Innovación

Estudian cómo predecir las reacciones a los brotes de epidemias

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Escrito por Marcos Merino

Para los funcionarios de salud, disponer de la capacidad de anticipar las reacciones de la población sería una herramienta fundamental para minimizar riesgos.

A veces, la forma en que reaccionamos al brote de una enfermedad puede no hacer otra cosa más que empeorarla (por ejemplo, en casos de pánico colectivo en los que la gente huye del núcleo donde se originó el brote, contribuyendo a propagar así la enfermedad). Por eso, disponer de la capacidad de anticipar las reacciones de la población supondría dotar a los funcionarios de salud pública con una herramienta fundamental para minimizar riesgos.

Una herramienta que podría llegar ahora en forma de ordenador capaz de realizar predicciones basadas en la recopilación de datos sobre tres brotes recientes de enfermedades: (la SARS de 2003, y la gripe H1N1 de 2009 y su propagación tanto en México como en Hong Kong). recogidos en instalaciones sanitarias, medios de comunicación y redes sociales, y otras fuentes. Un modelo de ordenador desarrollado por investigadores del MIT y de las compañías Draper Laboratory y Ascel Bio.

De las redes sociales al hospital

Esta investigación, descrita en el último número de la revista Interface, se basa en una anterior que estudiaba el modo en que los comportamientos se propagan a través de las redes sociales. Como recuerda Marta González, profesora asistente de ingeniería civil y ambiental del MIT, la difusión de información/desinformación sobre brotes de enfermedades “no se había estudiado aún, y es difícil obtener información detallada sobre las reacciones de pánico: ¿cómo se cuantifica?”. Una forma de analizar esas reacciones es a través del estudio de la transmisión de noticias sobre los brotes, así como de los mensajes publicados en redes sociales, y su comparación con datos procedentes de los registros hospitalarios que muestran la incidencia real de la enfermedad.

Las reacciones institucionales

Otra cosa que tenemos que tener en cuenta es que el problema no reside únicamente en que una reacción inadecuada ante una epidemia pueda empeorar su gravedad, sino en que las consecuencias imprevistas de la reacción puedan ser más destructivas que la enfermedad misma: las restricciones a los viajes y al comercio pueden causar daños económicos o generar disturbios; y una mala estrategia de difusión de la información puede causar el colapso de las urgencias por parte de personas preocupadas por síntomas menores (lo que a su vez dificulta atender a los pacientes del brote).

Vía | MIT News
Imagen | Jose-Luis Olivares / MIT

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.