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Un comentario vulgar en Internet puede costarnos el empleo

trollSe está produciendo actualmente lo que podría suponer un revés contra los comentaristas anónimos y trolls. El mes pasado se resolvió en los tribunales el caso de unos comentaristas anónimos que tuvieron que pagar importantes compensaciones a unas mujeres a las que atacaron con comentarios vulgares y ofensivos en un foro de Internet.

Anteriormente, una blogger anónima relacionada con el mundo de las modelos se vio obligada a revelar su identidad tras publicar numerosas entradas maliciosas en su blog sobre una colega. El escándalo más reciente dentro de esta tendencia de “dar a los trolls lo que se merecen” acarrea su propia controversia. Esta vez el comentario desagradable no condujo simplemente a una embarazosa revelación o una dura multa, sino que costó al troll su empleo.

Un comentario de una palabra le costó el trabajo a un empleado de un colegio

Un lector de la página Web del periódico St. Louis Post-Dispatch dejó un comentario de mal gusto en ella el viernes pasado en un artículo sobre “lo más raro que has comido nunca“. El titular prácticamente pedía a gritos una respuesta inmadura y gracias al anonimato de Internet, eso es exactamente lo que recibió. En la sección de comentarios del artículo, un usuario publicó una respuesta de una sola palabra referente a una parte de la anatomía femenina. Por supuesto, los moderadores de la página borraron rápidamente el comentario, pero éste pronto volvió a aparecer. Estaba claro que el joven responsable insistía en expresarse.

Sin embargo esta vez, en lugar de borrar simplemente el comentario en cuestión, el director de medios sociales de la página, Kurt Greenbaum, hizo una pequeña investigación. Descubrió que la dirección IP del autor del comentario procedía de un colegio de la zona… y aquí es donde la historia empieza a cobrar interés.

Greenbaum se puso en contacto con el colegio y les informó de la situación. En su defensa podemos decir que probablemente pensó que sólo estaba delatando a algún alumno travieso que aprendería una importante lección sobre el anonimato en Internet y estaría castigado una semana, o algo parecido. En lugar de esto, lo que sucedió es que un empleado del colegio perdió su trabajo.

Resulta ser que el comentarista en cuestión no era un simple joven después de todo, sino alguien con una mente “juvenil”. Greenbaum supo del despido al llamarle de vuelta el colegio seis horas más tarde para informarle de sus descubrimientos. Se habían dirigido al empleado, y éste había dimitido.

¿Se pasaron de la raya? ¿O se hizo justicia?

La cuestión que más se está debatiendo ahora mismo es: ¿fue demasiado lejos Greenbaum? ¿O acaso el autor del comentario tuvo lo que se merecía?

Mathew Ingram, el blogger y editor de comunidad del periódico The Globe and Mail de Toronto escribe en su blog personal (en inglés) que la página en la que trabaja ha tenido cientos y hasta miles de comentarios, la mayoría de los cuales son mucho peores que el que recibió Greenbaum, y que nunca se le ocurriría, ni se le ha ocurrido, ponerse en contacto con los jefes de los autores de los mismos. Opina que las acciones de Greenbaum son “excesivas” y, al parecer, muchos comentaristas de la página STLtoday.com están de acuerdo, y critican a éste por el incidente.

Sin embargo, el propio Greenbaum no parece arrepentido, y ésta fue su respuesta a un comentarista que le acusaba de odiar tanto la moderación que decidió despedir a alguien: “¡Sí, me ha pillado! Yo le obligué a entrar en su ordenador en el trabajo, visitar STLtoday.com’s Talk of the Day, leer el artículo, escribir una vulgaridad y pulsar la tecla enviar“.

A esta primera interacción ahora siguen dieciséis páginas de comentarios, y la mayoría parecen estar de acuerdo en que Greenbaum fue demasiado lejos, salvo por algún padre preocupado a quien no le gustaba la idea de que esta persona autora de obscenidades anduviera cerca de sus hijos en lugar de hacer su trabajo.

Moraleja: ¡Cuidado con lo que decimos!

No podemos criticar a Greenbaum por investigar. Cualquier blogger puede afirmar que ha sentido la tentación de revelar la identidad de quien le deja comentarios desagradables en alguna ocasión. Pero, ¿llamar al trabajo de alguien? Eso no está bien.

Sin embargo, aunque puede que Greenbaum haya estado gravemente equivocado al hacer lo que hizo, este incidente debería ser otro recordatorio aleccionador para todo troll de que lo que uno escribe puede resurgir y perseguirnos algún día. En la red no existe el anonimato actualmente, y gracias a las nuevas tecnologías como Facebook Connect, los tiempos en los que uno podía ocultarse tras una identidad falsa podrían estar contados. De hecho, la propia Facebook podría deber su éxito al hecho de que obligue a los usuarios a publicar con su nombre e identidad “reales”, comenta el blogger Kent Newsome. “Los nombres acarrean responsabilidad, y hay una correlación directa entre responsabilidad y comportamiento”, escribe.

Eso puede ser cierto, pero la cuestión es que la página Web de STLtoday permite hacer comentarios anónimos. Cuando uno toma la decisión de permitir esto, hay que contar con que algunos de ellos deberán moderarse. Forma parte del trabajo. Independientemente de la política de la página sobre vulgaridad, llamar por teléfono al jefe parece una reacción excesiva. Pero esto es sólo nuestra opinión. Nos gustaría saber qué opinan los lectores.

Imagen: usuario de flickr tandemracer

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