Innovación

Desde la Luna con amor

Luna
Escrito por Rafael Claudín

Con la Luna en interés creciente, esta semana hemos sabido de la lata de refresco japonés que llegará al satélite en el 2015 y de los planes de colonización rusos.

La Luna se ha convertido en protagonista involuntaria de asuntos muy terrenales en las últimas semanas. Muy al estilo Moonraker, la moderna guerra fría sigue lanzando sus tentáculos hacia la estratosfera, mientras la carrera espacial ha vuelto a una fase tipo “tonto el último”. Lejos de relajarse, la tensión entre Estados Unidos y Rusia que llevó a la ruptura formal, por parte de la NASA, de sus relaciones con Roscosmos ha subido de tono un poco más.

Rusia ha respondido a la NASA vetándoles el uso de su nave Soyuz. Dado que es la única cápsula que se utiliza en la actualidad para subir a la Estación Espacial Internacional, Roscosmos les está negando virtualmente el acceso. No parece más que una riña de enamorados, pero su tira y afloja está llegando a instancias, literalmente, muy elevadas.

Como señala Dvice, se trata además de un mal momento para separar las fuerzas en torno a la EEI, cuyo ciclo de vida acaba en el 2020. La propia NASA pretendía, precisamente, ampliar el período de vida de la Estación otros cuatro años, hasta el 2024. Con el acceso más inmediato vetado y las reducciones presupuestarias de la agencia, centrada en sus planes marcianos, las cosas se le ponen difíciles a la Estación.

Rusia, a la conquista de la Luna

Para más INRI, todo esto sucede en la misma semana en la que se han desvelado los planes de Roscosmos para poner a un hombre en la Luna en el 2030. No es un anuncio oficial, sino una noticia del periódico Izvestia que, según The Moscow Times, ha tenido acceso al boceto de un programa de la Academia de Ciencias Rusa. Según él, la agencia ha trazado un plan en tres fases que culmina con la llegada del hombre a la Luna en el 2030, después de enviar una nave robótica (2016) y unas primeras misiones tripuladas a la órbita de nuestro satélite (2028).

Sólo en la primera fase, Roscosmos espera gastarse, siempre según Izvestia, 28.500 millones de rublos (más de 589 millones de euros), mientras que las primeras estimaciones del coste de desarrollo y fabricación de la nave tripulada están en 160.000 millones de rublos (3.367 millones de euros). Mucho dinero, del que esperan tener un retorno comercial muy a largo plazo. Pero lo esperan.

Porque lo más interesante de todo el proyecto es qué van a hacer los astronautas rusos en la Luna: al parecer, establecer la infraestructura para una primera colonia utilizando los recursos disponibles en el propio satélite, infraestructura que podría contar con su propio observatorio astronómico. El documento señala el deseo ruso de posicionarse en la Luna para tener derechos de explotación futura o, dicho de forma más fina, “asegurar futuras oportunidades de uso práctico”. Quizá es el gancho comercial de Roscosmos a la hora de buscar la financiación privada que requiere semejante proyecto.

La primera publicidad en la Luna, en el 2015

No es descabellado que encuentren empresas interesadas. En Japón, la compañía farmacéutica internacional Otsuka, más conocida por su bebida isotónica para deportistas Pocari Sweat, va a financiar el primer alunizaje de una compañía privada. Si todo va bien, el hito tendrá lugar en octubre de 2015. Eso sí, la misión no puede ser más surrealista: van a llevar una lata gigante de Pocari Sweat, hecha con un kilo de titanio para que aguante en la Luna hasta que un ruso sediento pase por ahí. De haber conocido antes los planes de Roscosmos, el proyecto lo habría patrocinado Absolut.

A Otsuka le mueve el interés de ser la primera compañía que ponga publicidad en la Luna. Aunque junto a su Pocari Sweat añadan, a lo Carl Sagan, una placa de titanio con los sueños grabados de un puñado de niños afortunados de toda Asia. Esos niños recibirán unos anillos, los únicos capaces de abrir la lata, con “idea” de que se conviertan en astronautas y algún día vayan a buscar su premio.

En fin. Aunque la cosa no acaba ahí. Otsuka está financiando el proyecto de la compañía estadounidense Astrobotic Technology, con sede en Pittsburgh. Y el interés de Astrobotic Technology es hacerse con el premio Lunar X, otorgado por Google y dotado de 20 millones de dólares (14,6 millones de euros), para la primera compañía que lleve a la Luna un vehículo que pueda desplazarse 500 metros y transmitir a la Tierra fotos en alta definición.

Que ese vehículo sea una lata gigante de bebida es un asunto menor. O no, según se mire. Como recuerda The Verge, en realidad, el negocio principal de Astrobotic Technology es el desarrollo de tecnologías para acabar con la basura espacial. Quizá ir soltando latas en plan Los dioses deben estar locos no sea el mejor modo de promocionarse. Los dioses no sé, pero el mundo está loco, loco, loco; y la Luna va por el mismo camino.

Sobre el autor de este artículo

Rafael Claudín

Rafa M. Claudín ha trabajado durante más de 15 años como periodista especializado en tecnología de consumo en medios como PC Actual, Computer Idea, Tech Style o la versión española de Gizmodo, además de colaboraciones en diversas revistas de videojuegos y otras más generalistas como QUO.