Innovación

Compartir la potencia sobrante de nuestro smartphone en beneficio de la todos

Un proyecto español propone que usuarios se unan en un mercado común donde sea posible comprar o vender el uso parcial de los dispositivos personales o de propiedad comercial para almacenar información, ejecutar un programa, realizar minería de datos, etc.

Hoy en día hay millones de dispositivos infrautilizados en el mundo. La capacidad de almacenamiento, la velocidad de conexión, los sensores y el poder computacional de los portátiles, teléfonos inteligentes, enrutadores o estaciones base crece con cada nueva versión y lanzamiento de producto. ¿Por qué no poner todos esos gigabytes extra de memoria y esas poderosas unidades de procesamiento a trabajar colaborativamente y expandir así los servicios disponibles en beneficio de todos?

Según la ley de Moore —la cual establece que la capacidad de las computadoras se duplica cada dos años sin aumento del coste— es probable que podamos seguir comprando productos cada vez mejores y más útiles. Para la mayoría de nosotros, eso significa sobre todo un crecimiento exponencial de la velocidad operativa y del espacio de almacenamiento, pero la realidad es que la enorme cantidad de utilidades que ofrecen nuestros dispositivos no se utiliza en gran medida.

Investigadores de IMDEA Networks están explorando esta oportunidad de aprovechamiento tecnológico con su sistema ‘DisCoEdge’. En ese sentido, DisCoEdge tiene como objetivo repartir tareas computacionales pesadas y almacenamiento de gran tamaño entre múltiples dispositivos simples situados en el “borde” de Internet (por ejemplo, utilizando el enrutador de casa) o mediante el uso de los dispositivos inteligentes portátiles de cualquier individuo.

Esta idea abre la posibilidad de un nuevo concepto de negocio en el que usuarios a título privado o comercial se unan como si se tratase de un mercado que actúa como una red social, donde sea posible comprar o vender el uso parcial de los dispositivos personales o de propiedad comercial para almacenar información, ejecutar un programa, realizar minería de datos, etc. Este mercado colaborativo puede dar lugar a aplicaciones novedosas como pasajeros que colaboren para descargar y compartir contenido de entretenimiento durante el viaje, sistemas de almacenamiento corporativo (similares a Dropbox o Google Drive) sustentados por los teléfonos inteligentes y los portátiles de los trabajadores, o dispositivos domésticos que comparten espacio en disco para el almacenamiento en caché de videos y música.

Computación cuántica ‘para dummies’: pasado, presente y futuro

“El sistema aspira a la eficiencia energética y económica. No habrá necesidad de acceder a una red móvil o a usar WiFi para que el sistema funcione, ya que los dispositivos personales también podrán hablar entre sí mediante tecnología de comunicación dispositivo a dispositivo, como el Bluetooth, ya disponible habitualmente en teléfonos inteligentes”, explica Vincenzo Mancuso, uno de los dos investigadores que lidera el proyecto. “Sin embargo, es necesario que una entidad coordine y haga posible el intercambio seguro entre un conjunto de máquinas no necesariamente confiables. Aquí es donde entra en juego la tecnología de cadena de bloques o ‘blockchain’, ya que nos permitirá construir una infraestructura distribuida, transparente y cooperativa para asegurar las transacciones entre los usuarios”.

El desafío más importante que aborda esta iniciativa es que los dispositivos pertenecientes a personas o empresas deban compartir y acceder de forma dinámica y segura a diversos recursos computacionales disponibles en su entorno (por ejemplo islas WiFi, despliegues en redes domésticas, dispositivos de confianza que formen una nube para uso personal o comunitario, e incluso redes de radio móvil 5G). Esto requiere desarrollar una interfaz polivalente y nuevos protocolos seguros, ya que se debe tener en cuenta la presencia de usuarios que intenten sacar provecho sin contribuir o incluso atacantes y usuarios malintencionados que puedan obstaculizar el rendimiento del sistema o intentar robar información personal y comercial valiosa.

“Sabemos que para que la participación en este mercado revolucionario sea considerada rentable para las empresas y los propietarios privados debemos poner en marcha un sistema de incentivos y recompensas”, agrega Antonio Fernández Anta, el otro arquitecto del proyecto. “La idea clave detrás de DiSCoEdge no es generar un mercado de agentes libres, sino una plataforma que actúe como ‘broker’, esto es, como intermediario dentro del mercado, y que proporcione garantías. En nuestra visión, el broker hará que las transacciones sean transparentes y tengan trazabilidad gracias a la adopción de conceptos innovadores de blockchain”.

En este escenario colaborativo, cualquier persona puede sacar el máximo partido de sus inversiones en equipos tecnológicos potentes, generalmente caros, al tiempo que los dispositivos domésticos inteligentes (incluidos los televisores y electrodomésticos inteligentes), que son capaces de ejecutar aplicaciones de computación en el ‘borde’ y en la ‘niebla’, mejorarán su usabilidad. DisCoEdge también ofrecerá a los operadores de red otra oportunidad de abrir mercado en la venta de la capacidad de sus costosos sistemas de telecomunicaciones de una manera flexible que abarca no solo la comunicación, sino también el almacenamiento genérico y el poder computacional.

*Vía: IMDEA NETWORKS/DICYT 

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.