentos precisos mediante un interruptor lumìnico.

La capacidad de almacenamiento de datos sería además ingente. ExtremeTech habla de 455 exabytes por gramo. Con todo, el resultado no es sólo un almacén de datos, sino que permite incorporar “órdenes” para que la célula genere, por ejemplo, un antibiótico específico.

Los futuros desarrollos de esta tecnología pueden convertir la tecnología del futuro en complejos organismos vivos. Literalmente vivos. Como las naves espaciales cylon que eran organismos vivos en Battlestar Galactica. Con unas pocas horas de ciencia ficción en el cuerpo, uno ya se pone a especular en qué pasaría si esos organismos vivos superpoderosos se cansan de que juguemos con ellos.

Aunque el trabajo con estas supercélulas podría llegar algún día, también, a las del cuerpo humano, al que este tipo de tecnología podría dotar también de superpoderes especiales. Si dejan el argumento en manos de Luc Besson, las futuras habilidades de Scarlett Johansson serán infinitas. Sólo espero que si el trabajo con la bacteria E.coli sale rana, no le acaben echando la culpa al pepino español.

Sobre el autor de este artículo

Rafael Claudín

Rafa M. Claudín ha trabajado durante más de 15 años como periodista especializado en tecnología de consumo en medios como PC Actual, Computer Idea, Tech Style o la versión española de Gizmodo, además de colaboraciones en diversas revistas de videojuegos y otras más generalistas como QUO.