Innovación

El auge de la biología sintética y el biohacking

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Escrito por Marcos Merino

Oliver Medvenik, uno de los grandes impulsores de ambas disciplinas, aborda un RADAR la situación actual de las mismas y sus retos de futuro.

¿A dónde se encamina la biología sintética? En primer lugar, vamos a dejar de lado los escenarios distópicos sobre desagradables virus modificados que escapan del biorrector que Junior se ha montado en el laboratorio de su habitación: el diseño de microorganismos virulentos está mucho más allá de la experiencia y el presupuesto de los biocoders que trabajan por libre. “Por otra parte”, aclara Oliver Medvenik, “es muy difícil mejorar en letalidad a la propia naturaleza […] los patógenos que ya existen son una razón más legítima para preocuparse”.

Así empezaba el artículo “La biología sintética en la cúspide”, publicado en la web de análisis e investigación sobre tecnologías emergentes de O´Reilly (Radar), en el que se abordan algunas de las posibles innovaciones (y los posibles problemas de regulación legal) vinculadas a la biología sintética, una disciplina derivada de la ingeniería genética y basada en la síntesis de sistemas complejos basados en la biología pero que realizan funciones que no existen en la Naturaleza. El amplio ámbito abarcado por la biología sintética determina su multidisciplinaridad, puesto que le permite acoger desde biotecnólogos a físicos e informáticos.

En el artículo, Medvenik prosigue abordando cómo podría utilizarse la biología sintética a nivel municipal: “No todas las ciudades podrían o querrían dotarse de una refinería de petróleo para abastecer sus necesidades de combustibles o químicos. Pero unos grandes conjuntos de biorreactores podrían proporcionar combustibles, medicinas o fibras no basadas en carbono, y son limpios, versátiles y baratos”. A Medvenik, director adjunto del Centro Maurice Kanbar de Ingeniería Genética, se le vincula públicamente al DIYbio que a dichas aplicaciones a escala industrial, pero también realiza una labor educativa fundamental desde Genspace, la organización sin ánimo de lucro que fundó para la enseñanza de biología molecular a nivel comunitario, lo que está permitiendo crear una base de jóvenes biohackers que, por ejemplo, podrán hacer posible en un futuro ese aprovechamiento urbano de la biología sintética.

Retos de futuro de la biología sintética

Muchos biohackers, a día de hoy, trabajan en laboratorios comunitarios y recurren a baratas máquinas PCR para replicar componentes biológicos y renunciar a la tediosa tarea de recrearlos desde cero. En cierta forma, la dinámica del biohacking se parece cada vez más al uso de plugins y extensiones de la informática. Para Medvenik, esta nueva disciplina se encuentra en el mismo punto en el que estaba la informática en torno a 1975, a las puertas de la revolución del PC. “Cuando aparecieron los PCs no había aplicaciones útiles”, aclara. “Pero luego aparecieron las hojas de cálculo y los procesadores de texto, y en muy poco tiempo nos hemos dotado de comercio online”. Aunque aclara que “no estoy diciendo que podamos establecer una correlación directa entre silicio y carbono”.

Por otra parte, Medvenik, interrogado por los malos usos que el poder político puede dar a esta disciplina (el artículo llega a plantear un “escenario Minority Report” con policías deteniendo a gente en base a sus marcadores genéticos), reconoce que realmente el que más teme a día de hoy es el de la mera prohibición, y cita concretamente la decisión de la FDA estadounidense de restringir la accesibilidad del gran público a las ventajas de la biología sintética con su prohibición de 23andMe, un kit que permite obtener la información genómica del usuario por 100 dólares (los laboratorios aprobados por la FDA cobran mucho más).

Imagen | Elfgoh

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.