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Toshiba planea declarar Westinghouse, su unidad nuclear, en quiebra

Sigue la crisis de Toshiba: después de salvar in extremis los muebles con la banca, la compañía japonesa declarará en quiebra su filial nuclear al tener que asumir sus pérdidas por valor de 9.000 millones de dólares.

Empieza a resultar complicado sintetizar toda la serie de acontecimientos que han llevado a Toshiba, antaño emblema de la técnica japonesa, a una situación de crisis absoluta en la que cada semana nos levantamos con una nueva noticia que amenaza con echar el cierre final a la compañía. La de hoy es la decisión de declarar su problemática unidad nuclear, Westinghouse Electric, en quiebra.

Este movimiento, adelantado por Reuters, se producirá el próximo día 31 de marzo tras reconocer Toshiba un impacto negativo de más de 1 billón de yenes (9.000 millones de dólares) en su negocio a causa del caos imperante en Westinghouse, unos 300.000 millones de yenes más de lo previsto inicialmente.

La quiebra (acogiéndose al Capítulo 11 de la normativa norteamericana, equivalente a la suspensión de pagos en España) permitirá a Toshiba salvar los muebles ante futuras (y más que probables) pérdidas de su filial nuclear. No en vano, hemos de recordar que Westinghouse está inmersa actualmente en varias crisis con un par de proyectos nucleares en Estados Unidos cuyos sobrecostes han superado cualquier previsión lógica de los analistas, tanto los internos como los independientes a la marca japonesa.

Y esto sólo es el último escalón en la decadente trayectoria de esta compañía en los últimos años. Tras su sonadísimo escándalo contable de 1.300 millones de dólares, Toshiba llevó a cabo recortes a millares en su plantilla, además de plantearse la venta de varios activos estratégicos como sus sensores de imagen (comprados por SONY) o su negocio de sistemas médicos (en favor de Canon). Posteriormente, la multinacional nipona se vio obligada a abandonar lucrativos mercados como el de consumo y, más recientemente, ha tenido que poner su negocio de memoria como aval para evitar que los bancos embargaran toda la empresa ante la imposibilidad de hacer frente a los pagos de su abultada deuda.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big de Telefónica, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo y Finalista en los European Digital Mindset Awards 2016.