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¿Es mejor ser autónomo o crear una sociedad limitada?

mejor ser autonomo o crear sociedad limitada
Escrito por Óscar Condés

A la hora de emprender, es habitual tener dudas sobre la forma jurídica que se debe elegir para el nuevo negocio y si conviene ser autónomo o crear un SL.

Éstas son las formas más comunes para iniciar una empresa pero, como es lógco, cada una tiene sus ventajas e inconvenientes. Por eso, es interesante conocer las diferencias para poder elegir la más adecuada para nosotros.

Decantarse por una u otra dependerá finalmente de varios factores, algunos de tipo económico y comercial, y otros de tipo personal. Por supuesto, no existe un regla fija que nos pueda decir cuándo es mejor una forma jurídica u otra, pero sí hay pautas y criterios que pueden ayudar al emprendedor a tomar su decisión:

  • Constituir la empresa. Comenzar una actividad profesional como autónomo es un proceso mucho más rápido y sencillo que montar una S.L. Los trámites de ésta requieren de una burocracia que hace que su constitución suela demorarse varios días, mientras que el autónomo en principio puede estar funcionando con todas las de la ley en un único día.
  • Costes. El tema del dinero es, desde luego, de lo más importante, ya que los costes de una forma jurídica y otra son notablemente diferentes, a favor del autónomo. Primero porque al requerir más papeleo, un gestor la Sociedad Limitada puede cobrarnos bastante más que los que lo haría por darnos de alta como autónomo (un proceso que incluso podríamos realizar nosotros mismos de forma gratuita). Además, a la hora de llevar nuestras cuentas también pagaremos más siendo una sociedad, ya que la contabilidad es bastante más complicada.
  • Aportaciones necesarias. Como sabréis, al crear una sociedad es necesario aportar un capital mínimo, en el caso de la S.L cifrado en 3.000 euros. Este dinero se puede retirar una vez constituida la empresa, y forma parte del capital de ésta, pero en cualquier caso es necesario este desembolso previo que, sin embargo, no es obligatorio para un autónomo.
  • Responsabilidad. Aquí los autónomos tienen claramente todas las de perder, ya que darse de alta en el RETA significa convertirse en empresario único y físico, lo que implica que ante posibles deudas debe hacerse cargo de ellas con su patrimonio personal, mientras que en las S.L la responsabilidad está limitada al patrimonio de la empresa. Es decir, si las cosas no van bien y hay que cerrar, la responsabilidad recae exclusivamente sobre el autónomo, que tiene que responder a las deudas contraídas con su propio patrimonio personal (incluída su vivienda), mientras que en las S.L. el grado de responsabilidad es limitado.
  • Impuestos. Aquí tenemos otra de las grandes diferencias, ya que los autónomos tributan vía IRPF mientras que las S.L lo hacen por el impuesto de sociedades. Como podéis suponer, la la primera opción, la del autónomo, es mucho más sencilla.
  • Financiación. Aquí ganan claramente las sociedades, ya que gozan de mayor prestigio (se supone que inspiran más confianza) que un autónomo individual. Por ello, si es necesario pedir un crédito o una subvención, estar constituido como S.L ofrece más puntos para lograrlo.
  • Imagen proyectada. Se supone que la imagen exterior que proyecta una sociedad es más seria y formal que la que pueda dar un autónomo al ofrecer una sensación de mayor seguridad y solvencia.

Luego ¿cuál es la mejor?

De acuerdo a lo que hemos comentado, cada emprendedor debería plantearse las ventajas de uno y otro sistema, aunque la mayoría de expertos tienen una recomendación clara: Lo más conveniente al comenzar un negocio es hacerlo en forma de autónomo y, más adelante (y si el proyecto va bien), plantearse el cambio a una Sociedad Limitada. Hasta que el negocio sea viable y funcione, es mejor no asumir mucho riesgo ni costes y elegir la forma personal. Pero cuando se ha comprobado la viabilidad, convertirse en S.L. es la mejor forma de hacer frente a la posible expansión de negocio y tiene consecuencias positivas por ejemplo a la hora de pagar impuestos (a partir de cierto volumen, el tipo impositivo es menor en el impuesto de sociedades que en el IRPF).

Eso sí, hay que tener en cuenta que también hay otras formas societarias que puede que se adapten a nuestra idea de negocio, aunque es necesario consultar sus requisitos porque no están pensadas para todos los casos. En cualquier caso, tenemos las figuras del Emprendedor de Responsabilidad Limitada (que evita parcialmente que el autónomo tenga que responder con todo su patrimonio) o la Sociedad de Responsabilidad Limitada de Formación Sucesiva, una nueva figura cuyas características podéis ver en el siguiente vídeo:

 

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Sobre el autor de este artículo

Óscar Condés

Periodista todoterreno especializado en tecnología y con una amplia experiencia en medios de comunicación. Fotógrafo, realizador, bloguero, viajero y apasionado por la tecnología desde la era analógica. Asistiendo en primera línea de trinchera a los cambios de la revolución digital.

  • Cabet

    Pero si constituyo una SL ésta pagaría el Impuesto sobre Sociedades, y si luego me llevo los beneficios a mi cuenta personal entonces volvería a pagar impuestos, ahora por IRPF, ¿no?. De ser así parece que una SL es mucho peor fiscalmente. ¿O estoy equivocado?.