General Social Media

Intento de controlar Digg

Según la investigación publicada en Alternet se ha descubierto una campaña liderada por ultraconservadores en la que se pretendía silenciar sistemáticamente informaciones y a usuarios.
El autor del reportaje, Ole Ole Olson se centraba en un grupo denominado “Patriotas de Digg” que según él utilizaba una lista de correo de Yahoo Groups ahora borrada para distribuir las órdenes de enterrar más de 40.000 historias en los últimos 15 meses, “artículos sobre educación, homofobia, racismo, ciencias, medio ambiente, economía, desigualdad económica, acontecimientos en el mundo, los medios, energía ecológica y todas aquellas noticias que ellos consideren subversivas y liberales”, según Olson.

En perspectiva

El grupo parece mostrarse paranoico en general y creerse sometido a un ideario editorial liberal, y necesita realizar este tipo de esfuerzo organizado para contraatacar. La directiva corporativa de Digg cree que la nueva versión del sitio, lanzada recientemente, invalidará esa clase de conspiraciones.

Michele Husak, Directora de Comunicaciones, nos contaba que opinaba que el artículo de Alternet “ciertamente era una mirada interesante de los límites a los que llega la gente por crear la experiencia en Digg que consideran mejor”.

“Entretanto”, continuaba, “nos estamos preparando para lanzar nuestra nueva plataforma, que elimina la función de ‘enterrar’, y se centra mucho más en ofrecer una experiencia de noticias relevante y personalizada al permitir a los usuarios seguir perfiles de personas y usuarios que comparten contenido a quienes conocen y en quienes confían”.

No todos los conservadores de Digg abogan por enterrar indiscriminadamente el contenido liberal. En 2006, el enorme blog conservador HotAir animaba a usuarios de derechas a registrarse en el sitio y promover en Digg contenidos conservadores, pero también a respetar el objetivo y la ética del sitio. Aunque decenas de millones de personas visitan Digg cada mes para leer contenido procedente del crowdsourcing, el camino a la página de inicio del sitio está plagado de oportunistas que actúan en beneficio propio o de mala fe.

Los límites de la complicidad

La investigación de Olson ha revelado las amplias medidas adoptadas, incluyendo la creación de cientos de cuentas falsas de Digg por parte de muchos usuarios diferentes. Se ha identificado expresamente a al menos 70 usuarios de Digg que participaban en estas acciones.

Además de enterrar las historias por su temática, el grupo se dirigía a historias y comentarios de usuarios concretos a los que consideraban políticamente de izquierdas. Un usuario al que se escogía para enterrar indiscriminadamente era Andrew Sorcini, Mr.Babyman. Mr. Babyman es, con diferencia, el usuario con más éxito que ha tenido Digg nunca, en cuanto a cantidad de historias enviadas que llegan a portada del sitio.

“Aunque no me sorprende descubrir que estoy en una lista de usuarios a los que enterrar”, afirmó Sorcini cuando le preguntamos por la investigación, “me asombra que el número de participantes sea tan grande y estén tan organizados”.

En teoría, la versión de Digg que se lanzará muy pronto debería disminuir las posibilidades de éxito de conspiraciones como ésta. Muchos de los participantes en el grupo de “Patriotas de Digg” al parecer creían que nunca ha existido un algoritmo que determinase qué historias llegaban a la portada.

Esta idea se refleja en un mensaje de la lista de correo de los “Patriotas de Digg”:

No hay “algoritmo” en digg. El “algoritmo” probablemente consiste en un puñado de “emos” liberales bisexuales que se pasan el día bebiendo mimosas y por la noche se la cascan unos a otros. Cuando no están haciendo eso, tiran de unas cuantas palancas para sacarle dinero a una máquina que llaman “algoritmo” de digg.

Esta clase de comportamiento antisocial puede abrumar inevitablemente a cualquier tipo de sitio social de noticias. O puede haber una carrera armamentística entre los propietarios del sitio y grupos que actúen de mala fe.

Original: Marshall Kirkpatrick

Traducción: Marco Fernández

Sobre el autor de este artículo

Editorial RWWES