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Conducción autopilotada: así la desarrolla Intel

Coche autónomo de Intel
Escrito por Redacción TICbeat

¿Es la conducción autopilotada un ejercicio de ciencia ficción? Mi hijo cumplirá tres años en el mes de agosto próximo. A pesar de su corta edad le encantan los coches. Cada vez que aparco en el garaje de mi casa, y una vez liberado del sistema de retención infantil, salta hacia la parte delantera y agarra el volante como si en ello se le fuera la vida.

Y disfruta como lo que es, un niño, imaginando que conduce el coche de su ‘papi’. Principios de mayo en un barrio de Madrid: muere una mujer atropellada accidentalmente por su marido, con movilidad reducida, quien al bajarse del vehículo para ayudar a su esposa, que había tropezado previamente, al parecer no desengranó la marcha atrás y el automóvil la aplastó contra una pared. Hace unos días en la Comunidad Valenciana, una joven que regresaba de marcha y, presuntamente, bajo los efectos de drogas y alcohol, arrolló a un grupo de ciclistas, matando a tres de ellos.

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Tres circunstancias, tres realidades en torno al mundo del automóvil que, con toda probabilidad, la década que viene –si no antes– serán historias del pasado. Y es que por mucho que queramos negar la realidad, por mucho que queramos mirar hacia otro lado, por mucho que nos empeñemos en engañarnos a nosotros mismos, lo cierto es que el avance de la tecnología es imparable, y la conducción autónoma en concreto es un tsunami de proporciones bíblicas que va a cambiar el panorama automovilístico tal y como lo conocemos, no sólo por la disrupción en cuanto al modelo de negocio en sí, sino, sobre todo, por la irrupción de nuevos jugadores ajenos a la industria: las empresas tecnológicas.

Junto con Google y Apple, Intel también quiere su porción del pastel de la movilidad del futuro, habida cuenta de que en el viaje hacia la conducción autónoma, el Big Data juega un papel fundamental, y el gigante de los microprocesadores es un auténtico referente a nivel mundial en cuanto a la gestión de datos se refiere.

Y tan en serio va Intel en este aspecto, que recientemente inauguró su laboratorio de conducción autónoma en San José, en pleno Silicon Valley (California), el centro mundial de la digitalización y la tecnología, y en donde parece que se está decidiendo el nuevo orden del planeta.

En este sentido, es innegable cómo los avances tecnológicos han supuesto un cambio de tendencia en cuanto a mejora de condiciones, y en el caso de la movilidad del futuro, la gente de Intel apela a una cifra escandalosa: según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las muertes relacionadas con el tráfico rodado ascienden a 1,2 millones en todo el mundo. Y los investigadores calculan que los vehículos autopilotados podrían reducir los accidentes en un 90%, salvando potencialmente 10 millones de vidas por década.

Con un argumento objetivo tan contundente, ¿quién se atreve a poner puertas al campo? “Tengo hijos que ya comienzan a conducir y se distraen, y padres de edad avanzada que ya no tienen los mismos reflejos que hace años y eso me produce tensión. Y cuando ves de lo que es capaz la conducción autónoma, que, además, te permite aumentar tu productividad porque puedes trabajar mientras acudes a tu trabajo, y lo rápido que aprende la tecnología, sólo veo ventajas a los vehículos autopilotados”, señala Kathy Winter, vicepresidenta del Grupo de Conducción Automatizada y directora general de la División de Soluciones Automatizadas de Intel, a AUTOBILD.ES,  único medio español invitado a conocer el nuevo ‘garaje’ del gigante tecnológico Intel en San José (California).

Proceso de aprendizaje del sistema de conducción autopilotada de Intel

El citado laboratorio en pleno corazón de Silicon Valley se une a los otros centros de Intel en Arizona y Oregon (EEUU) y Alemania, unas instalaciones creadas específicamente para explorar y entender mejor los diferentes requisitos relacionados con los vehículos de conducción autónoma y el futuro del transporte, incluyendo la detección sensorial, la computación de datos dentro del vehículo, la inteligencia artificial (AI), la conectividad y el soporte a tecnologías y servicios en la nube.

Para alcanzar los estándares hay que invertir mucho tiempo recabando datos, millones y millones de trillones de datos, para lo que Intel se apoya en multitud de compañeros de viaje, desde fabricantes de automóviles como BMW, pasando por proveedores auxiliares como Delphi o desarrolladores de navegación como Here. “Hay que partir de la base de que el cerebro de la conducción autónoma tiene que aprender como lo hace un cerebro humano. Tengo una hija de 16 años a la que estoy enseñando a conducir.

En el caso de una persona se necesita un mínimo de 100 horas alcance un cierto nivel de confianza, teniendo en cuenta que ya conoce el entorno en el que se mueve, sabe distinguir entre un peatón y una señal de tráfico, por lo que se requiere un millón de millas (1,6 millones de kilómetros) de rodaje”, explica Jeff McVeigh, vicepresidente del Grupo de Software y Servicios y director general de Productos de Computación Visual de Intel.

Conducción autopilotada Intel: aprendizaje

Y en esta fundamental recogida de datos juegan un papel esencial tecnologías desarrolladas por el gigante estadounidense como Intel Go, un portfolio de soluciones que incluyen el desarrollo de plataformas para la computación dentro del vehículo, plataformas de conectividad 5G, un kit de desarrollo de software y centros de datos. “Los pasajeros tendrán que confiar en la inteligencia artificial que orienta tanto al vehículo como los ocupantes.

Para minimizar el riesgo de accidentes, los fabricantes de automóviles tendrán que asegurar que los vehículos autopilotados puedan comunicarse entre sí, además de reconocer lo que los rodea, adaptarse a condiciones meteorológicas cambiantes, a estilos de conducción distintos [no se conduce igual en México que en EEUU], recibir actualizaciones de los mapas en tiempo real y evitar ciberataques”, señala Riccardo Mariani, director de Seguridad en el Internet de las Cosas de Intel. Según el gigante tecnológico, cada vehículo autopilotado generará cada día 4 terabytes de datos, es decir, 4.000 gigabytes por coche y día, una inimaginable e ingente cantidad de datos que sólo la tecnología 5G puede absorber.

¿Hay ya resultados tangibles de todos estos desarrollos multidisciplinares que está realizando Intel? Por una parte, AUTOBILD.ES pudo circular a bordo de un Audi SQ5 autopilotado y preparado por Delphi por tráfico urbano en San José, donde pudo comprobar cómo la tecnología es capaz de distinguir y reconocer peatones, semáforos y demás, así como adaptarse a las ‘amenazas’ y ‘riesgos’ que va detectando en el camino. Por otro lado, Intel, BMW y MobilEye anunciaron recientemente que una flota de aproximadamente 40 vehículos autopilotados (Serie 7), cuyo prototipo pudo ver AUTOBILD.ES en el ‘garaje’ de Intel, circularán a partir del segundo semestre de este año, con el fin de dotar de ‘inteligencia’ al BMW iNext en 2021, el primer modelo completamente autónomo de la marca bávara.

¿Para cuándo la conducción autónoma?

Hace un par de años se vislumbraba que el horizonte para la conducción autónoma sería 2030, aunque luego se adelantó a 2025. Ahora Intel y BMW hablan de 2021. Uno de los cofundadores de Intel, Gordon Moore, señaló en 1965 que “el número de transistores incorporados en un chip será doblado aproximadamente cada año, mientras que el precio de los mismos descenderá”. Esta predicción, que fue actualizada en 1975 (se habló entonces de que se doblaría el número cada aproximadamente 24 meses) y transformada en la Ley de Moore, lo que me lleva a preguntarme si la fecha de 2021 también haya que revisarla. “Estoy convencida de que la Ley de Moore también se podrá aplicar a la conducción autónoma y pueda adelantarse”, sentencia Kathy Winter.

 Reportaje publicado en Autobild.es por Gabriel Jiménez

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