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Los escándalos medioambientales no pasan factura a los CEO

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Escrito por Marcos Merino

El ‘caso Volkswagen’ puede ser visto como una excepción: dañar el medioambiente rara vez hace perder su puesto a un director general.

Hace 6 meses salió a la luz un millonario fraude masivo de la compañía automovilística alemana Volkswagen: se descubrió que llevaban tiempo falseando las pruebas de emisiones contaminantes de sus modelos diésel. El escándalo que se desató a continuación forzó al CEO global de la compañía, Martin Winterkorn, a asumir la responsabilidad y dimitir de su cargo, facilitando así el “nuevo comienzo” que en su opinión necesitaba la marca. Michael Horn, CEO de la compañía en Estados Unidos desde 2014, decidió hace 3 días seguir los pasos de Winterkorn.

Dimitir es de verdes

Por desgracia, lo ocurrido con la automovilística germana (que un CEO pierda su cargo a raíz de un escándalo medioambiental) es una absoluta rareza, incluso más que en el caso de los CEOs acusados de fraude financiero. O al menos eso es lo que indica un estudio elaborado por investigadores de la universidad australiana de Adelaida, que descubrió que los líderes de las compañías implicadas en demandas medioambientales tendían a sufrir un daño limitado (incluso nulo) en su reputación.

“Al margen de las sanciones legales impuestas por los tribunales y los reguladores, no hemos observado repercusiones reputacionales para los CEO tras verse inmersos en demandas medioambientales“, afirma Chelsea Liu, una de los investigadores que han examinado casi 10.000 demandas interpuestas ante los tribunales estadounidenses entre 2000 y 2007.

Liu señala una posible explicación a la diferencia entre la continuidad en el cargo de los CEO acusados por razones ambientales y aquellos implicados en escándalos contra el medioambiente: sólo en el primer caso la condición de víctimas solía recaer en los propios accionistas de la compañía.

La obsolescencia… de los datos del estudio

Pero el equipo de investigadores ha empezado a recibir críticas por presentar un estudio obsoleto: “las cosas han cambiado mucho desde 2007”, afirman sus críticos. Ciertamente, esta clase de escándalos es vista como algo cada vez más inconveniente por las grandes compañías y más inaceptable por los consumidores. Liu y sus compañeros se defienden afirmando que el estudio comenzó en 2010, y que entonces decidieron no incluir los datos de 2008 y 2009 para que los efectos de la crisis financiera no sesgaran los resultados.

Vía | The Guardian

Imagen | Wikipedia

Sobre el autor de este artículo

Marcos Merino

Marcos Merino es redactor freelance y consultor de marketing 2.0. Autodidacta, con experiencia en medios (prensa escrita y radio), y responsable de comunicación online en organizaciones sin ánimo de lucro.