Empresa

Un estudio español define qué es y qué no es economía colaborativa

Escrito por Marcos Merino

El estudio ha sido realizado por Sharing España y la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital).

La Asociación Española de la Economía Digital (Adigital) y Sharing España, el colectivo que agrupa a las empresas españolas de economía colaborativa, presentaron esta semana “el primer estudio que define qué es y qué no es economía colaborativa y clasifica las actividades que tienen lugar dentro de las plataformas digitales que operan en este sector”.

En los últimos años han sido numerosas las startups que han nacido y crecido bajo el paraguas de la etiqueta ‘economía colaborativa’. Pero la popularización de este término también ha generado con frecuencia cierta confusión sobre su significado real. José Luis Zimmermann, director general de Adigital y portavoz de Sharing España, explicó durante la rueda de prensa de presentación del estudio la diversidad de criterios con la que el sector tiene que lidiar continuamente para identificar qué entra dentro de la economía colaborativa.

Por ello, el documento se plantea arrojar luz sobre este término distinguiendo entre 3 fenómenos, determinados fundamentalmente por el rol que desempeñan en ellos las plataformas:

Economía colaborativa

Entran dentro de la economía colaborativa aquellas modelos en los que una plataforma digital actúa como intermediaria, facilitando la utilización, el intercambio o la inversión de bienes o recursos, entre iguales (particulares o empresas), o entre particulares y empresas, con o sin contraprestación económica.

En esta categoría hay ejemplos ya tradicionales como el alquiler de viviendas entre particulares (AirBnB o Couchsurfing), prácticas como el carpooling (Blablacar o Amovens), el crowdfunding (Goteo, Verkami) o la compra-venta y alquiler de objetos de segunda mano (Relendo o Wallapop).

Economía bajo demanda

Frente al modelo colaborativo, en la economía bajo demanda se establece entre los usuarios una relación comercial. Engloba, por tanto, aquellos modelos de consumo y provisión de servicios en los que la plataforma actúa de nuevo como intermediaria, pero ahora entre un profesional (que presta el servicio) y un consumidor, cuando dicho servicio se adapta a las necesidades y preferencias del usuario. En este caso, es habitual que haya contraprestación económica y ánimo de lucro.

Formarían parte de este grupo los servicios proporcionados a través de plataformas como UberX o Cabify (transporte), o Etece (microtareas).

Economía de acceso

Por último, prácticas como el carsharing y el coworking dejan de clasificarse como economía colaborativa para considerarse economía de acceso. Tal y como aclara el texto, en este caso, es la empresa la que proporciona el servicio y “pone a disposición de un conjunto de usuarios unos bienes para su uso temporal, adaptándose al tiempo de uso efectivo que requieren dichos usuarios y flexibilizando la localización espacial de los mismos”.

Ejemplos de esto sería Bluemove o Car2Go, que permiten compartir un coche, propiedad de la empresa titular de la plataforma, entre varias personas de manera no simultánea. Y lo mismo sucede con los espacios de coworking que permiten alquilar zonas de trabajo por periodos de tiempo corto o de mayor duración.

Imagen | C!…

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.