Innovación

El coche conectado, ¿el gran sensor del Internet de las Cosas?

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Los coches conectados serán el gran epicentro del Internet de las Cosas, gracias a la multitud de sensores que incorporarán y su carácter móvil. ¿Para qué se podrán utilizar?

Una de las tendencias más destacadas en el horizonte tecnológico es el Internet de las Cosas o, dicho de otro modo, la era en que los objetos sean dotados de inteligencia, sensores y comunicaciones suficientes para monitorizar distintas situaciones en tiempo real y hacer que los dispositivos hablen entre sí de forma automática.

De acuerdo a las cifras que maneja Cisco, actualmente más del 99% de las cosas del mundo físico no están conectadas. Para 2020, ya habrá más de 50.000 millones de dispositivos conectados en todo el mundo, expectativa que ABI Research rebaja a 41.000 millones e Intel a 31.000 millones. A su vez, Gartner refleja que ya existían más de 4.900 millones de objetos conectados en 2015, con la previsión de alcanzar los 20.800 millones para el final de la década.

Pero, por encima de todos estos sensores y dispositivos conectados, existe una figura que emergerá como epicentro de todo este nuevo ecosistema del IoT… con permiso de nuestros smartphones. Hablamos de nuestros coches, hasta ahora un simple medio de transporte pero que poco a poco se irá convirtiendo en una enorme máquina rodante de generar (y consumir) datos. ¿Qué tipo de información serán capaces de procesar? ¿Qué utilidades tendrán estos centros de datos con ruedas? Hagamos un ejercicio de imaginación.

Localización

Uno de los datos más obvios que van a recopilar los coches cobectados es la localización del vehículo. Ya sea mediante conexiones satelitales (GPS o Galileo) o por las redes WiFi cercanas, los automóviles inteligentes serán capaces de enviar a un servidor central la posición exacta y la ruta del coche, de modo que el sistema pueda recomendar no sólo la mejor ruta (como actualmente sucede), sino también incluso ofertas de establecimientos en las cercanías de nuestro destino o propuestas de ocio en función de la hora a la que nos movamos.

El historial de localización también dice mucho de nuestros hábitos de vida, con lo que los fabricantes tendrán en su mano una información de altísimo valor para los anunciantes y agencias de publicidad. Si las autoridades y asociaciones de protección de datos están preocupadas por lo mucho que las compañías saben de nosotros con nuestra navegación en Internet y las famosas cookies, imagínense cómo será cuando las marcas sepan exactamente qué restaurantes nos gustan más, cuál es el centro comercial que más frecuentamos o a qué hora nos gusta ir a tomar unas cañas con los amigos.

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En esa misma línea, los distintos coches conectados podrán hablar entre sí de modo que la información del tráfico esté actualizada en tiempo real, evitando accidentes y congestiones en las grandes ciudades. De hecho, en un caso todavía muy lejano, los datos de localización y velocidad de los coches autónomos se podrán combinar con los sistemas de smart city de modo que los semáforos se ajusten a la demanda real de automóviles e, incluso, sean eliminados por completo una vez que todos los coches sean capaces de ajustar su ritmo de modo que puedan adaptar su velocidad de forma automática para cruzarse sin colisionar.

Seguros de coche

Las aseguradoras y las autoridades de tráfico -en la medida en que la ley lo permita- serán los segundos mayores beneficiarios de la llegada de los coches conectados. En ese sentido, sensores que ya se están comenzando a implantar (como los de cansancio, salida del carril, distancia de seguridad, etc.) junto a parámetros tradicionales (como velocidad, frenazos o mantenimiento del coche) servirán para que las compañías de seguros puedan conocer mejor nuestra forma de conducir, determinando si somos buenos o malos conductores.

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Y, como la información es valor, las aseguradoras podrán usar esos datos para bajarle la póliza a los conductores que respetan las normas y muestran un estilo conservador de conducción; al mismo tiempo que podrán negarle o subirle el precio de la póliza a aquellos ciudadanos que representen un potencial riesgo de accidentes.

Datos meteorológicos

IBM sorprendió a propios y ajenos en 2015 al pagar más de 2.000 millones de dólares por The Weather Company, una firma especializada en información meteorológica y cuyos miles de sensores en todo el mundo representan una fuente de datos esencial para multitud de cálculos: desde el propio cambio climático hasta predicciones sobre agricultura, ventas de tiendas físicas o, paradójicamente, expectativas de tráfico rodado.

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Pues bien, los coches conectados representan una evolución sustancial en este aspecto, ya que pasaremos de contar con miles de estaciones meteorológicas a millones de vehículos en movimiento, capaces de ofrecer información en tiempo real del tiempo en todo el planeta. Y todo por un coste ínfimo (un sensor individual de temperatura, viento, etc,, ya disponible en la mayoría de coches actuales) y una buena red de comunicaciones.

Estado de la carretera

Y si los sensores del vehículo nos permitirán tener un ingente Big Data en tiempo real de las condiciones meteorológicas, no debemos olvidarnos de mirar hacia abajo, hacia el pavimento. En ese sentido, los coches conectados van a recopilar millones de datos sobre el estado de la carretera (nuevos baches, peraltes o cambios de rasante peligrosos, potenciales puntos negros en los que muchos conductores han frenado inesperadamente, etc.) con los que las autoridades encargadas de las infraestructuras podrán tomar mejores decisiones.

Se acabaron las inspecciones periódicas de las vías y los estudios externos para asegurar que las carreteras por las que circulamos cumplen con los máximos estándares de calidad: nosotros mismos, a través de nuestros propios coches, seremos los encargados de proporcionar estos datos al gobierno.

Emergencias

En cualquier caso, la funcionalidad más inmediata (y quizás la más relevante) de los coches conectados será la de asistirnos mejor en caso de emergencia. Así se entiende que, desde 2018, todos los vehículos que se vendan en Europa deberán incorporar el sistema eCall que permite llamar automáticamente al 112 en caso de accidente. Según los datos que maneja la Eurocámara, el dispositivo podría reducir en 10% el número de muertes en accidentes de tráfico.

En un futuro algo más lejano, los distintos sensores del coche podrían recoger todos los datos previos a un accidente, al más puro estilo de las cajas negras de los aviones. De esta forma, tanto la policía como las aseguradoras podrán conocer el contexto en que se ha producido un incidente, determinando mejor la causa del siniestro y la culpabilidad del mismo.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.