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¿Qué es el ‘bootstrapping’? La financiación ¿ideal? de cualquier empresa

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Siempre pensamos en el capital riesgo o los préstamos bancarios. Pero existe otra forma de financiar el desarrollo de una empresa, una vía orgánica, más complicada de llevar a cabo pero con grandes ventajas. Se llama bootstrapping, y es la financiación ideal de cualquier compañía.

Uno de los asuntos más cruciales que afrontan las startups en sus primeras etapas de desarrollo es la financiación, conseguir ese dinero tan necesario para que la compañía pueda triunfar. Y, normalmente, se habla de tres únicas vías para obtener ese capital: acceder a capital semilla/capital riesgo (según la etapa de madurez), pedir un préstamo bancario o tirar de amigos y familiares para que apuesten por nuestra aventura (o de la comunidad, mediante el crowdfunding).

Más complicada de conseguir es la cuarta alternativa de financiación que, sin embargo, es la más tradicional y la que presente un devenir más natural: la autofinanciación. O, como se le denomina en inglés, bootstrapping.

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Así pues, bajo el término de bootstrapping hacemos referencia a la financiación de las actividades de la startup con sus propios ahorros y los ingresos generados con su facturación, en lugar de depender de financiación externa en forma de inversiones de capital o préstamos.

A favor del bootstrapping

Los aspectos positivos del bootstrapping son dos y están más que claros: el emprendedor mantiene el control total sobre su negocio y se evita hipotecar el futuro de la compañía ante una valoración de los inversores demasiado exagerada o un préstamo imposible de devolver.

Sobre el primer punto, conservar la independencia de la gestión puede ser fundamental, especialmente cuando se trata de ideas individuales que no se desea acaben siendo usurpadas por un consejo de administración impuesto por los accionistas. Igualmente, se garantiza que la hoja de ruta dibujada en la mente del fundador se mantendrá inalterable sin presiones externas para acelerar el ritmo de ventas o pivotar de forma anómala el proyecto.

En cuanto a la segunda ventaja, la de no hipotecar el futuro, la conclusión es bien sencilla: al no tener que preocuparse de contentar a los fondos deseosos de rentabilizar su inversión o de devolver los intereses de cualquier préstamo, el emprendedor puede centrarse en lo verdaderamente importante, la gestión de su propio negocio. Igualmente, mediante el bootsrapping se evitan burbujas, especulaciones y despilfarros, ya que no existe más capital que el generado orgánicamente por la propia empresa.

En contra del bootstrapping

Pero si tan bueno es el bootstrapping, ¿por qué apenas hay startups que opten por esta vía, en detrimento de buscar a la desesperada inversión de los fondos semilla? La respuesta es contundente: para que la autofinanciación funcione no sólo hay que tener un producto viable y comercializado, sino muchos clientes.

Y es que, puesto que el crecimiento paulatino de la empresa depende de los ingresos generados con la facturación hay que fidelizar una cartera de clientes importante desde el principio. Un factor que, especialmente en los proyectos tecnológicamente más complejos, no siempre es posible.

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Igualmente, optar por el bootstrapping exige un nivel de compromiso mucho mayor que cualquier otra vía, ya que -en sus primeras etapas- se debe reinvertir todos los recursos generados para mejorar el producto o servicio. Esto supone tener que renunciar a los beneficios generados desde el primer momento hasta conseguir consolidar el proyecto en el mercado. O lo que es lo mismo: trabajar sin cobrar hasta que la empresa tenga un flujo de caja suficiente y esté asentada en su sector.

Los 10 principios de Guy Kawasaki

Cuando se habla de bootstrapping, en las principales escuelas de negocios citan a un experto en innovación, Guy Kawasaki, quien diseñó lo que podríamos llamar el decálogo de la autofinanciación. Un modelo de consejos que todo emprendedor debe conocer antes de invertir sus ahorros en un proyecto:

  • Céntrate en la caja, no en la rentabilidad.
  • Planifica de abajo a arriba.
  • Primero entrega y luego prueba.
  • No existe el equipo “con experiencia”.
  • Empieza como empresa de servicios.
  • Pon foco en la función, no en la forma.
  • Escoge bien tus batallas.
  • Siempre ve escaso de personal.
  • Ve directo al cliente.
  • Posiciónate contra el líder.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.