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Samantha Bradshaw (Oxford): “Las ‘fake news’ no necesitan cambiar muchas mentalidades, solo las mentes correctas”

Hablamos con Samantha Bradshaw, investigadora de la Universidad de Oxford, sobre el fenómeno de la desinformación, las fake news y la manipulación en redes sociales. Alerta de la expansión del problema más allá de la política, del riesgo de sobrerregular el tema o de la inacción de Facebook.

En 2014, un pequeño territorio europeo consiguió atraer la atención de todo el planeta: Crimea. Este pequeño pero estratégico trozo de tierra, con una identidad confusa y una historia de corazón partido, se convirtió en el objeto de disputa entre Ucrania (donde legalmente pertenece) y Rusia (potencia hegemónica que no dudó en retar al mundo para anexionarse la península). Un momento crítico en la historia reciente del Viejo Continente que trajo consigo algunas teorías conspiranóicas de lo más divertidas -salvo para los afectados-.

El máximo exponente de ello fue el accidente del vuelo 17 de Malaysia Airlines, un avión que se estrelló a 40 kilómetros de la frontera rusa matando a sus 283 pasajeros y los 15 miembros de la tripulación. A fecha de hoy, todavía seguimos sin saber cuál fue la causa real del incidente: Estados Unidos y Ucrania acusaron a Rusia (o milicias prorrusas) de haber derribado el avión con un misil tierra-aire, mientras que desde el bando opuesto se señaló al gobierno ucraniano de ser el causante del ataque. Dos versiones para una misma realidad, ninguna certeza.

Si a alguien le suena al vivo ejemplo de las ‘fake news’ y el fenómeno de la desinformación que vivimos actualmente, está en lo cierto. Así lo entendió una joven Samantha Bradshaw, hoy investigadora doctoral en la Universidad de Oxford y miembro del proyecto Computational Propaganda. “Ahí empecé a estudiar el tema de las ‘fake news’ y cómo éstas se relacionan con el pensamiento colectivo y la influencia sobre la vida política”, comenta.

Las noticias falsas y la ‘posverdad’: cómo Internet manipula el mundo

Su estudio comenzaría, no obstante, de manera formal en 2016, tras las elecciones norteamericanas que auparon a Donald Trump a la Casa Blanca. “Había muchísima información falsa en torno a la candidatura de Hillary Clinton, noticias basura (junk news) que son nefastas para la democracia y se propagaban a través de las redes sociales. En ese momento, todos pensábamos en Rusia como epicentro de esas campañas, pero ya había ejemplos anteriores y coetáneos de gobiernos extranjeros interfiriendo en procesos electorales de terceros países“, explica Bradshaw, citando el ‘brexit’ o los comicios en Filipinas, México o Nigeria como muestra del problema.

Hay un problema sistemático con la relación entre democracia y redes sociales. Pero en lugar de atajarlo, nos estamos centrando tan sólo en poner parches sobre los síntomas más evidentes, como las ‘fake news’, cuando el problema de fondo es cómo estas redes sociales moldean la realidad social y sus algoritmos pueden modificar la conciencia de la gente”, destaca la investigadora. “Además, en este particular juego, los bots, humanos y cuentas semiautomatizadas hacen parecer que la información se mueve de abajo-arriba (de la gente a los medios) y no de arriba-abajo (con estrategias organizadas por grupos de interés) como es en realidad”.

En la Universidad de Oxford, Bradshaw y su colega Philip Howard elaboran cada año un exhaustivo análisis de la desinformación, la manipulación y la propaganda a través de Internet en multitud de países del mundo. “Me sorprendió la cantidad de empresas privadas que han colaborado con gobiernos en este tema. Hay una enorme industria en torno a las ‘fake news’ y la manipulación en redes sociales“, señala.

En su informe, prácticamente ningún país se libra de estas prácticas, ya estemos hablando de democracias consolidadas o regímenes autoritarios. “En Europa, Reino Unido es el país más avanzado en estas técnicas, con un uso intensivo por parte de los partidos políticos para atacar a su rival. Y no hay que olvidar que el refinamiento de estas tecnologías comenzó en democracias como estados Unidos, donde se entendió en primer lugar el potencial y la utilidad de las redes sociales en las campañas electorales”, añade Samantha Bradshaw. “La única diferencia radica en el uso que se hace de la manipulación: en las dictaduras se suele dirigir la propaganda contra sus propios ciudadanos con el fin de perpetuar el régimen, mientras que en las democracias son los partidos los que usan estas técnicas y también se sufre la influencia de gobiernos extranjeros -principalmente Rusia o China- sobre los comicios”.

El papel de Facebook & cía

Por supuesto, todo el fenómeno de la desinformación ha puesto en el punto de mira a las plataformas que acogen y potencian (siempre en favor de la viralidad) estos contenidos maliciosos y totalmente absurdos. Facebook, tras el escándalo de Cambridge Analytica, es solo la punta de lanza de un problema que atañe también a YouTube, Google o Twitter.

Sobre este tema, Samantha Bradshaw explica que el problema “son los recursos limitados que las plataformas dedican a la moderación de contenidos”, por no hablar de “un sesgo norteamericano en cuanto a idioma y valores en la lucha contra las ‘fake news’ en países más pequeños”. Acerca de los cambios prometidos y anunciados a bombo y platillo por Mark Zuckerberg para poner freno a este problema, la investigadora opina que “no se han notado demasiado. Y, de hecho, si miramos los términos y condiciones de Facebook, sigue siendo el mismo texto. Se trata únicamente de un mensaje al público lanzado al calor del escándalo de Cambridge Analytica, pero que necesita de esfuerzos reales”.

Y lo peor está por llegar

El estudio que cada año elabora el equipo de Computational Propaganda de la Universidad de Oxford no deja lugar a dudas: el número de incidentes y países afectados por la desinformación y la manipulación online no deja de incrementarse curso tras curso. Además, y esto es lo más grave, el fenómeno está comenzando a extender sus tentáculos más allá de la política.

Quién está detrás del negocio de las noticias falsas

“Amazon, TripAdvisor o Yelp ya están sufriendo graves problemas en sus sistemas de recomendación debido a la automatización y las cuentas falsas. Nos estamos enfocando mucho en el ámbito político, pero esto también está pasando en el terreno comercial y poco a poco se irá extendiendo a otros campos como la ciencia, el medio ambiente o los movimientos antivacunas“, destaca Samantha Bradshaw. “También estamos viendo los primeros casos de campañas de ‘fake news’ en torno a temas tecnológicos, como el impacto de la inteligencia artificial o los robots sobre el empleo”.

Bradshaw aprovecha la ocasión para alertar de otras grandes tendencias que amenazan con echar más carne en el asador de las ‘fake news’: “Ya estamos viendo algunas estrategias de manipulación empleando la tecnología de asistentes virtuales como Alexa o Google Home. Y, por el lado contrario, existe un riesgo muy alto de sobrreregulación en esta materia, especialmente en países como Alemania“. No en vano, y apelando al caso germano, la investigadora señala que “hay un peligro de censura colateral y de perder los valores originales de las redes sociales, como es la libertad. Hay otras formas de gestionar el problema sin caer en la sobreregulación ni poner en peligro a los creadores de contenido, como la educación y la formación de la sociedad”.

¿Hay alguna posibilidad de que este problema caiga en el olvido en un futuro cercano? Bradshaw dice que no. ¿Frenar el acceso de gran parte de la población a las ‘fake news’ podría ser la solución? He aquí la conclusión final y dilapidante de la científica: “Quizás no hace falta cambiar demasiadas mentalidades, solo las mentes correctas”.

*El encuentro con Samantha Bradshaw no habría sido posible sin la colaboración de Microsoft, en el marco del Data Summit celebrado en septiembre en Dublín.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.