Rodrigo Silva: “Huyo del concepto de pelotazo en el emprendimiento”

Escrito por Alberto Iglesias Fraga

Rodrigo Silva-Ramos es uno de los rostros que, a finales de la década de los 2000, copaba portadas e interés nacional por su espíritu emprendedor. No en vano, de él salió la idea de crear Geeksphone, un fabricante de teléfonos móviles con carácter español que lanzó sus primeros terminales en 2009 y que acabaría por cesar su actividad en 2015 al entender que no podían competir contra los grandes del sector.

Tras la experiencia de Geeksphone, otros fabricantes españoles -como BQ, Wolder, Mywigo o Energy Sistem- sí han logrado consolidarse con más o menos acierto en el mercado, pero eso no ha la quitado las ganas de seguir intentando crear nuevas iniciativas a Silva. Ahora, este empresario está al frente de dos compañías (GeeksMe, dedicada a la fabricación de wearables y otros dispositivos inteligentes, y Urvan, una app de belleza en movilidad recién lanzada). A propósito de esta última, en TICbeat hacemos repaso con él de su trayectoria y lecciones aprendidas.

Yo encuentro mi propia coherencia en ambas operaciones. en el fondo soy un enamorado de la tecnología y creo que la tecnología ha cambiado mi vida por complet, que es un componente muy importante en nuestro desarrollo. La innovación se basa en la pasión de descubrir lo que está por surgir: en Geeksphone queríamos hacer el teléfono de nuestros sueños, algo muy utópico, pero todo emprendedor es utópico cuando te imaginas cosas que son muy difíciles… pero con trabajo esa hoja en blanco se convierte en una realidad.

Geeksphone: “Ya no hay espacio para la innovación en la telefonía móvil”

Y eso engancha. Por suerte, he estado en el momento y en el lugar correcto porque lo más importante es el camino y eso nos lleva a seguir luchando: cuando hay una dificultad nos motiva más

Cuando hay algo que no funciona, de ahí sale la inspiración principal. Con Geeksphone, en aquel momento estábamos muy atraídos por la telefonica movil pero no queríamos estar vinculados a un operador, queríamos que el telefono fuera tuyo. Buscábamos ese componente de libertad, poderte meter en las tripas del teléfono y mejorarlo por ti mismo en una época de los teléfonos bloqueados.

Con Urvan sucede lo mismo. Surgió de una necesidad de uno de los socios, Quique Arránz, quien es consultor y trabaja muchas horas. Él no tenía tiempo de ir a la peluquería y había que encontrar la forma de prestar ese servicio para gente como él, tan ocupada y que necesitaba esos tratamientos de belleza adaptados a su agenda. De ahí, Urvan evolucionó mucho en este año de vida, orientándose más hacia las mujeres y el hogar. Es clave tomar la temperatura cada día al negocio y lo que pide el público, porque es el servicio el que va al cliente, no al revés.

Hacemos encuestas, también llevamos a cabo análisis de mercado y, sobretodo, escuchamos a la gente. En el caso de Urvan, lanzamos el concepto y vimos que la demanda venía de señoras y poderlo detectar a tiempo es lo que te permite pivotar, adaptarte y tener un rumbo más preciso. También nos dimos cuenta de que nos habíamos enfocado mucho a los clientes al principio, pero también había que poner en el centro al profesional: si está satisfecho, la calidad del servicio será mayor.

Estamos doblando la facturación mes a mes, contamos ya con 30 profesionales en Madrid y hemos llevado a cabo unos 3.000 servicios. Tennemos miedo de morir de éxito, hemos estado muchas veces al borde, por eso queremos crecer pero de manera comedida, lógica, que el sistema aguante.

Ya estamos abriendo en Valencia y pronto llegaremos a Sevilla, Málaga, Bilbao y Barcelona. Será antes de febrero o marzo del año que viene.

Estamos ultimando todo el tema de multipricing: cambiamos el precio de cada servicio según la hora y el día que sea. Es un modelo más dinámico que al principio no lo habíamos pensado pero la hemos ido probando y estamos muy satisfechos.

Habíamos mirado hacia Francia y Reino Unido, donde ya había muchas plataformas con modelos semejantes, de dotar de movilidad a la belleza. Se trata de un sector en auge y hemos certificado que muchas empresas de belleza están cambiando, por ejemplo, los botes de producto para facilitar la movilidad. Hay tres o cuatro startups parecidas en España, pero en fases más iniciales. Además, nosotros huimos del concepto de marketplace, porque queremos mantener el nivel de calidad: por cada proveedor que admitimos en la plataforma hemos tenido que probar a cinco. Gracias a eso tenemos un 67% de recurrencia en el servicio.

Tenemos esa ambición, pero no tenemos una fecha precisa, en cualquier caso pasará más de un año.

Lo cierto es que estamos en una situación privilegiada gracias a toda la historia con Geeksphone, de la que creamos un grupo de empresas que incluye su propia incubadora y fondo de inversión. Por eso, todo el capital es propio y va a seguir siendo así hasta un horizonte a corto/medio plazo. Queremos gozar de la libertad e independencia de crear las bases de un negocio que se pueda extender y crecer. Luego estará bienvenida la capacidad inversora de un venture capital, pero de nuevo no hasta dentro de un año. También huyo de la idea de montar esto para venderlo: no existe el concepto de pelotazo en el emprendimiento, hay esfuerzo y trabajo detrás.

Éramos una pequeña empresa en un mundo de monstruos y el mercado ya no tenia capacidad de innovación. Geeksphone no fue un fracaso: fue premeditado cerrar cuando vimos que los valores iniciales ya no seguían siendo los mismos. A corto plazo/medio plazo no tenemos ambición de lanzar un móvil porque no creemos que podamos aportar nada. Por el contrario, nos hemos centrado, además de en Urvan, en GeekMe,  que fabrica wearables como el colchón inteligente de Pikolin, y que ya entró en break even este año.