Innovación

Cómo la corrupción puede ser un lastre para la innovación

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La corrupción no solo es un problema político o social: también tiene su impacto negativo en la capacidad innovadora de los países.

El pasado año, en España se llevaron a cabo 112 procedimientos judiciales por delitos relacionados con la corrupción, con 659 personas acusadas de los mismos, según datos del Consejo General del Poder Judicial. Una lacra social que nos condena a las peores posiciones de los rankings internacionales sobre corrupción, a la cola de Europa, y que eleva la corrupción a los primeros lugares de las preocupaciones de la ciudadanía.

Sin embargo, y más allá del daño moral que causa la corrupción a la solidaridad inherente a la convivencia humana, lo cierto es que estas prácticas traen aparejados muchos otros problemas: desde la reducción de la recaudación de impuestos hasta la relación entre corrupción y otros delitos (como blanqueo de capitales, narcotráfico, etc.), pasando por su impacto sobre la capacidad de innovación de un país.

Como lo oyen: la corrupción supone un auténtico freno a la innovación producida en el interior de una nación. La explicación a este fenómeno radica en una premisa básica del funcionamiento empresarial: las compañías necesitan estabilidad política y transparencia para realizar fuertes inversiones. Y no hay mayor inversión que el I+D: se trata de grandes sumas de capital que se materializan en patentes y certificados de calidad que tardan años en rentabilizarse en el mercado.

Los países más corruptos del mundo desarrollado

Y esa es solo la punta del iceberg de cómo la corrupción impide la innovación en el mundo. Un estudio científico, publicado en 2016 por C. Paunov (Corruption’s Asymmetric Impacts on Firm Innovation, Journal of Development Economics, Volume 118) analizó los datos de 48 países en desarrollo y emergentes lastrados por la corrupción generalizada, encontrando tres correlaciones entre ambos conceptos:

Menos pymes innovadoras

A las pequeñas y medianas empresas ya les cuesta mantener el ritmo que marcan las grandes corporaciones en cuanto a I+D se refiere, debido a su menor capacidad económica para financiar sus proyectos más disruptivos. Añadir el componente de la corrupción no hace sino excluir por completo a las pymes de la ecuación.

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Y es que, según los investigadores, este tipo de compañías son las que más sufren el impacto de la corrupción, privadas de oportunidades debido a los favores políticos y las tramas de ‘amiguismos’ de las personas a cargo de la compra pública o las concesiones de ayudas y cooperación público-privada. De acuerdo a los autores del informe, las economías con más corrupción presentaban importantes brechas de rendimiento con algunas “islas de excelencia” en medio de un mar de innovación muy débil.

Las subvenciones y monopolios públicos

Si bien la corrupción no afecta a la propiedad de las patentes por parte de las empresas, lo cierto es que las prácticas ilegales sí afectan a los criterios para conceder estas patentes en aquellos estados donde no existen organismos independientes ni criterios objetivos para evaluar y conceder estos derechos. De hecho, los científicos detectaron que en varios de estos países en vías de desarrollo eran muy habituales los sobornos a funcionarios para registrar la propiedad industrial.

Eso mismo sucede en el caso de las subvenciones públicas: en los países más corruptos se echa en falta una lista objetiva de criterios de evaluación y se deja gran parte de la decisión sobre a quién financiar en manos de jurados o funcionarios susceptibles de recibir sobornos. “Con criterios objetivos, las empresas que se niegan a pagar sobornos pueden demostrar fácilmente que tienen derecho a recibir ayudas del gobierno”, indica el estudio, además de recomendar acabar con la diversificación en la prestación de las subvenciones públicas para acabar con esta lacra. “Los monopolios en la prestación de servicios públicos específicos debilitan las oportunidades para que los funcionarios corruptos busquen sobornos”.

Confianza, la clave

Como adelantábamos al principio del reportaje, la estabilidad es esencial para crear un ambiente que favorezca la innovación. Y como sustento de esa estabilidad encontramos la confianza en las instituciones públicas.

“Las instituciones públicas, incluido el sistema legal, las agencias de competencia y otros organismos reguladores, pueden mejorar las condiciones de innovación si crean entornos empresariales más confiables”, especifican los autores del estudio, reconocido incluso por el Foro Económico Mundial. La razón es que en estos entornos las empresas colaboran más, intercambian más conocimientos y establecen un sistema de gestión descentralizada más eficiente. Estos factores mejoran la innovación”.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.