Energía

Trump tiene (cierta) razón: la dependencia europea del gas ruso

En 2016, las importaciones procedentes de Rusia cubrieron el 36% del consumo de gas de la Unión Europea, frente al 24% en 2010. El porcentaje rebasa el 80% en algunos países europeos como los Estados bálticos, Finlandia, Eslovaquia, la República Checa y Bulgaria.

El mercado europeo del gas se caracteriza por el aumento del consumo desde 2014, impulsado por la recuperación económica continua y el uso adicional de gas en el sector de generación de energía, en un contexto de caída de la producción en Países Bajos y Reino Unido que no ha logrado compensar el repunte en Noruega. De acuerdo con las previsiones del informe, la diferencia creciente entre el consumo y la producción en la Europa OCDE incrementará las necesidades de importación de los 200 billones americanos de metros cúbicos (bcm) de 2016 a cerca de 290 bcm en 2022.

Rusia, el mayor productor europeo de gas, es un candidato natural para satisfacer las necesidades crecientes de los países europeos. En 2017, Rusia suministró 192 bcm de gas a Europa, frente a los 159 bcm de 2015, y tiene aproximadamente 150 bcm de capacidad de producción adicional para hacer frente a la demanda de los próximos años. Este país proporciona gas relativamente barato a través de una intrincada red de gaseoductos hacia los países europeos y está desarrollando instalaciones de gas natural licuado.

La única alternativa a medio plazo para el gas ruso es el corredor que conectará Europa con los campos de gas en el Mar Caspio, que podría estar disponible a partir de 2020. Su capacidad inicial apenas representará 10 bcm, como recuerdan desde Crédito y Caución. Otra alternativa son las importaciones de gas natural licuado, que permite su trasporte en barco, de los principales productores del mundo, como Estados Unidos, Australia y Qatar. Con capacidad para regasificar alrededor de 230 bcm anuales, con una tasa de uso actual del 20%, Europa está bien situada para importar más gas natural licuado. Sin embargo, el informe recuerda que el gas natural licuado es más caro que el de gaseoducto.

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“Como las alternativas son limitadas, no esperamos que Rusia pierda su posición dominante en el mercado europeo”, afirma la aseguradora, cuyo informe recuerda la “preocupaciones sobre la seguridad energética” que genera la “creciente dependencia de las importaciones rusas”. En 2016, las importaciones procedentes de Rusia cubrieron el 36% del consumo de gas de la Unión Europea, frente al 24% en 2010. El porcentaje rebasa el 80% en algunos países europeos como los Estados bálticos, Finlandia, Eslovaquia, la República Checa y Bulgaria.

Esta alta dependencia genera una vulnerabilidad a interrupciones en el suministro, como ya ocurrió en 2006 o 2009, causadas por disputas políticas, comerciales o por fallos en la infraestructura. “La República Checa y Eslovaquia están algo mejor posicionadas que los Estados bálticos y Bulgaria debido a una mejor integración de la infraestructura con otros países de la Unión Europea. Sin embargo, todos los países de Europa Central y Oriental, en mayor o menor medida, son vulnerables”.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.