Empresa

Los cuatro tipos de empresas que existen, según la clasificación de Harrison

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Roger Harrison estableció una sencilla forma de organizar y categorizar cualquier empresa en función de la orientación de los objetivos finales que se tratan de alcanzar.

¿Comparten la misma filosofía existencial Facebook, Microsoft, Apple o IBM? Es obvio que no: todas ellas difieren en su aproximación a la innovación estratégica, en su modelo de negocio (venta de hardware, servicios o licenciamiento) e incluso en la forma de gestionar los flujos de trabajo.

Todo ello responde a varias y muy diversas maneras de pensar y clasificar las corporaciones en función de la orientación o los fines que persigan. Unas quieren ganar dinero contante y sonante, otras buscan cambiar el mundo que nos rodea, otras únicamente innovan por puro lucro tecnológico…

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En ese sentido, Roger Harrison estableció una sencilla forma de organizar y categorizar cualquier empresa en función de la orientación de los objetivos finales que se tratan de alcanzar. En total, hablamos de cuatro tipos de compañías distintas que son las siguientes:

Orientada al poder

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La tipología de organización más habitual es aquella orientada al poder. Desde la escuela de negocios CEREM Business School definen esta clase de compañías como aquellas “en las que el poder se ostenta por un grupo muy reducido de personas, no existiendo la posibilidad de decidir desde otros ámbitos”.

Este modelo, el dominante a lo largo de la historia y todavía muy común (incluso en sector de amplia base innovadora) tiene algunas ventajas claras. Por ejemplo, las empresas orientadas al poder suelen adoptar actitudes coherentes, al proceder todas ellas de las mismas personas, en lo que podría definirse como una línea de acción o actuación. Además, esta estructura es muy rápida y económica, en comparación con otras alternativas.

Sin embargo, estas compañías presentan importantes limitaciones. “En el caso de sectores de actividad que implique ámbitos de actuación de naturaleza muy diversa, es difícil que un grupo muy reducido de personas pueda cubrir todo el espectro de conocimiento necesario para adoptar las mejores decisiones“, explican los expertos. Además, hemos de añadir que pueden cometerse mayor cantidad de errores al no adoptarse soluciones consensuadas, sino proceder las mismas de un grupo muy limitado de personas. Por último, este modelo minimiza las opciones de expansión económica y provoca pérdidas de oportunidades de negocio.

Orientada al rol

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El segundo modelo a tener en cuenta son las empresas orientadas al rol . “En este caso, la prioridad de la organización es la búsqueda del equilibrio, a través del establecimiento de métodos y procedimientos“, añaden los gurús de los negocios. Por ello, los modos operacionales en los distintos niveles de la organización responden a la sucesión cronológica de diferentes regulaciones normativas que se van sucediendo.

Su principal ventaja es que se tiene un control riguroso sobre el conjunto de actividades llevadas a cabo en la organización, evitándose improvisaciones que en ocasiones pueden conllevar malas consecuencias. Pero, por el contrario, se trata de un sistema de trabajo muy rígido y lento, que en ocasiones puede impedir la adecuada adaptación a las cambiantes condiciones del mercado. Además, es una alternativa cara, debido a las cargas burocráticas necesarias para el mantenimiento, actualización y control de la documentación.

Orientada a las tareas

La tercera forma de empresa en discordia según Harrison es aquella orientada a las tareas. “La prioridad de la organización es la optimización de recursos y la eficacia de la gestión, por encima de cualquier otro elemento, para así poder garantizar que se obtienen los resultados previstos“, indican desde CEREM Business School. Esta sería, quizás, la mejor representación de las metodologías ágiles y las fórmulas de vanguardia que se han ido implantando en las últimas décadas dentro de muchas entidades.

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No en vano, se trata de una forma de gestión de alta eficacia, por lo que puede resultar oportuna en momentos en los que la gestión empresarial se base en la competitividad y en la flexibilidad. Pero hay que gestionar un importante inconveniente: desatiende el factor humano, por lo que puede someter a los trabajadores a unas condiciones de estrés excesivo, con las consecuencias que puede llegar a tener.

Orientada a las personas

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Precisamente en respuesta a ese problema surge la cuarta, última y más disruptiva fórmula corporativa: la empresa  orientada a las personas. “La prioridad es proporcionar a sus trabajadores un marco adecuado para el desarrollo de sus actividades que les permita, a través de la motivación, autorrealizarse y ser felices, al entender que será de esta forma cuando se alcanzarán los mejores resultados empresariales”.

Más allá de la filosofía y del ‘buenrrollismo’, esta clase de organizaciones lleva a cabo toda clase de iniciativas para que la cultura organizacional incluya la formación continua del personal y su correcta motivación.

Sobre el autor de este artículo

Alberto Iglesias Fraga

Periodista especializado en tecnología e innovación que ha dejado su impronta en medios como TICbeat, La Razón, El Mundo, ComputerWorld, CIO España, Business Insider, Kelisto, Todrone, Movilonia, iPhonizate o el blog Think Big, entre otros. También ha sido consultor de comunicación en Indie PR. Ganador del XVI Premio Accenture de Periodismo, ganador del Premio Día de Internet 2018 a mejor marca personal en RRSS y finalista en los European Digital Mindset Awards 2016, 2017 y 2018.