¿Cómo cambiará la inteligencia artificial en 2018?

Escrito por Alberto Iglesias Fraga

La inteligencia artificial ha logrado algo que parecía impensable en los últimos meses: restar algo de protagonismo a la ciberseguridad como tendencia estrella de este 2017. En ese sentido, las continuas idas y venidas de los principales gurús del sector sobre la oportunidad y el peligro que esta tecnología trae aparejados ha ayudado a visibilizar este paradigma y contribuir a valorizar a los agentes que están implicados en su desarrollo.

Hablamos de un nuevo concepto de aproximarse al análisis de datos, a la automatización y a la experiencia de usuario que está afectando de forma transversal a todas las industrias, no importa en que sector estemos. Pero, pese a su enorme potencial, la realidad es que los proyectos que nos encontramos actualmente apenas han raspado la superficie de lo que entendemos por inteligencia artificial, con chatbots y pequeños algoritmos de visualización de datos como joyas de una corona que debe desembocar en auténticos entornos automatizados, en robots humanoides y en herramientas de negocio donde el factor humano deje de ser más un estorbo que un valor añadido.

Y si 2017 ha sido el año de posicionar la inteligencia artificial en la cima del interés colectivo, 2018 está llamado a ser el curso de la consolidación de esta tendencia en el mercado. Según Gartner, una de cada cuatro empresas ya ha implementado la IA en su seno o tiene planes de hacerlo a corto plazo. Por ello es fundamental conocer los siguientes pasos, los hitos más inmediatos que le esperan (nos esperan) por delante para llevar la inteligencia artificial al siguiente nivel.

El primer factor que debemos tener en cuenta ya lo hemos anticipado: la labor de divulgación y concienciación sobre esta tecnología ha de dar paso a la acción, a la inversión y la inclusión de partidas presupuestarias específicas para impulsar la inteligencia artificial en empresas y organismos públicos de todo el planeta. Al dato de Gartner podemos sumar otro que refleja con toda claridad que es el momento de dar este paso: el 80% de las grandes empresas mundiales ya están invirtiendo en IA (estudio de Vanson Bourne con Teradata), pero falta que se sumen las pequeñas y medianas empresas a la ecuación.

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De hecho, si nos atenemos a las actuales barreras para su implementación, la mayoría de las empresas admite que tienen carencias en sus infraestructuras de TI actuales como para afrontar esta revolución en ciernes (40%), mientras que otro 34% confirma que no tiene acceso al talento y los profesionales adecuados para poner en marcha un proyecto de inteligencia artificial con garantías (un problema clásico entre el tejido empresarial de menor tamaño). Otro 30% alude a la sempiterna falta de presupuesto (30%), mientras que otro nada desdeñable 28% apela a complicaciones regulatorias o políticas para justificar su lentitud en abordar este cambio.

Comienza la transformación del trabajador humano

Otro aspecto relacionado con la inteligencia artificial que pasará de la teoría a la práctica será el relacionado con el cambio de profesionales y la progresiva eliminación de puestos humanos dedicados a tareas que pueden realizar a un menor coste y con mayor calidad y seguridad las máquinas. El debate sobre cómo abordar esta situación -que no deja de ser una crisis social, admitida incluso por Hillary Clinton– no es nuevo, pero sí que puede anticiparse que 2018 será el curso en que los gobiernos tengan que comenzar a mover ficha para paliar sus efectos.

No debemos olvidar que pueden ser muchas las personas afectadas por esta reestructuración (tres millones sólo en el sector transportes de EEUU, según cifras oficiales), pero este miedo no está justificado ni por un pensamiento terriblemente pesimista, ni por la historia ni por el valor intrínseco del ser humano como motor económico. Recordemos que, pese a que la IA elimine algunas funciones en las compañías, no se tratará de nada que no haya sucedido ya en revoluciones industriales pasadas, en las que se fueron generando nuevas posiciones conforme se asentaba el modelo productivo propuesto. Así pues, otros estudios anticipan que la IA generará nada menos que 800.000 puestos de trabajo directos para 2021, lo que abre las puertas a lograr de nuevo el equilibrio antes de que acabe la próxima década.

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Para lograrlo, lo que hará falta sin duda alguna es una reflexión profunda sobre la formación, la capacitación digital y la concepción misma del trabajo que tienen muchos profesionales. Y es que, más allá del reciclaje de millones de personas mediante la enseñanza de habilidades STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), Gartner también predice que para el 2021, el 40% del personal de TI será “versátil” y tendrá que encargarse de múltiples funciones, la mayoría de las cuales serán comerciales, en lugar de meramente operativas o productivas (más propicias para las máquinas y los sistemas automatizados). Expandan esto al resto de áreas de la empresa y obtendrán una visión mucho más clara de lo ambicioso (y complejo) que va a ser este obligado proceso de reconversión laboral.

2018 será el año clave para conocer cuál va a ser la aproximación de cada gobierno (y entidades supranacionales como la Unión Europea) a este desafío, así como el compromiso que cada región vaya a adoptar respecto a la inteligencia artificial. De ello, de lo que suceda a partir del uno de enero, dependerá en gran medida el éxito y el liderazgo en esta parcela, actualmente disputado entre EEUU y China, al menos si nos atenemos al diagnóstico elaborado por la revista Forbes recientemente.