Innovación

Electroencefalogramas para sustituir al polígrafo

EEG
Escrito por Marcos Merino

La poca fiabilidad del tradicional polígrafo podría superarse gracias a una nueva técnica que detecta una onda cerebral delatora.

Todos habremos oído hablar del polígrafo o ‘detector de mentiras’, ese aparato capaz de registrar aquellos cambios fisiológicos que, como el ritmo cardíaco y la sudoración, sean una muestra de emociones. Dado que estos marcadores biológicos tienden a cambiar cuando se mienten, los criminólogos llevan mucho tiempo utilizando el polígrafo como una herramienta que ayude a detectar el engaño. Pero esta máquina cuenta con el inconveniente de que no funciona demasiado bien: dado que el nerviosismo o el temor pueden ser la consecuencia, por ejemplo, de un interrogatorio hostil, se generan una gran cantidad de falsos positivos. Por otra parte, también es posible generar falsos negativos con un poco de entrenamiento. Todo esto ha provocado que, aunque se siga usando rutinariamente por las fuerzas policiales, su uso ante tribunales no sea demasiado frecuente.

Sin embargo, el polígrafo cuenta con un rival mucho más preciso, las pruebas CIT (siglas de ‘concealed information test’ o prueba de información oculta). En ese caso, no se basa en la evaluación de respuestas biológicas, sino en detectar si el sospechoso reconoce algún dato que sólo el culpable podría conocer. Los primeros estudios en torno a esta técnica se realizaron usando polígrafos estándar, pero ahora John Meixner y otros investigadores de la Universidad de Northwest han emprendido una investigación en torno al uso de la electroencefalografía (medir las ondas cerebrales mediante un gorro con electrodos) para realizar las pruebas CIT. La utilidad de usar esta tecnología es que permite detectar una onda cerebral llamada P300, que se activa en nuestros cerebros durante una fracción de segundo cuando se les recuerda algo que han experimentado personalmente: la voz de la víctima, la descripción de un evento, la fotografía de un lugar, etc.

Para solventar las deficiencias de los estudios realizados hasta ahora en entornos de laboratorio, Meixner y Rosenfeld realizaron otro con voluntarios cuyas conclusiones publicaron el pasado miércoles en la revista Psychological Science. Los voluntarios llevaron consigo una pequeña cámara de vídeo durante cuatro horas de su rutina diaria, para a continuación ser interrogados por los investigadores en torno a palabras clave sobre lo que habían vivido. Las pruebas confirmaron la utilidad de las pruebas CIT para identificar información reconocida por los sujetos, sin falsos positivos.

Vía | National Geographic
Imagen | Tim Sheerman-Chase via photopin cc

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.