Innovación

Claros y oscuros de las fábricas inteligentes: un 25% menos empleo, 500.000 millones más ingresos

El ingeniero de procesos en la industria automovilística es uno de los perfiles más demandados a nivel profesional

Un estudio pone de manifiesto el enorme impacto económico que la industria 4.0 traerá aparejado, pero también la obligada reconversión laboral a la que nos veremos obligados.

Recibe muchos nombres (industria 4.0, revolución industrial digital o fábricas inteligentes) pero lo cierto es que la tendencia hacia la automatización de las fábricas (con la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas o el Big Data como pilares) es un tema candente por sus implicaciones económicas y sociales, así como por su impacto en toda la cadena de valor.

Un nuevo estudio, realizado por Capgemini, pone cifras a todas esas ventajas (y desventajas) asociadas a la industria 4.0. Por lo pronto, el informe asegura que gracias a sus inversiones en digitalización, la productividad de sus plantas crecerá un 27% en los próximos cinco años, lo que representaría una aportación de 500.000 millones de dólares a la economía mundial, según la estimación más pesimista. Cifra de escándalo, máxime si tenemos en cuenta que las empresas estiman que, para finales de 2022, el 21% de sus plantas serán inteligentes.

Tendencia que podría acelerarse todavía más en sectores como aeroespacial, defensa, producción industrial y automoción, en los que ya trabajan personas junto a máquinas inteligentes. De hecho, las estimaciones más optimistas hablan de que más de la mitad (60%) de las fábricas podrían ser inteligentes a finales de 2022 y que el aumento de la productividad aportaría hasta 1,5 billones de dólares a la economía mundial.

Gran parte de ese beneficio para el universo provendrá, aseguran los expertos, de la mejora de la productividad y una mayor flexibilidad en la explotación de las fábricas. Por citar tan sólo un ejemplo, un fabricante tipo de automóviles podría mejorar hasta un 40% su margen operativo gracias a la reducción de los gastos logísticos y de materiales, el aumento de la eficiencia de los equipos y la mejora de la calidad productiva.

Eso sí, todos estos cambios claramente positivos no están exentos de su contraparte negativa, o al menos controvertida. Hablamos de la obligada reconversión laboral por culpa de la automatización de tareas, algo que no esconden las principales empresas industriales del planeta. En ese sentido, las organizaciones prevén que los costes laborales directos en sus fábricas inteligentes se reduzcan un 25% en los próximos cinco años. Si bien el pronóstico a corto plazo es pesimista para los puestos de trabajo no cualificado con niveles salariales más bajos, muchas reconocen la gran importancia de la especialización y están actuando en consonancia: más de la mitad (54%) está proporcionado formación en competencias digitales a sus empleados y un 44% está invirtiendo en talento externo para cubrir el gap.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.