Innovación

Boeing permitirá que sus aviones ‘fumen’

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Escrito por Rafael Claudín

El fabricante intenta reducir su huella de carbono produciendo un biocombustibles basado en una planta de tabaco híbrida.

Boeing, en colaboración con la South African Airways y SkyNRG, está trabajando en un plan para producir combustible de avión biológico (el combustible, no el avión) con una nueva planta de tabaco como principal materia prima. Esta versión de biocombustible tiene la ventaja de que no se basa en un alimento y por tanto no estaría quitando el pan de ninguna mesa.

La planta en cuestión se llama Solaris, como el planeta de los deseos que ideó Stanislaw Lem, y se trata de una variedad prácticamente libre de nicotina. No sea que a los aviones les siente mal. No sea que los fumadores nos pongamos de uñas porque nos quitan el tabaco del papel de liar.

Sea como fuere, por el momento, lo único que se aprovecha de la Solaris son sus semillas, que al parecer son muy ricas en aceite. En la primera fase del proyecto sólo se utilizarán las semillas, aunque la compañía espera que en un futuro no muy lejano se desarrolle la tecnología necesaria para poder utilizar también el resto de la planta.

La reducción de la huella de carbono

Uno de los razonamientos contrarios al uso de biocombustibles es que, más allá de la materia prima que se utilice, el proceso de fabricación no es precisamente sostenible, como sucede con los coches eléctricos. En el caso del biocombustibles, hay un considerable consumo de agua y fertilizantes en su fabricación, a lo que hay que añadir los costes de transporte (y lo que podríamos llamar huella de carbono colateral).

Con todo y con eso, Boeing considera que con su nuevo plan podría reducir su huella de carbono entre un 50 y un 80 por ciento. Por poco que sea… bienvenido sea, ¿no? Según Gizmag, Boeing afirma además que está trabajando con la Roundtable on Sustainable Biomaterials para lograr que “granjeros con pequeñas parcelas de tierra cultiven un stock de semillas de biocombustibles… Sin dañar el suministro de comida, el agua fresca o el uso de tierra”.

Un tipo de cultivo así suena quimérico. En todo caso, la iniciativa al menos puede generar algunos puestos de trabajo, en concreto en Johannesburgo, que cuenta ya, al parecer, con cerca de 200 granjas que dan trabajo a entre 8.000 y 10.000 personas para generar 15 millones de kilos de tabaco al año.

No deja de ser irónico que los aviones, los primeros espacios que se libraron del humo de tabaco, acaben por ser alimentados de tabaco. Si la cosa prospera, podría ser una segunda juventud para una industria que ha sufrido numerosos reveses con las diferentes leyes antitabaco en todo el mundo.

Sobre el autor de este artículo

Rafael Claudín

Rafa M. Claudín ha trabajado durante más de 15 años como periodista especializado en tecnología de consumo en medios como PC Actual, Computer Idea, Tech Style o la versión española de Gizmodo, además de colaboraciones en diversas revistas de videojuegos y otras más generalistas como QUO.